Luis Alfonso Beltrán Grau - Íntimamente, Julia

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Íntimamente, Julia: краткое содержание, описание и аннотация

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Íntimamente, Julia narra la historia de una mujer joven, trabajadora y competitiva, que lucha por hacerse un hueco entre los directivos de su empresa.Julia es una persona amorosamente solitaria, hasta que conoce a Tono , un hombre casado que vive en la filosofía liberal junto a su mujer, Nati . Ambos forman un matrimonio liberal, un mundo no tan desconocido para Julia, pero que no forma parte de su vida y con ellos comienza una aventura amorosa a tres, abriéndole las puertas de una dimensión paralela donde conoce nuevas amistades y un nuevo mundo lleno de morbo y sexo.A Julia le gusta vivir sola, sin que nadie la controle, pero no deja de ser una mujer que necesita amor, y lo encuentra donde menos lo imagina; sin embargo, necesita encontrar el motivo real para que su vida sea tan completa como quiere, pero eso no va a resultar fácil para ninguno.

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Embestía con fuerza y retenía mi falo cuan más profundamente podía en sus adentros. Eso le encantaba y cruzaba sus piernas como ayudándome a penetrarla aún más, como si quisiera verse atravesada por mi polla, cada vez más erecta y dura. Quiso cambiar de posición y me puse boca arriba para que cabalgara sobre mi pelvis a su antojo. Comenzó a mover sus caderas, dando unas sacudidas frenéticas mientras se recorría el cuerpo con sus manos. Estaba muy excitada y yo lo estaba de verla a ella. Nunca la había visto así, como poseída, buscando un intenso orgasmo que no tardó en llegar. Gritó con fuerza, liberando una explosión de lujuria desatada que atrajo los ojos de otros participantes en aquella sala. Se colocó a cuatro patas y me pidió que la penetrara y embistiera con todas mis fuerzas. Clavé mi miembro en su chorreante coño mientras ella parecía fuera de sí por el morbo. Una chica se limitaba a mirar y acariciar los pechos de Nuria, que bailaban en el aire movidos por las sacudidas de nuestros cuerpos. La chica no hacía nada, solo mirar y amasar en los danzantes senos de Nuria. Su impasibilidad me excitaba aún más. Penetraba a Nuria con más fuerza si cabe.

Balbució algo ininteligible mientras la follaba e intenté acercar mi rostro para oírla mejor. No fue necesario, pues empezó a exclamar a voz en grito: «Dame por detrás, quiero que me folles el culo». Así lo hice, excitado por su ansia de ser sodomizada, ensanchando su ano con cada salvaje entrada de mi miembro. Tanto es así que me corrí abundantemente en su culo mientras ella hacía lo propio, tan enajenada por el propio orgasmo que casi no se pertenecía. Permanecimos unos minutos inmóviles, tumbados y exhaustos ante el aplauso de algunas personas que dejaron su faena para mirarnos. Les habíamos dado un buen show.

Fuimos a los aseos a lavarnos un poco y, cubiertos con las toallas, bajamos a la barra a tomar otra copa y fumar un pitillo. Había sido un polvazo en toda regla y queríamos descansar un poco. Sabíamos ambos que no tardaríamos en volver a por más. Andaríamos por la mitad de la copa cuando vi a un chico mirándonos fijamente desde la reja que había frente a la sala de fumadores. Llevé a Nuria hacia la reja y, antes de que se diera cuenta, le quité la toalla. Ella se quedó mirando al chico. Era de mediana estatura, delgado y con el pelo largo recogido en una cola de caballo. Se había desabrochado el pantalón y le ofrecía su enorme verga a través de los barrotes. Ella miraba hacia mí, como si me pidiera opinión, a lo que respondí tomándola por detrás y haciendo que se agachara y comenzara a chupar aquel inmenso miembro. Ella se entregó como acostumbraba a su menester mientras el chico sobaba su generoso pecho y pellizcaba sus pezones. Los jadeos del chico cobraban intensidad y ella se detuvo por un momento. «En la boca ni se te ocurra», le dijo de repente. «Pues déjame que te folle», le dijo el chico. Nuria me miró al tiempo que el chico también me miraba, como esperando permiso u opinión. «Si tiene condones, vale», le dije. Entre nosotros no lo usábamos, pero si entraban terceros o terceras se hacía indispensable. Al chico no debió de gustarle: se guardó el erecto miembro en el pantalón y volvió a la barra a pedir una copa.

