Javier Valenzuela - Limones negros

Здесь есть возможность читать онлайн «Javier Valenzuela - Limones negros» — ознакомительный отрывок электронной книги совершенно бесплатно, а после прочтения отрывка купить полную версию. В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: unrecognised, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Limones negros: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Limones negros»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Tánger, otoño de 2015. La corrupción española atraviesa el estrecho en busca de nuevas oportunidades. Lola Martín, capitana de la Guardia Civil, sigue la pista en la ciudad marroquí de los tejemanejes de Arturo Biescas, presidente de BankMadrid. Sepulveda profesor del Instituto Cervantes, le ayuda en sus pesquisas. ¿Hasta donde puede soportarse la corrupción? ¿Es lícito tomarse la justicia por su mano cuando la vía oficial resulta inoperante? Sepulveda y Lola Martín se hacen esas preguntas conforme van apareciendo cadáveres y entra en escena Adriana Vázquez, la femme fatale de Tánger.

Limones negros — читать онлайн ознакомительный отрывок

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Limones negros», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Un vendedor de falsas gafas Ray-Ban me propuso echarle una ojeada a su mercancía. Señalé las auténticas que yo llevaba puestas y, aun así, el hombrecillo insistió: « Good price. Have a look ». Le envié una sonrisa amistosa y, al devolverla, evidenció que le faltaban los dos dientes centrales superiores. Aunque tenía el rostro reseco y agrietado como un arenque ahumado, esa ausencia le daba un simpático aire infantil. Terminó yéndose con la música a otra parte.

Otro vendedor ambulante me ofreció tres pulseras de cobre para el reuma por el imbatible precio de cinco euros. Este se dirigió a mí en castellano y en esa lengua le contesté que no había día en que no me levantara con dolor en alguna parte del cuerpo, pero que un médico me había dicho que, a partir de los cincuenta, si no era así, es que estabas muerto. El vendedor encontró en mi respuesta un motivo para insistir en su oferta, pero le aclaré que el reuma no se encontraba entre los achaques que comenzaba a padecer y también terminó largándose.

Pasaron dos soldados con boinas verdes y trajes de camuflaje que flanqueaban a un policía en uniforme azul marino. Llevaban chalecos antibalas y metralletas cruzadas sobre el pecho. Estos tríos abundaban en la ciudad desde hacía un tiempo. Formaban parte de una operación denominada Hadar y destinada a disuadir a los yihadistas de actuar en Marruecos.

El camarero llegó con mi desayuno, interrumpiendo las mudas maldiciones que les estaba enviando a los bárbaros que, en nombre del llamado Califato Islámico, interpretaban en la segunda década del siglo XXI el papel de Bin Laden en la primera. Eran aun más brutos que el ya desaparecido profeta saudí del Armagedón y, como él, servían de coartada para que nuestros gobiernos siguieran restringiendo derechos y libertades. El Estado policial volvía a ser una realidad cotidiana en todas partes.

El negocio de Messi —Messi GSM Services— se encontraba en una pequeña alcaicería de la calle de México, entre una perfumería que ofrecía falsificaciones de marcas internacionales y una tienda de sujetadores femeninos de tallas gigantescas y colores explosivos. Mi amigo vendía allí todo tipo de móviles y accesorios para móviles, y ofrecía sus servicios para chapuzas diversas que tuvieran relación con la electrónica, la informática y las comunicaciones. Lo mejor era no preguntarle por la legalidad de la procedencia de sus productos, ni exigirle garantía escrita por sus servicios.

Messi tenía unos treinta años y seguía siendo tan alto, delgado y atlético como cuando yo le había conocido en el curso escolar 2001-2002. En aquella época se hacía llamar Rivaldo, la estrella brasileña del momento en el Fútbol Club Barcelona, y vendía altramuces, garbanzos y habas hervidos en un carrito que apostaba frente a la puerta del Severo Ochoa. Jamás quise indagar el golpe de fortuna que le había permitido un ascenso tan fulgurante en el mundo de los trapicheos locales: me importaba un bledo. En el arranque de nuestra amistad, el entonces Rivaldo y yo habíamos compartido un desagradable lance con un yihadista que había sellado un pacto de sangre entre nosotros. Como él decía, éramos hermanos, más que hermanos.

Se le alumbró el rostro cuando me vio entrar en su teleboutique.

—¡Sepúlveda! Cuánto tiempo sin verte, jai. La-bas ? ¿Todo va bien?

Kulshi missian , Messi. ¿Y tú?

Alhamdulilá. —Seguía siendo un fanático del Barça, como indicaba su nuevo alias, pero ahora llevaba su crespo y oscuro cabello acorde con la moda adoptada por los chavales marroquíes: rapado en las sienes y con un penacho en lo alto, al estilo de los indios mohicanos—. Termino de atender a esta señora y soy todo tuyo. —La aludida, una cuarentona en chilaba y con el cabello descubierto que trasteaba con un Samsung Galaxy, me dedicó una sonrisa.

