¿Quién decimos que es?
El poder de la música - 16 de marzo
“De mañana sácianos de tu misericordia, y cantaremos y nos alegraremos todos nuestros días” (Sal. 90:14).
En el libro La música , de Elena de White, encontramos preciosas verdades acerca de la importancia del canto en nuestra vida; de todos los beneficios que brinda no solo física y emocionalmente, sino también espiritualmente.
Allí se nos mencionan algunos usos que Jesús le daba al canto, y podemos aprender algunas cosas de su niñez que quizá no sean tan conocidas.
En primer lugar, se nos dice que Jesús fue tentado a pecar cuando era niño, pero “los cantos que su madre le había enseñado a entonar acudían a su mente, y él elevaba su voz en alabanza”. Además, su canto era contagioso, y sus compañeros comenzaban a cantar con él (p. 12).
La poderosa asociación que existe entre la memoria y la música es una herramienta valiosísima a nuestro favor, para traer una y otra vez a nuestra mente pasajes bíblicos que de otra forma serían más difíciles de recordar. Aún estamos a tiempo de grabar mensajes espirituales en el “disco duro” de nuestro cerebro. Podremos reproducirlos cuantas veces queramos después.
En segundo lugar, se nos dice que Jesús le daba la bienvenida al día con su canto. Cantar formaba parte de su culto personal. De esa forma, él “llevaba la alegría del Cielo a los rendidos por el trabajo y a los descorazonados” (p. 12).
Para un par de materias, los alumnos de la Universidad Adventista del Plata tenían que cumplir con el requisito de levantarse temprano, salir a hacer ejercicio y cantar. Era común escucharlos en la plaza a la mañana, y el Dr. Pedro Tabuenca, propulsor de esa actividad, acostumbraba recetarles a sus pacientes una dosis de canto también, algo que reportaba mejorías en el ánimo y la salud de ellos.
¡Es un remedio gratuito que podemos probar hoy!
En tercer lugar, se nos dice que Jesús usaba el canto como forma de expresar su alegría. “A menudo los moradores de Nazaret oían su voz que se elevaba en alabanza y agradecimiento a Dios” ( ibíd .). ¿Qué registro de voz habrá tenido? No lo sabemos. Pero ¡qué hermoso debió ser escucharlo cantar alegremente!
Cada vez que cantamos mensajes positivos, anulamos la posibilidad de emitir un mensaje negativo.
Hoy podemos imitar a Jesús en este aspecto también y cantar con alegría al comenzar un nuevo día.
Historias de hoy - 17 de marzo
Una turbulencia, dos Biblias
“Jehová el Señor es mi fortaleza, el cual hace mis pies como de ciervas, y en mis alturas me hace andar” (Hab. 3:19).
–¿Cómo te llamas? –pregunté mientras me inclinaba hacia delante para llamar su atención.
–Lautaro, ¿y tú?
El ruido hacía que la comunicación no fuera tan sencilla, aunque estábamos a solo unos metros de distancia. Le respondí y, aunque ya sabía la respuesta, pregunté:
–Eso que estás leyendo ¿es una Biblia?
–Sí. Tú también, ¿no? –dijo, mientras señalaba la especie de mesita sobre la que tenía apoyada mi Biblia.
–Sí. ¿Qué parte estás leyendo?
–Las genealo... ¿cómo es que se dice? Acá en Génesis... Me la regalaron ahora y estoy comenzando a leerla desde el principio. Me encanta. ¿Y tú?
–La historia de cuando Jesús calma la tempestad. Me pareció oportuna –dije con un guiño cómplice.
Es que estábamos a miles de metros de altura, en medio de la tormenta más grande que viví en avión. Los dos estábamos sentados en la última fila, con cuatro asientos vacíos y un pasillo de distancia.
Entre turbulencia y turbulencia, saltábamos de nuestros asientos y nuestras cabezas se golpeaban contra la ventana.