Ella estaba cachondísima por la situación y se había quedado con ganas ante la espantada del chico, así que volvimos arriba, donde ya no había tanta gente y quedaban varias parejas. Había una en el centro. Él era maduro, alto, fuerte y bien dotado. Ella, rubia, algo más joven, esbelta y con pechos y nalgas pequeños y firmes. Me apetecía acercarme a ella, así que me coloqué estratégicamente al lado de su chico. Nuria empezó de nuevo a chupar mi polla, dejando su culo cerca de las manos del chico. Yo empecé a jugar de nuevo con sus orificios mientras guiñaba un ojo a nuestro vecino de cama, que empezó también a introducir sus dedos en ella. Nuria parecía disfrutar y se volvió hacia él, consciente de que yo lo había invitado, para empezar a chuparle a él también. Me acerqué lo suficiente para que Nuria tuviera las dos pollas a su alcance y miraba hacia la rubia, que se había quedado en ese momento sin nada que hacer. Le acaricié un brazo y vi que no rechazaba el gesto. Acaricié su cara y tampoco hizo ningún ademán. Puse mi pulgar en su boca y comenzó a recorrerlo con sus labios. Estaba siendo aceptado por ella y dejé a Nuria con nuestro nuevo amigo.

Ella estaba mimando el miembro del chico mientras yo saboreaba el sexo de la rubia. Estábamos a medio metro apenas; de vez en cuando alargábamos el brazo para tocar al lado, a Nuria y al chico. La rubia comenzó a chuparme la polla mientras Nuria lo cabalgaba y contorsionaba su cuerpo para auxiliar a mi nueva compañera y chuparme a mí también. El hombre bramaba de placer y Nuria desmontó de su cabalgadura, recogiendo su semen con sus pechos. Yo iba a penetrar a la rubia cuando ella, viendo que su compañero se marchaba, se levantó sin decir palabra y se fue. Pero Nuria ya estaba al quite y su boca me hizo olvidar pronto que acababa de tener el plantón más surrealista de mi vida.

Volvió a cabalgar sobre mí, conteniendo sus gemidos y amasando sus propios pechos. Yo estaba fuera de mí, con el calentón producido por la rubia aún reciente. «Aún puedo hacerlo mejor», dijo Nuria justo antes de levantarse y volver a sentarse sobre mí, introduciendo mi verga en su culo. Echó su cuerpo hacia detrás, buscando mayor profundidad, mientras sus pechos volvían a bambolearse al compás que marcaban nuestros cuerpos. Nuria, exhausta, bajó de nuevo y se tumbó en la cama, volviendo a mamar de mi sexo. Lo hacía con una salvaje suavidad, con un calmado frenesí. Lo hacía de una manera indescriptible, que sacó todo lo que tenía dentro. Mi semen empezó a salpicar su cara, su pelo y hasta su cuello mientras ella jugaba con cuanto manaba de mí. Después nos lavamos, terminamos la copa y nos fuimos.

Aún quedaba otro día más. Claro que volveríamos al Lliuresex, lo teníamos claro. Pero… eso ya lo contaré otro día.

John Sullivan

CAPÍTULO 1

En la soledad de Julia

El día está siendo largo y el trabajo, agotador… y encima hay curso de promotores de ventas.

En vez de salir a la hora de costumbre, hoy se quedará a comer en el trabajo para después ir a ese dichoso curso. Y es que la empresa donde trabaja Julia está muy metida en la formación de los trabajadores, lo que, aunque parece que sea beneficioso, también resulta cansino y no muy humano, ya que siempre los cursos son fuera del horario laboral. Pero el que algo quiere algo le cuesta, dice el refrán.

Julia, mujer liberal de cuerpo y mente, de 34 años, morena y a la que le gusta cuidarse. Muy de vez en cuando hace algo de ejercicio, pero lo abandona enseguida. Con los cambios de horarios no puede mantener una rutina de vida saludable. Sin embargo, sí mantiene una buena dieta alimentaria, la cual se nota en su estado físico. Amante de la naturaleza y el naturismo, le encanta ir a playas o calas nudistas. Ahí se puede desnudar sin complejos, sentirse como su madre la trajo al mundo y sentir el agua del mar en cada rincón de su piel sin la incomodidad de un biquini, bañador o similar.

Salió de los brazos de sus padres, bastante convencionales en lo que a la vida se refiere, ya que esa fue la educación que recibieron. Pero Julia no es así. Julia decidió romper con las normas establecidas y vivir la vida que ella ha escogido, libre y sin ataduras. Bueno, eso es lo que ella cree, ya que en el trabajo sigue siendo una esclava.

¿Relaciones? ¿Tener familia? Bueno, sí, pero no tiene prisa en su descendencia.

Sí es cierto que ha tenido alguna relación de larga duración, pero ninguna la llevó a buen puerto. Julia es una mujer libre y los hombres posesivos le dan alergia. La última fue con Pedro, un chico aparentemente abierto de mente y sin ataduras sentimentales, pero resultó ser otro más, otro padre, otra madre que siempre quería saber dónde y con quién estaba. Por eso se independizó siendo aún bastante joven. Se buscó la vida trabajando en lo que le salía e incluso trabajó de scort1 para poder pagar el alquiler. Eso sí, ella elegía cuándo y con quién. Y ahora no iba a volver a estar controlada por nadie. Su libertad es su vida y su vida, su libertad; así que Pedro pasó a ser otro más. Y eso que llegó a enamorarse de él y empezó a hacer planes de futuro, pero…

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