Anne Carson - Agua corriente
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A pesar de que el ampliamente conocido ensayo de Carson «El género del sonido», incluido en Cristal, ironía y Dios , analiza la represión social del placer sexual, la pena volcánica y la ira aglomerada de las mujeres, Unas pocas palabras se sube a ese mismo escenario, prácticamente sin cuerpo y ni muchísimo menos con un género personificado. A diferencia de la pantomima romántica del «Ensayo de cristal», que acaba por retratar la pena, la ira y la humillación como una serie de «desnudos» visuales sometidos a horrores físicos, Carson ejecuta en Unas pocas palabras un salto más allá de los límites del cuerpo, desviándose en cambio hacia el flujo asombrosamente móvil de la voz. Sin los contornos de la piel y la carne, el yo permanece fluido, imbuido de perpetuidad.
El volumen que tiene en las manos — Unas pocas palabras — es, propongo, una forma única de discurso poético como una escoria proveniente de toda la fuerza formadora de la juvenil materialización de Carson del invierno mental de una ciudad minera al norte de Ontario. Resulta fascinante hacer una lectura cruzada de los textos que Carson escribió en torno a las primeras etapas de su carrera, con el propósito de sondear la reputación de una escritora que ha sido calificada cada vez más de «inescrutable», y de explorar los procesos de extracción literaria que incluyen su intensa formación en el mundo geofísico y metavisual. Resumido en Unas pocas palabras , el conjunto de la obra de Carson continúa explotando yacimientos y sustratos del imaginario quirúrgico e incandescente que refleja sus orígenes en un Ontario industrial. Y por azar o deliberadamente —con sequedad clásica— el agua más antigua del mundo fue hallada, en 2013, manando de las profundas perforaciones mineras a 2,4 millas bajo Timmins.
2014, Sudbury
INTRODUCCIÓN
Una mañana a primera hora faltaban las palabras. Antes de eso, las palabras no existían. Los hechos sí, las caras también. En una buena historia, nos dice Aristóteles, todo lo que sucede lo desencadena alguna otra cosa. Un día alguien se dio cuenta de que había estrellas pero no palabras, ¿por qué? Se lo he preguntado a un montón de gente, creo que se trata de una buena pregunta. Tres ancianas se agachaban en los campos. ¿De qué sirve preguntarnos a nosotras? dijeron. En fin, en seguida quedó claro que sabían todo lo que había que saber sobre los campos nevados y los brotes verdeazulados y la planta llamada «audacia», que los poetas confunden con la violeta. Empecé a copiar todo lo que decían. Las marcas construyen gradualmente un instante natural, prescindiendo del aburrimiento de una historia. Quiero recalcar esto. Haré cualquier cosa para evitar el aburrimiento. Es la labor de una vida. Es imposible llegar a saber suficiente, a trabajar suficiente, a utilizar los infinitivos y los participios de forma suficientemente rara, a impedir el movimiento con la suficiente rudeza, a abandonar la mente suficientemente rápido.
En cincuenta y tres fascículos copié todo lo que dijeron, cosas enormemente distantes entre sí. Leí los fascículos cada día a la misma hora, hasta que ayer llegaron unos hombres y se llevaron los fascículos. Los metieron en un cajón. Lo cerraron con llave. Luego juntos observamos el paisaje. Sus instrucciones estaban claras, he de imitar un espejo similar al del agua (pero el agua no es un espejo y es peligroso pensar de esta manera). De hecho me pasé todo el tiempo aguardando a que se fueran para poder empezar a completar las partes que me faltaban. De modo que me he quedado con tres fascículos (que escondí). Tengo que tener cuidado con lo que escribo. Aristóteles habla de probabilidad y necesidad, pero de qué sirve un prodigio, de qué sirve una historia que no contiene dragones venenosos. En fin, es imposible llegar a trabajar suficiente.
Unas pocas palabras sobre el Homo sapiens
Mediante pequeñas incisiones el cromañón registraba las fases de la luna en el mango de sus herramientas, sin dejar de pensar en ella mientras trabajaba. Los animales. El horizonte. La cara sobre un cazo de agua. En todas las historias que cuento llega un punto en que no logro ver más allá. Odio ese punto. Por eso dicen que los narradores son ciegos: una burla.
