Sarui Jaled - Crónica de una pandemia
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Santiago y Sebastián tienen varios primos aquí. Son los hijos de la tía Mariana y del Tío Javier. Son cuatro chicos maravillosos. Sofía y Luisina, las nenas muy compañeras de Santiago por la edad. Dos primos varones, Nico y Manu con quienes juega Sebastián haciendo travesuras, subiéndose a los árboles. En el fondo de la casa de Esther hay un árbol frutal grande con pomelos, y ahí se suben a cosecharlos. Pasan tardes muy divertidas. Además tienen a la tía Yasi, que los consiente, juega con ellos, tienen una mesa de ping pong donde hacen buenísimos partidos, les compra todos los caramelos y chocolates que venden en el kiosco. Claro que cuando se portan mal, la tía se pone seria, y ellos saben que ya es hora de calmarse y portarse bien como niños educados y obedientes.

Les encanta cuando el tío Javier y el Tata Rodolfo preparan la camioneta para subir el cuatriciclo y las bicicletas. Algunas veces invitan a Kamila a estos paseos. A ella le encanta. Saben que los llevarán al dique o a la montaña. Podrán subirse al cuatri conducido por Santiago y recorrer las lomas chicas y grandes del desierto saltando sobre los asientos, matándose de risa y gritando de contentos. Aunque se llenen de polvo. ¡Cuánta libertad! Tener todos los caminos y la montaña para ellos solos.
Después de tantos recorridos, regresan a descansar donde los esperan los grandes. Ahí ya está lista la canasta para merendar con los sándwiches y las cosas ricas que preparó la abu Esther y las tías para el tan deseado paseo. Cuando el sol se va escondiendo entre los cerros, ya es hora de poner orden y ayudar a subir a la camioneta todo lo que trajeron. Es hora de volver. Al llegar a casa, los espera una ducha bien caliente para sacarse todo el polvo que levantaron con las bicis y con las ruedas del cuatriciclo.
Los chicos tienen ahora en su casa de Houston la compañía de Lucía, ella es su prima y mi sobrina nieta. Tiene 17 años. Una adolescente que se destaca como eximia jugadora de golf. Es argentina, cordobesa, deportista excelente. Viajó a Estados Unidos llena de ilusiones y proyectos para iniciar una experiencia increíble no solo por lo novedoso del ambiente sino por los desafíos que para ella significaba el idioma, el golf e iniciar la etapa universitaria en otro país, lejos de su familia. Llegó en febrero para empezar la universidad con una beca que obtuvo en un torneo de golf al lograr uno de los primeros premios. Al mes de iniciar sus estudios, llegó el coronavirus y se suspendieron las clases. Tanta incertidumbre afectando a todo el mundo, sin distinción de edad, raza, religión ni situación económica.
Resulta increíble lo bien que hace traer a la mente momentos y recuerdos felices. Será una buena terapia que tendré en cuenta durante esta época de confinamiento cuando los miedos me acorralen y me pongan contra la pared. Resistiré, como en la canción.
Domingo de Pascua

Hoy es domingo 12 de abril.
Aunque en estos tiempos no distinguimos entre días hábiles y feriados, este domingo desayunaremos más tarde que de costumbre. Amaneció el día con una temperatura elevada e incómoda para los que tenemos presión alta. Anoche llegó el viento zonda, típico de San Juan, con ráfagas de altas temperaturas, mucho polvo que entra por las hendiduras de puertas y ventanas. Imposible de evitarlo. Es un viento seco, cálido e intenso. Arrastra partículas y polvo de la zona montañosa, generando molestias a la gente, afecta el estado anímico y genera dolores de cabeza. Estamos acostumbrados a estos cambios climáticos y en esos días preferimos quedarnos adentro de las casas sin asomarnos ni a patios ni jardines.
