La secuencia de los Doce Cuentos es la siguiente:
1. Los Siete Cabritillos y el Lobo.
2. Caperucita Roja.
3. Los Tres Cerditos.
4. La Casita de Chocolate.
5. Pulgarcito.
6. La Reina de las Abejas.
7. El Patito Feo.
8. Pinocho.
9. Cenicienta.
10. La Bella Durmiente.
11. Blancanieves.
12. La Bella y la Bestia.
La sucesión de estos cuentos puede entenderse como la expresión metafórica del proceso evolutivo de crecimiento psíquico individual hasta la génesis de la identidad adulta. Este proceso debe considerarse una propuesta dinámica. En ningún caso ha de establecerse una correlación unívoca entre fases evolutivas y cronológicas. Es cierto que determinados relatos suelen ser más apreciados en etapas específicas, pero todos ellos podrían ser contados y aportar significados esenciales en cualquiera. Por otro lado, quiero destacar que esta metáfora evolutiva contiene la idea del tiempo psíquico circular y no tiene, por tanto, un carácter lineal.
Tomando como referencia el concepto de iniciación de Mircea Eliade, establezco dos categorías que hablan de los dos hitos clave de la vida humana: la iniciación primigenia y la paradigmática.
Entendemos la iniciación primigenia como aquella que tiene lugar en los primeros años de la infancia, en el proceso de génesis de la identidad básica. Cuando hablo de iniciación paradigmática, estoy aludiendo a la que tiene lugar en la etapa preadolescente–adolescente y, por tanto, me refiero al proceso de configuración de la identidad adulta, en el transcurso del cual existe la posibilidad de reeditar y reconstruir los aspectos válidos de las anteriores identificaciones infantiles para configurar una nueva identidad adulta, original y única.
En este sentido, podemos conectar con la iniciación primigenia esencialmente a través de los tres primeros cuentos de la secuencia. Los seis siguientes permiten tomar contacto con procesos, logros y retos fundamentales, desde la dependencia a la paulatina diferenciación psicológica, y muestran a su vez el desarrollo de una autonomía cada vez mayor. Finalmente, los tres últimos nos sumergen en la iniciación paradigmática.
Pero, como ya hemos dicho, la serie ejemplifica un proceso que cabe retomar en cualquier etapa de la vida, dado que existen una serie de ciclos, nuevos comienzos, permanencias y nuevos cierres. En palabras de Eliade, la vida es una sucesión de muertes y resurrecciones.
El trabajo de Psicodrama Simbólico a través de los Doce Cuentos tiene una gran capacidad de movilización y de transformación de la persona. Así lo he comprobado en infinidad de seminarios, cursos, talleres o sesiones de trabajo individual y grupal. Es una filosofía de la vida que se plasma a través de la acción y que ha generado un modelo aplicable a diferentes facetas: la creatividad, el desarrollo personal y la reconstrucción terapéutica. La cosmovisión del Psicodrama Simbólico se concreta a través de la acción, sea esta interior o grupal, como queda dicho. En todo caso, envuelve la relación con uno mismo, con los otros y con el mundo.
A lo largo de estas páginas realizaremos el viaje a través de los Doce Cuentos, de manera que su lectura en sí misma pueda poner en movimiento la creatividad individual. Ahora bien, el proceso de reconstrucción de la narrativa del propio guion de vida requerirá no solo la lectura, sino la experiencia de la inmersión secuencial en los relatos mediante una conducción experta del proceso grupal e individual.
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1 Educar en valores a través de los cuentos .
2 Cuando digo recobrar, me refiero a poder restituir las versiones y los elementos esenciales de significado, tan nublados por tantas influencias sociales diversas. Insisto en que los cuentos de hadas deberían ser patrimonio cultural de la humanidad y sus mensajes, respetados profundamente como se custodian y se respetan las catedrales góticas.
La vida es un largo combate por el que se llega a ser uno mismo, esa es la tarea más elevada e ineludible de todo ser humano .
SIMONE DE BEAUVOIR
El concepto de guion existencial hace referencia a una construcción activa y original por parte de cada persona que dura toda la vida, así como también a una narrativa inconsciente muy poderosa que va condicionando la configuración de la historia de vida individual.
Ya desde antes del nacimiento, podemos afirmar que existen importantes elementos de este guion, como la dimensión relacionada con el deseo del hijo, así como los legados transgeneracionales que este va a recibir o el lugar que va a ocupar en la familia. Este nuevo ser va a requerir esencialmente del vínculo para empezar a generar las conexiones neuronales necesarias para su desarrollo cerebral, así como la relación de apego, esencial para la supervivencia.
Las primeras experiencias de apego se generan en el primer y segundo año de vida y quedan grabadas a fuego en nuestra memoria implícita, una memoria que es preverbal y está formada por emociones profundas. Aspectos tan cruciales como la autoestima y la empatía tienen su origen en estas primeras vivencias de apego, que también van a condicionar fuertemente la relación con uno mismo, con los otros y con el mundo, pues estarán mediatizando la interpretación que hagamos de lo que nos toca vivir y, por tanto, nuestra posición y nuestra respuesta ante ello.
En consecuencia, toda persona va creando una cosmovisión que colorea sus vínculos y sus acciones. Nuestra relación con el mundo es una parte esencial de esa cosmovisión. Entendemos que en dicha relación podemos establecer un continuo con dos polos extremos, en uno de los cuales el mundo es visto como una fuerza desmesurada y amenazante, con las correspondientes vivencias de aniquilación y muerte, mientras que en el otro se observa como un espacio al que somos invitados y en el que uno mismo puede conquistar su propio lugar.
La construcción de un núcleo de identidad sólido y fuerte tiene sus cimientos en los procesos psíquicos establecidos en la vinculación con las figuras básicas de apego, en el estilo de vinculación generado en los dos primeros años de vida y en la posibilidad de que dichas figuras permitan la diferenciación desde el inicio.
Podemos afirmar que el guion existencial hunde sus orígenes en esta génesis del vínculo de apego, que es el núcleo de la identidad desde el que se irá desarrollando nuestra complejidad psíquica y nuestra vinculación en sus diferentes aspectos: con nosotros mismos, lo que genera nuestra autoimagen, con los otros y con el mundo. En definitiva, de este vínculo de apego depende el significado profundo que cada persona otorga a la realidad.
Las grandes coordenadas del guion existencial
Las etapas del ciclo vital humano
Como dice una sentencia judía, sabemos que cada nuevo individuo vuelve a crear un nuevo universo. Al mismo tiempo, sabemos que este nuevo individuo viene con una dotación no solo genética, sino también transgeneracional, que se refiere a legados de diferente índole y relevancia.
El sustrato de las coordenadas esenciales del guion existencial se está configurando en las primeras etapas evolutivas. En el vínculo madre-hijo 1 está condensado también lo vincular de esta madre con su pareja y con sus otros vínculos significativos. Por supuesto, este sustrato es de carácter inconsciente y se genera en etapas preverbales. Podríamos hablar de una iniciación primigenia a la vida psíquica, inconsciente y preverbal. Después, ya en fases verbales, hace su aparición otro tipo de dimensión condicionada por el poder de las palabras. Con el desarrollo del lenguaje tienen lugar grandes adquisiciones en el desarrollo psíquico de la persona.
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