—Mira. Mírate en el espejo, Julia. —En el espejo se ve perfectamente cómo la polla de Tono entra y sale de un coño totalmente mojado, lubricado. Tanta es la energía que pone Tono y los movimientos del culo de Julia que a veces se le sale, pero con mucho tino la vuelve a penetrar—. ¡Sííí! Mueve ese culo. No dejes de moverte así, que estoy a punto —dice Tono mientras se miran en el espejo, dando un morbo añadido a la situación.
—¡Así, Tono! Sigue, que yo también voy a correrme.
—Ummm… ¡Vamos! Muévete, que me corro —grita Tono mientras Julia, con movimientos salvajes, también empieza a gritar.
—¡Sí…! Yo también me corro… Ummm… Ufff… ¡Dios…!
Así, gritando al mismo tiempo, los dos llegan al orgasmo. Exhaustos, cansados, sudorosos, chorreantes y con la respiración más que agitada, llenando sus pulmones de aire y recuperando el aliento, se quedan tumbados, abrazados y los dos tienen la necesidad de cerrar los ojos para no olvidar el momento que acaban de pasar. Sin abrir los ojos, dice Julia:
—Prométeme que el próximo, a tres. Con tu mujer. Me apetece mucho conocerla y… comerle el coño.
—Por supuesto. Eso está hecho, pero… hasta que no venga mi mujer de viaje… ¿no podremos tener otra siesta de estas?
—Mmm… Me lo pensaré. Que sepas que no sé por qué he dejado que me folles sin condón. Siempre, siempre que estoy con alguien o condón o nada. Pero no sé por qué contigo es distinto.
—Pues fíjate que a mí me pasa lo mismo. Cierto es que no esperaba esto cuando he salido de casa para comprar, pero al empezar supuse que tú tendrías. Porque siempre uso preservativo. Y contigo… no sé.
Perdidos en el tiempo y sin darse cuenta de la hora que es, se quedan dormidos, el uno abrazado al otro. Tono boca arriba y con un brazo en la nuca de Julia. Julia con la cabeza apoyada en el hombro, una mano sobre el pecho de Tono y la pierna subida en su cintura.
De repente Tono abre los ojos y… ¡Hostias! Al mirar su reloj de pulsera se da cuenta de la hora que es. No quiere despertar a Julia, pero es que son las 3:45 de la madrugada, así que se levanta despacio, intentando hacer el menor movimiento de cama y no hacer ruido. Julia está totalmente dormida. Busca la ropa para vestirse, pero no encuentra los calzoncillos. «¡Joder! En las películas siempre es la mujer la que se deja las bragas en casa del chico. Vaya, hombre. Y tengo que ser yo el que no encuentre sus gayumbos…», piensa Tono.
Al no encontrarlos se viste sin ellos. Se pone el pantalón, la camisa y busca un boli o similar y un papel para dejarle una nota a Julia, pero no encuentra más que un lápiz y escribe en una servilleta de cocina:
«Julia, no he querido despertarte, pero tenía que irme a casa. Mañana haré lo posible por contactar contigo, ya que no nos hemos dado los números de teléfono. Ha sido una velada espectacular. Muchos besos donde más te gusten.
P. D.: No he encontrado mis calzoncillos».
Tono deja la nota pegada en la nevera con un imán y, con mucho cuidado, sale del piso y cierra la puerta.
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