Es domingo de Pascua. Kamila se levantó a buscar los huevitos de chocolate que le escondimos por toda la casa, entusiasmada los puso en la canastita de mimbre blanco que tenía. Estaba lista para desayunar con las tostadas francesas que preparó su mamá para acompañar la leche tibia y el café. Teníamos la mesa vestida para la ocasión con un mantel bordado de tonos pasteles, un ramo de flores, una vajilla blanca de guardas lilas. Una bonita jarra de cristal con agua y otra con jugo natural de naranja recién exprimido. Nos sentamos a disfrutar del buen momento. Recordamos otras pascuas pasadas, lo que habíamos hecho y donde estábamos para esas fechas. Kamila recordó con nostalgia al conejo de Pascua y la recolección de huevos en los Estados Unidos. Allá se organizan como grandes eventos para niños en jardines de las iglesias, en los parques, siempre en grupos, lo que lo hace muy divertido. Hoy lo tuvo que hacer solita en casa.
Sonó el teléfono. Era mi sobrino Matías. Vive en Córdoba. Tiene la bonita costumbre de llamarme los domingos por las mañanas. Es una maravillosa atención que tiene conmigo. Sabe que estoy sola y con su llamado quiere acompañarme. Se interesa por cada uno de los miembros de la familia. Tiene un don que pocas personas tienen. Su preocupación por los demás. De gran corazón y nobles sentimientos. Podemos hablar horas sobre temas actuales, sobre economía, la situación del país. Sus viajes. Sobre Pedrito, su hijo y Ro, la esposa. Sobre mis hijos, mis nietos y hasta me pregunta por mis viejas amigas Dorita y Margarita. Es todo un caballero.
Hoy también festejamos el cumpleaños de Dorita. Como no podemos reunirnos, organicé un encuentro virtual vía Zoom por la tarde y saludarla. Nos reunimos 4 amigas muy contentas de vernos después de tanto tiempo. Fue un momento muy agradable y Dorita quedó feliz de que hayamos hecho posible la reunión a pesar de nuestras dificultades tecnológicas.
Soy afortunada por tener aquí en San Juan a Ximena y a Kamila. Algunos días se quedan en mi casa, otros se van a la de ellas que queda muy cerca de la mía. Ximena, está muy preocupada. Le aflige la economía, su Instituto de inglés que tiene 30 años de existencia y que ahora está cerrado. Teme perderlo. No sabe cuando lo podrá abrir nuevamente. Y si le quedarán estudiantes después de la crisis por la que pasan casi todas las familias de San Juan. Debe tratar de contener a sus alumnos de inglés mediante las clases virtuales. Trabaja con sus profesoras en las nuevas tecnologías para poder hacerlas lo mejor posible. Están teniendo éxito en ese intento. Pero siempre rogando regresar a las clases presenciales en el Instituto. Los alumnos lo piden continuamente. A medida que pasan las semanas, hay desaliento, porque no todos los chicos tienen acceso a internet, o en sus casas hay solo una computadora que tienen que compartir con sus padres y el resto de sus hermanos. O si tienen el teléfono, no tienen suficiente crédito para mantener una sesión de 1 hora. Los padres, por lo general, no pueden colaborar. En medio de esta frustración reconfortan los mensajes de algunos padres que sienten que los docentes están ayudando a sus hijos y así se los hacen saber mediante mensajes de agradecimiento y fotos con la familia aplaudiendo a los maestros.
Por otra parte, Ximena tiene además su trabajo en los Estados Unidos donde enseña español. Todos los días tiene que atender sus clases por Zoom con los alumnos del colegio de Houston. Debe regresar en julio, pero informaron que hasta setiembre nuestro país no abre los aeropuertos. De modo que ahora tenemos otra preocupación. ¿Cómo llegar a ese destino? ¿Qué pasaría si no puede llegar? ¿Perderá el trabajo? ¿Podrán esperarla hasta que se normalicen las cosas en Argentina? Mantenemos los dedos cruzados hasta entonces. Seguimos acumulando incertidumbres.
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