Lo felicité por estar leyendo la Biblia a su edad tan joven, en esas extrañas circunstancias, y aunque alrededor reinaba el caos, los dos continuamos ensimismados en la lectura y envueltos en la paz que nos daba sabernos en las manos de Dios.
En ese momento, recordé el relato del niño que viajaba solo y permanecía tranquilo en medio de una gran tormenta. A su alrededor la gente estaba preocupada, pero la azafata, al verlo tranquilo, le preguntó por qué no temía, y él le contestó: “No tengo miedo porque mi papá es el capitán. Confío en que nada malo nos pasará”.
Esa misma seguridad sentí esa madrugada al volar, y el texto bíblico de hoy cobró otro significado.
Puede ser que hoy no te encuentres en un vuelo a miles de metros de altura, pero puedes abrir tu Biblia en medio de una tremenda batalla espiritual que se está librando, en medio del caos y del ruido. Lo único que te permitirá descansar confiado y hacerles frente a las turbulencias que se presenten hoy es saber que Jesús es el capitán de tu vida. Aunque nuestros pies estén apoyados en el piso todo el día, él puede hacernos andar en las alturas. Confiemos en él. Es nuestra fortaleza.
Valores - 18 de marzo
“Digo, pues, por la gracia que me es dada, a cada cual que está entre vosotros, que no tenga más alto concepto de sí que el que debe tener, sino que piense de sí con cordura, conforme a la medida de fe que Dios repartió a cada uno” (Rom. 12:3).
“¡Torpe, torpe!”, se dijo a sí misma con furia. Se le había caído un plato de sopa al piso, pero ese error cotidiano le hacía desatar una tormenta de autorreprensiones. La visión que tenía de su persona era negativa, y condicionaba el resto de sus pensamientos. Tenía muchísimas virtudes intactas a pesar de sus numerosas décadas de vida, pero solía escucharla decir las cosas más feas sobre sí misma.
Dios nos dice que nos puso nombre, que somos suyos (Isa. 43:1), que somos su especial tesoro (Éxo. 19:5), entre un montón de cosas más; y a veces nos lanzamos los peores insultos.
¡Cuánto lo deshonramos o menospreciamos de esta forma!
Incluso, en nuestra concepción religiosa, por hacer énfasis en que no somos nada, a veces corremos el peligro de olvidar que para él somos lo más valioso de la Creación.
A veces nos limitamos a los patrones de este mundo y olvidamos tener en cuenta cuál es la imagen que él tiene de nosotros y el plan que trazó desde el comienzo para nuestra vida. Si hiciéramos más lo que él nos dice y creyéramos más en lo que él opina, nos pareceríamos más a eso de lo que tanto habla.
Algunos eligen repetirse frases positivas a la mañana al mirarse al espejo. Si bien puede ser efectivo, quizá no sea un método con el que todos se sientan cómodos, y además puede ser peligroso para los más vanidosos.
Pero, sobre todo, podemos probar repetir en nuestra mente aquellos versículos que nos hablan del valor que tenemos a la vista de Dios. Nos darán una visión equilibrada del lugar que ocupamos en el Universo y, en sus manos, podremos ser partícipes del cumplimiento de sus promesas.
Aunque el texto de hoy habla acerca del concepto elevado que muchos suelen tener de sí mismos, el consejo es igual de aplicable para aquellos que suelen tener un concepto disminuido.
Pablo nos aconseja pensar con cordura. Cuidemos el impacto de nuestro discurso porque, al final, como dice el texto, esa cordura está íntimamente relacionada con la medida de fe que demostramos tener.
Encuentros con Jesús - 19 de marzo
Los embajadores de la bienvenida
“Y volvieron los pastores glorificando y alabando a Dios por todas las cosas que habían oído y visto, como se les había dicho” (Luc. 2:20).
Son muchas las lecciones que podemos sacar de los primeros encuentros con Jesús, aunque no hayan consistido en charlas profundas.
Las primeras personas que vieron a Jesús, después de María y José, fueron los pastores.
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