—No tengo prisa —le dije—. Estoy dando un paseo, celebrando el regreso del sol a la ciudad. Por cierto, ¿aquí tienes Wi-Fi?

Me miró de hito en hito por encima del hombro de la clienta.

—Sí, claro. ¿Por qué lo dices? —Extraje mi nuevo móvil del bolsillo interior de la chaqueta y se lo mostré agitándolo con suavidad entre el pulgar y el índice de la mano derecha, como se le enseña la utilidad de un sonajero a un bebé—. Hostia, Sepúlveda. ¿De dónde has sacado esa maravilla?

—Me lo regaló Julia en mi última visita a Madrid. Si me das la contraseña, me conecto a Internet y te dejo un rato en paz.

Me alargó un papelito donde había impresa una larguísima combinación de números y letras en mayúscula y minúscula. Al tercer intento, logré transcribirla correctamente en mi aparato y pude así acceder a mi cuenta en WhatsApp.

Tenía media docena de mensajes de Julia, la única persona que conocía mi nueva condición de internauta vagabundo. En uno me contaba que su último reportaje en Reacciona , sobre los jóvenes universitarios españoles que habían tenido que emigrar al extranjero, había sido un exitazo, con decenas de miles de visitas y cientos de aprobaciones en Facebook y Twitter. Me llevó tiempo contestarle que si pensaba hacer alguno sobre expatriados españoles de edad avanzada podía contar conmigo. Lo rematé con un truco que me había enseñado Lola Martín en nuestro primer encuentro: añadirle un emoticono con una gitana bailando tan contenta.

Otro de los mensajes consistía en una fotografía: la de un sexagenario en el momento de ser introducido en la parte trasera de un automóvil por un hombretón encapuchado que le agarraba por el cogote. Julia contaba que esa detención era la habladuría española del momento. Y adjuntaba un enlace a la información de Reacciona sobre el caso.

Hasta yo conocía al detenido de la fotografía: solo un español que hubiera vivido en Marte en los últimos veinte años podía permitirse el lujo de no saber quién era Arturo Biescas, exministro de un gobierno conservador, presidente de BankMadrid y uno de los hombres más poderosos del país. En la foto remitida por Julia, a Biescas se le veía con el rostro descompuesto, muy lejos de los retratos que lo mostraban triunfal al lado de los leones, elefantes y gacelas que abatía en sus safaris africanos. Aquel tipo debía de haberse cargado él solito un parque nacional de Kenia.

Biescas había sido en los últimos lustros la encarnación del Milagro Español. De haber seguido viva la peseta, el gobierno habría terminado por acuñarla con su efigie: nariz aquilina y labios mezquinos en un rostro siempre bronceado, cabello plateado y peinado hacia atrás, aire inmensamente satisfecho de sí mismo. Un César regresando a Roma tras una victoria contra los bárbaros.

Iba a cliquear en el enlace con la información sobre el arresto cuando tuve que apartarme para dejar salir a la clienta de Messi. Adiviné que había comprado el Samsung Galaxy porque salía con una bolsa de plástico y tan contenta como el presidente de BankMadrid tras fusilar un rinoceronte o anunciar una salida a bolsa.

—A ver, Sepúlveda, enséñame tu iPhone —dijo Messi. Se lo entregué, lo sopesó y añadió, sin devolvérmelo—: Es bueno. Pero necesitas un protector, te voy a regalar uno. —Trasteó en un aparador donde colgaban decenas de ellos—. Los que más vendo son los del Barça, Chanel Nº 5 y Hello Kitty. A ti te voy a regalar uno del Barça.

—No me jodas, Messi. Nunca he llevado ninguna bandera ni he cantado ningún himno, y no va a ser ahora, acercándome a los sesenta, cuando me haga de una secta. ¿Es necesario eso del protector? A mí me gusta el teléfono tal y como es.

—Es muy caro, jai . Si se te cae el suelo pierdes casi mil euros. Si no quieres uno del Barça, te puedo regalar este.

Miré el protector a través de su envoltorio de plástico transparente. Tenía el mismo tamaño y la misma forma que mi móvil, era de una especie de caucho rojo y llevaba impresa una foto de King Kong. El gorila estaba erguido, abría los brazos como un boxeador y enseñaba los dientes de modo avieso.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Limones negros»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Limones negros» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Javier Calvo - Wonderful World
Javier Calvo
Javier Cercas - Outlaws
Javier Cercas
Jose Ignacio Valenzuela - El meu tiet Patxunguis
Jose Ignacio Valenzuela
Jose Ignacio Valenzuela - La iaia no hi toca
Jose Ignacio Valenzuela
Camila Valenzuela - Zahorí 1 El legado
Camila Valenzuela
Camila Valenzuela - Zahorí II. Revelaciones
Camila Valenzuela
Maria Cristina Francisco - Olhos negros atravessaram o mar
Maria Cristina Francisco
Victoria Valenzuela - La conducta de los animales
Victoria Valenzuela
Luisa Valenzuela - Diario de máscaras
Luisa Valenzuela
Отзывы о книге «Limones negros»

Обсуждение, отзывы о книге «Limones negros» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x