Casi sin poder, abre la puerta del apartamento mientras Tono coge las bolsas de la compra. Entran. Siguen callados. Aún no han dicho ni palabra; solo están con ansias, con deseo, con excitación. Julia coge de la mano a Tono y lo lleva al sofá.
—¿Y la comida? —pregunta Tono.
—Ahora tengo otro tipo de hambre —le contesta Julia.
Julia se sienta en el sofá, que Tono conocía desde su ventana, y lo insta a que se siente junto a ella dando unos golpecitos con la palma de la mano en el asiento. Tono no tarda nada en sentarse y tampoco en seguir besándola y acariciándola. Las manos de Tono no paran. Recorren el cuerpo de Julia con desenfreno. Pasan de un pecho al otro y del otro al primero. Julia, a su vez, intenta desabrocharle los botones de la camisa, pero con la excitación le está siendo complicado.
«¡A mamarla!», piensa Julia mientras le abre la camisa con fuerza, reventándole los botones. Ya con el pecho descubierto, Julia lo besa. El pecho de Tono, totalmente depilado, hace que los besos de Julia sean más cómodos, sin que le molesten los pelillos de los pezones. Los muerde y los besa y a Tono se le escapa un gemido.
—Ummm. ¡Joder, Julia! No sabes cuánto he esperado este momento.
—¡Calla, coño! Y sigue —le ordena Julia a la vez que se tumba en el sofá y arrastra a Tono hacia ella con las piernas abiertas y arqueando la cintura para notar el bulto de Tono.
La boca de Tono va recorriendo el cuerpo de Julia mientras le quita la blusa y los pechos salen a la luz. Con la otra mano le aparta el lateral del tanga. Así, directamente. Los dedos alcanzan los labios de su coño. No está húmedo, está chorreando. Los dedos entran con facilidad y los gemidos de Julia empiezan a oírse con fuerza.
—Sííí. ¡Cabrón! Ponme cachonda. Ponme perra y quítate los pantalones ya, que la quiero sentir.
Tono se quitas los pantalones y los calzoncillos a la vez. Está nervioso, ansioso, excitado, caliente…
Ya desnudo, le quita el tanga a Julia y le mira el coño.
—Ufff. ¡Coño, qué coño!
Sin más se agacha sobre él, le abre las piernas y se sumerge entre ellas, besando y lamiendo su coño, dándose cuenta de que los flujos que salen de él son abundantes. Pasea su lengua por el clítoris una y otra vez mientras un dedo se introduce dentro de su vulva y la otra mano pellizca unos pezones muy duros.
—Ummm… Sííí… Bufff… Cómo lo comes, cabrón —suspira Julia mientras se arquea, cosa que dificulta la buena labor que está haciendo Tono—. Eso es, Tono. Pellízcame los pezones hasta casi hacerme daño. Bufff. ¡Joder! Sigue, sigue. Por favor, no pares. —Los dedos de Tono cada vez van más rápidos, entrando y saliendo del coño de Julia. Julia sigue gimiendo, retorciéndose en el sofá—. ¡Joder! —gime y grita Julia—. Sííí. Sigue, no pares, que me voy a correr. Vamos, sigue, por Dios… Sí, sí, sí, ¡sííí! Ahhh, me corro… Ummm. Dios mío, qué bueno. Qué comida de coño me acabas de hacer… Ufff… Déjame respirar. Pero esto no ha terminado. Lo sabes, ¿no?
Julia respira y Tono, con su boca llena de los líquidos que ha expulsado Julia, se relame y saborea tan rico manjar. Tono no sabe qué decir y Julia se levanta a por un poco de agua fresca de la nevera.
—¿Quieres agua? —le pregunta Julia.
—Sí, por favor. Hace calor.
Julia le da un vaso de agua y aprovecha que se ha levantado para coger el mando del aire acondicionado. Lo pone en marcha.
—Mejor con el aire, ¿no? —dice Julia.
—Sí, claro.
Tono está absorto. No le salen las palabras. «Se las habrá tragado el coño de Julia», piensa.
—¿Te parece bien que hagamos la comida? —pregunta Julia.
—Perfecto. Si no te importa, ¿me puedo duchar?
—Sí, dúchate. Segunda puerta a la derecha. Ahí tienes gel y champú. La toalla ahora te la llevo.