Unas pocas palabras sobre las esperanzas
Espero vivir pronto en una casa toda de goma. ¡Imaginad con qué rapidez podría ir de un cuarto a otro! Un buen salto y ya estás. A un amigo mío una bomba incendiaria le derritió las manos en la guerra. Ahora, otra vez, aprenderá a pasar el pan en la mesa. La vida es aprender. Espero invitarle de hecho esta misma noche. Aprender es del mismo color que la vida. Dice cosas así.
Unas pocas palabras sobre el cromoluminarismo
La luz del sol ralentiza a los europeos. Fijaos en toda esa gente embelesada en Seurat. Fijaos en Monsieur, firmemente sentado. ¿A dónde se va un europeo cuando está «absorto en sus pensamientos»? Seurat —aquel viejo deslumbrante— ha pintado ese lugar. Queda del otro lado de la atención, a la distancia de un largo y perezoso trayecto en barca. Se trata aquí más bien de una tarde de domingo que de sábado. Seurat se ha encargado de dejarlo bien claro gracias a un método especial. Ma méthode , lo llamó, ciertamente malhumorado, cuando le preguntamos. Nos pilló escabulléndonos como adúlteros entre las frescas sombras de color verde. El río abría y cerraba sus labios pedregosos. El río apretaba a Seurat contra sus labios.
Unas pocas palabras sobre las geishas
La cuestión de las geishas y el sexo siempre ha sido compleja. Algunas lo practican, otras no. De hecho, como sabréis, las primeras geishas fueron hombres (bufones y tamborileros). Su arriesgada labia provocaba la risa de los invitados. Pero en 1780 «geisha» ya era sinónimo de mujer y el sofisticado negocio de las casas de té había sido sometido al control del gobierno. Algunas geishas eran artistas y se llamaban a sí mismas «blancas». Otras con apodos como «gata» o «acróbata» levantaban sus casetas todas las noches en la ancha vaguada, para luego desaparecer con el día. Lo importante era que hubiera alguien por quien suspirar. Independientemente de que el edredón fuera largo, o la noche excesivamente larga, o te adjudicaran este o ese otro lugar para dormir: alguien a quien esperar hasta que por fin se acerca y la hierba se agita, y que lleva un tomate sobre la palma de la mano.
Unas pocas palabras sobre Gertrude Stein a eso de las 9:30 p.m.
Qué curioso. ¡No tenía ni idea! El día de hoy ha terminado.
Unas pocas palabras sobre su arte del dibujo
Solía alentarme a que me moviera por el estudio. No me hacía posar. Dibujaba sin mirar al papel. Dibujaba sobre el suelo. Sigue las líneas, solía decir, observa el entorno. Un brazo delgado hace que la cara parezca más triste. Cuando describía las sombras se empequeñecía, pícaramente.
Unas pocas palabras sobre la vivienda
He aquí algo que puedes hacer si careces de casa. Ponte varios sombreros; tres, quizá cuatro. En caso de que llueva o nieve, quítate el/los que se empape(n). Por otra parte, ser dueño de una casa es una cuestión de rituales. La función principal de los rituales es diferenciar lo horizontal de lo vertical. Empezar el día en tu casa es «levantarte». Por la noche te «acostarás». Cuando el viejo tío Pedro venga a tomar el té «hablarás más alto», ya que últimamente su oído «está decayendo». Si le acompaña su esposa te asegurarás de haber «levantado» las cosas tiradas por la cocina y el salón, a fin de no «rebajarte» a sus ojos. Verlos a ambos, sentados uno junto al otro en el sofá compartiendo un cigarrillo, te «levantará el ánimo». Estas pautas de ascenso y descenso pueden ser imitadas, fuera de casa, con diseños verticales y horizontales en la ropa. Las líneas no son difíciles de hacer. Los sombreros no hace falta que estén muy decorados pues «se irán apilando» en tu cabeza, por sí solos, en cuanto a sombreros, si has entendido mi instrucción inicial.
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