Este es el primer paso, la toma de conciencia sobre nuestra cosmovisión; el segundo será su reconstrucción original y creativa dentro de un proceso de ampliación de conciencia y de autodescubrimiento. Querámoslo o no —así lo hemos señalado ya—, somos los protagonistas de la historia de nuestra vida, de manera absolutamente individual y diferente, como ocurre en las películas. Puede ser que, aparentemente vivos, en realidad estemos muertos como en El sexto sentido ; tal vez hemos renunciado a cumplir nuestro deseo como en Casablanca ; quizá tenemos la posibilidad de realizar nuestra misión como en La guerra de las galaxias , o de encontrar nuestro verdadero lugar en el mundo como en Qué bello es vivir . Podríamos citar muchas otras películas, y puede suceder que ninguna de ellas nos represente.
Así pues, podemos afirmar nuestro protagonismo o podemos resignarnos a representar papeles secundarios. Dicho de otra forma, podemos llegar a ser conscientes y responsables de nuestros obstáculos y de nuestra Sombra e integrarlos en nuestra vida, pero también existe la posibilidad de que necesitemos encontrar causas externas (la familia, los otros, la sociedad, el mundo, etc.) que nos impiden , desde nuestro punto de vista, ser verdaderamente genuinos y responsables.
La pregunta clave es, por tanto, cómo estamos creando nuestra historia de vida… Si consideramos que tenemos mala suerte y por eso no podemos realizar lo que anhelamos; en definitiva, si hay un destino inexorable del que no podemos escapar. Las teorías que nos formamos sobre nosotros mismos y sobre nuestra experiencia vital son en su mayor parte inconscientes y quizá no sabríamos reconocerlas. Pero seamos o no conscientes de ellas, estas concepciones sobre nosotros mismos y sobre el mundo influyen de manera poderosa en el devenir de nuestra existencia y en todas sus áreas de desarrollo.
El modelo del Psicodrama Simbólico se asienta en una cosmovisión evolutiva cuyo principio profundo es el de la perfectibilidad del ser humano a lo largo de todas las etapas de su ciclo vital. La razón de ser profunda, y lo que podría entenderse como un guion existencial cumplido, es convertirnos en la mayor medida posible en la totalidad que somos. El guion existencial se refiere a ir por la vida siendo quien uno es. Se trata de un proceso natural susceptible de enriquecerse con una conciencia de sentido y de singularidad. El recorrido a través del Psicodrama Simbólico es una vía para potenciar este enriquecimiento posibilitando la unificación de nuestra esencia y nuestra existencia.
En este libro voy a mostrar hitos y a iluminar grandes enigmas y contenidos de la existencia humana con la intención de que pueda constituir una lectura valiosa y significativa para cualquier persona con deseo de saber, de conocerse mejor y de encontrar su verdadero lugar.
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1 Entiendo por vínculo madre-hijo el que engloba el vínculo primigenio; madre quiere decir universo materno.
2 «A los efectos de conceptualizar a la lealtad como fuerza sistémica, más que como simple tendencia de los individuos, debe considerarse la existencia de un “libro mayor” invisible en el que se lleva la cuenta de las obligaciones pasadas y presentes entre los miembros de la familia». Boszormenyi Nagy, pág. 72.
SEGUNDA PARTE
LOS DOCE CUENTOS
7
El reloj se pone en marcha
Se inicia el proceso evolutivo simbólico
La vida humana se desarrolla en el tiempo. Somos mortales y nuestro tiempo es efímero, es así como lo sentimos en la madurez, o eterno, tal como lo percibimos en la adolescencia. En efecto, la adolescencia es una etapa de profundo cambio en la que sucede uno de los descubrimientos más impactantes, el descubrimiento de la muerte, y en la que, sin embargo, existe una fantasía de invulnerabilidad, de invencibilidad, como si la muerte no pudiera tocarnos, como si ante este hallazgo de la razón nuestra fantasía se rebelara y nos imaginara inmortales.
En este tiempo de vida, cada persona llega a la tierra y va a desarrollar las tareas de su existencia, los deseos, la misión. ¿Las tareas? Parece que esta palabra se asocia con la idea de acción y puede situarnos ante los trabajos, lo obligatorio; sin embargo, todo individuo posee también en su guion existencial una serie de misiones deseadas, esenciales, que puede ir cumpliendo. Una vez que el ser humano ha superado ya la etapa en que las tareas más acuciantes eran la supervivencia y el dominio de la naturaleza, surge la dimensión cultural, artística y filosófica. En este momento histórico, en nuestras sociedades occidentales existe una gran necesidad de reflexionar sobre el sentido de la existencia y sobre lo que deseamos realizar en ella.
El psicoanálisis ha querido ofrecer a la persona un larguísimo proceso para ir respondiendo a ese universo cultural, artístico y filosófico de una manera fundamentalmente discursiva, haciendo consciente lo inconsciente. En el Psicodrama Simbólico se posibilita la conexión con los contenidos que permiten a toda persona proyectar su narrativa inconsciente con respecto a estas grandes preguntas a través de las escenas y personajes arquetípicos de los cuentos de hadas. Y estos contenidos personales pueden surgir de una manera también simbólica, por medio de un lenguaje y una dimensión que el ser humano creó desde sus orígenes con el fin de comprender el mundo, comprenderse a sí mismo. Esta dimensión simbólica permite no solo hacer consciente lo inconsciente, sino generar un verdadero puente de vinculación creativa entre lo inconsciente y la conciencia.
A través de la inmersión y el descubrimiento de la dimensión simbólica se expresan contenidos que corresponden a otra semántica no discursiva, la semántica del vínculo, de lo analógico, de esos cimientos no verbales de nuestra identidad, de una sabiduría que todos poseemos, aunque esté dormida, y que se manifiesta espontáneamente a través de los sueños e intencionalmente a través de las imágenes arquetípicas de los cuentos maravillosos y de los mitos; y también mediante la potencia de las obras de arte, de la filosofía y de las religiones.
Platón, el gran sabio y literato, nos habla de un universo de grandes ideas, de totalidades perfectas a las que solo tenemos acceso a través de las sombras que su luz inmensa proyecta en la caverna de nuestro conocimiento, limitado por naturaleza. En algún lugar de la psique hemos soñado o experimentado esas ideas esenciales, esas grandes verdades, y hemos creado un lenguaje, un espacio sagrado, mágico o trascendente en el que podemos tener acceso a una conexión más directa y genuina con el mundo de las ideas.
También Erich Fromm nos habla de un lenguaje olvidado 1 que el poeta y creador interior que todos llevamos dentro inventa cuando vuelve a crear el mundo, el afuera, a través de ese proceso delicado y decisivo que consiste en irnos diferenciando de la primera figura de apego. Esta semántica permite la aparición de un puente salvador que conecta la dimensión del adentro con la del afuera, de lo único con lo colectivo.
Jung nos habla de los grandes pilares de este puente: los arquetipos, que solo pueden expresarse a través de imágenes. Dada su naturaleza inefable, se manifiestan de manera indirecta y simbólica y requieren de un individuo para ser recreados, para estar vivos. Uniendo las visiones de Moreno y Jung en este punto, podríamos decir que el arquetipo se torna verdadero cuando regresa a la vida a través de la originalidad y la creatividad de un individuo, cuando es recreado con la espontaneidad y no pierde su energía para fluir, quedando encerrado en una serie de conservas culturales.
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