A continuación se analizará el fuerte crecimiento que tuvieron los tres factores como resultado de la revolución industrial, prestando especial atención a la PTF o cambio tecnológico.
2.1.1 Mano de obra
A pesar de las nuevas fuentes de energía y maquinarias mecanizadas, la producción seguía siendo intensiva en mano de obra, las fábricas necesitaban cada vez más manos –porque los obreros eran considerados herramientas, más que personas– para producir.
Las mejoras en la producción agrícola hicieron menos mano de obra necesaria en el campo, y las fábricas en las ciudades, que necesitaban obreros, fueron el lugar lógico donde ir a buscar trabajo. Hubo enormes migraciones del campo a la ciudad, lo que derivó en pésimas condiciones de vida e higiene en estas, y pésimas condiciones laborales también; la gran oferta de mano de obra hacía que su costo fuese ínfimo, los empresarios podían pagar tan poco como quisieran y no había ninguna preocupación por las condiciones laborales; hombres, mujeres y niños –en 1818 aproximadamente la mitad de los trabajadores en fábricas de algodón había empezado a trabajar antes de los diez años (Galbi, 1997)– trabajaban hasta 14 horas diarias, en fábricas sucias, oscuras y peligrosas. Esto último derivó en la aparición de los sindicatos y las primeras regulaciones laborales, y al desarrollarse la Sociedad Industrial esto fue mejorando considerablemente, especialmente en los países más avanzados.
Pero más allá de los cuestionamientos éticos a las condiciones de trabajo, el hecho es que el aumento de población de las ciudades, causada por antiguos trabajadores agrícolas atraídos a las fábricas para conseguir trabajo, fue un factor que contribuyó al crecimiento; sin la disponibilidad de gente dispuesta a trabajar que tenían los empresarios el crecimiento no hubiera ocurrido a las velocidades que ocurrió.
Y no sólo eso, sino que la nueva división del trabajo es una de las características de la cultura industrial, diametralmente distinta a lo que ocurría en la anterior sociedad agrícola (Castells, 2000). La nueva división técnica del trabajo fue el resultado de la creciente especialización necesaria para operar las nuevas tecnologías y dirigir las cada vez más grandes y complejas organizaciones.
2.1.2 Capital y sistema financiero
A pesar de que el feudalismo empezó a declinar varios siglos antes de la Revolución Industrial, hasta ese momento la tierra seguía siendo la principal fuente de riqueza, pero la hegemonía de los terratenientes empezó a ser desafiada por los que invertían en maquinaria y fábricas.
Las grandes fábricas que empezaron a surgir requerían inmensas inversiones, pero los que se arriesgaban y tenían éxito acumulaban capital de una manera nunca antes vista, gracias a los nuevos niveles de producción y crecimiento existentes. Esta acumulación de capital les permitía invertir más, dándose las condiciones para que empezaran a crearse grandes imperios industriales y financieros.
Las compañías necesitaban dos tipos de capital, a largo plazo, para sus inversiones, y a corto plazo, para pagar a sus empleados, comprar materia prima, etc. El capital de largo plazo lo obtenían generalmente hipotecando maquinarias y propiedades, pero los fondos a corto plazo comenzaron a ser un problema (Montagna, 1981). Para el pago a proveedores empezó a extenderse crédito, y se les pagaba a los proveedores hasta 12 meses después de que se vendía un producto. Los productores empezaron a crear sus propios bancos, donde aprovechaban los ingresos de sus fábricas, y al mismo tiempo podían de ahí obtener dinero para pagar a sus empleados. Después de algunas crisis y muchos bancos que quebraron, logró establecerse un sistema financiero capaz de responder a los requerimientos del nuevo sector industrial (Montagna, 1981), sistema que ha seguido evolucionando hasta convertirse en la “columna vertebral” de la actual globalización (Castells, 2000).
2.1.3 Tecnología
Antes que todo, es necesario definir de manera precisa qué se entenderá por tecnología a lo largo de este trabajo. Se puede definir tecnología como “un cuerpo de conocimiento basado o compatible con la ciencia contemporánea, que utiliza el método científico y cuya finalidad es la creación, control, o transformación de artefactos, procesos o entidades naturales, artificiales, o conceptuales para la satisfacción de necesidades humanas”5.
La Revolución Industrial se asocia inmediatamente con nuevas tecnologías, que transformaron los talleres en grandes y más productivas fábricas, las más características y mencionadas son la mejorada máquina a vapor y la Spinning Jenny, un torno de hilar de múltiples hilos que fue la causante directa de la revolución en la manufactura textil, una de las primeras industrias en “revolucionarse”.
Los cambios tecnológicos no fueron sólo en unas pocas industrias, poco a poco fueron entrando en todas. En palabras de Peter Drucker, “Aunque los tejidos eran los productos más visibles en esos primeros años, la Revolución Industrial mecanizó la producción de prácticamente todos los productos más importantes, como el papel, vidrio, piel y ladrillos. Este impacto no sólo se redujo a los bienes de consumo. La producción de hierro y sus derivados, por ejemplo el cable, se mecanizó de un modo tan rápido como antes lo había hecho el textil, con los mismos efectos en costo, precio y producción” (Drucker, 1999).
La Segunda Revolución Industrial trajo tecnologías como el teléfono6, el motor de combustión interna y el eléctrico, y una serie de innovaciones en la industria química debido a la creación de laboratorios de I+D. El cine y el fonógrafo hicieron que se masificara incluso la industria del entretenimiento, algo hasta el momento inimaginable (Benkler, 2006).
La tecnología, como conocimiento usado para satisfacer necesidades humanas, siempre ha sido un factor fundamental del desarrollo, lo particular que ocurrió durante la revolución industrial fue la aparición de algunas de las denominadas “tecnologías de propósito general”, como la máquina a vapor y la electricidad, y el nacimiento de los laboratorios de I+D, que formalizaron y sistematizaron la investigación tecnológica dentro de las empresas.
Una “tecnología de propósito general”, se caracteriza por tener rangos de uso extremadamente amplios, tecnologías que van derivando de ellas, y eventualmente un importante efecto en la productividad (Crafts, 2004). La electricidad, por ejemplo, sirvió al comienzo a través del motor eléctrico, que permitía mejorar la productividad en muchas tareas. Luego los motores eléctricos salieron de las fábricas para llegar a las casas dentro de electrodomésticos, la electrónica surgió como otra disciplina independiente a la electricidad y se manifiesta en radios, televisores, teléfonos, aviones, juguetes, computadores, etc.
Hay consenso con respecto al efecto que tienen, o debieran tener, las mejoras tecnológicas en la productividad; la Spinning Jenny, por ejemplo, permitió que un operario con una máquina produjera lo que antes necesitaba una serie de obreros, los nuevos altos hornos permitían producir más acero más eficientemente, y así ocurría en una industria tras otra, desplazando los límites dados por los niveles de capital y mano de obra mediante aumentos en la productividad de los factores.
Un factor importante relacionado con las nuevas tecnologías, que merece mención especial, son las fuentes de energía.
2.1.3.1 Fuentes de energía
Aunque hay dudas sobre cuáles fueron o no las principales causas de la Revolución Industrial –entre las que están las nuevas fuentes de energía– no hay duda de que estas fueron determinantes para el crecimiento económico que se ha dado desde la Revolución Industrial. Freeman (en Dosi et al, 1988) incluso plantea que la base del paradigma técnico-económico industrial eran los inputs de energía baratos.
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