Tono, con la mente en blanco, se dirige hacia el baño. Un baño pequeño, pero con todo lo necesario. Lo más sorprendente es que no tiene una ducha al uso. Tiene una ducha de hidromasaje.
Tono se queda mirando y ve muchos botones y muchos mandos para el agua, agujeros y una ducha de mano. Como no quiere preguntar, se fija en que hay mandos de color rojo y otros azules, por lo que deduce que rojo caliente, azul frío. El primero que abre con el calor que hace es el del agua fría, sin saber muy bien por dónde va a salir el agua. De repente sale un chorro que le pega directamente en los huevos.
—¡Dios! ¡Qué fría está! —grita Tono sin darse cuenta de que Julia está en la puerta con una toalla en la mano. Julia no puede aguantarlo y le entra una risa a carcajadas.
—Ja, ja, ja… Perdona, Tono. Es que no he podido aguantarme. Te traía la toalla y me he quedado mirando cómo averiguabas cuál de todos era. Mira, el de arriba es para el agua que sale directamente del techo, los cuatro juntos son para los que salen por el lateral. Vamos, el que te ha sorprendido. Ja, ja ja —vuelve a reírse—. Y el de la derecha del todo es para el de la ducha teléfono. El panel es para ponerte la radio si quieres —le explica Julia
—Gracias, Julia. No, no me hace falta música. Ya la tengo en mi cabeza con lo que acaba de pasar.
—Bueno, voy a hacer la comida, que creo que ya es hora —comenta Julia.
Tono, ya sabiendo cuál ha de abrir, gira el pomo azul para que tenga algo de presión y un poco el rojo para matar el helor. En su cabeza están pasando mil cosas, pensando en lo ocurrido.
«¡Bufff! ¿De verdad me está pasando esto? Es que no me puedo quitar de la cabeza esta situación. Nunca pensé que estaría en su casa y menos que le habría comido el coño hasta que se corriera. Y parece que lo ha pasado bien. ¿Qué hago ahora? ¿Seguro que quiere follar conmigo? ¡Bufff! Qué lío. Bueno, démonos la ducha y veremos qué pasa», piensa Tono.
Cuando termina, agarra la toalla que le ha dejado Julia, de color azul y muy grande. Se seca el cuerpo y la cabeza (siempre se seca la cabeza para no pillar constipados), la extiende para ponérsela en la cintura y ve un dibujo en ella. «¡Anda! Es de la Expo de Zaragoza», piensa Tono, y a la que se fija bien ve en la parte superior un logo. Es un arcoíris y abajo pone: «Amanecer». «¡Hostias! Esta toalla es de un local liberal», piensa Tono al reconocer el logo. «¡Vaya, vaya! Esta mujer cada vez me sorprende más».
Sale del baño y al llegar al salón ve a Julia frente a los fogones, moviendo las verduras en una sartén. Julia solo lleva un delantal, nada más. Esa imagen se le queda en la retina a Tono y, sin darse cuenta, la toalla se mueve hacia delante. Se está empalmando mirando ese culo tan perfecto. Un culo redondo, moreno, sin marcas de ningún tipo de biquini o tanga. «Se nota que toma el sol desnuda», piensa Tono.
Julia se gira de repente, como asustada.
—¡Ufff…! Me has asustado. No me había dado cuenta de que ya te habías duchado —le dice Julia.
—Perdona, no era mi intención. Es que me he quedado perplejo al ver ese cuerpo así. ¡Bufff! No sé, estás muy buena, Julia —le responde Tono mientras se acerca hacia ella. Se acerca más aún, la coge de la cintura desnuda y le arrima su pene erecto al culo a la vez que le da un beso en el cuello y sus manos acarician los pechos.
—Para, Tono, por favor. No sabes cómo me ponen esos besos y ahora no es momento. En una de esas me puedo quemar y…, como verás, el delantal no tapa mucho —le advierte Julia con una sonrisa picarona.
—Sí, tienes razón. Disculpa.
—¿Te vas a disculpar cada vez que hagas algo?
—Ummm…
Cuando Tono iba a decir «disculpa» de nuevo, sonríe y dice:
—No, no me voy a disculpar de lo que me gusta hacer. Voy preparando la mesa para comer. ¿Dónde tienes platos, vasos, cubiertos, etcétera? —pregunta Tono.
Читать дальше