Soukaina El Hmidi Khomssi - El poder de la buena educación

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Admitamos por el momento que somos simples máquinas que respondemos a cuestiones de la vieja escuela sin aprender mucho, o en ocasiones nada. Verdaderamente, la escuela de ahora no se encarga de educar, sino de hacer memorizar y mecanizar. Ahí empieza la búsqueda del llamado sentido de la educación. Somos lo que la educación haga de nosotros. Como estudiante, me preocupa el tipo de educación que recibo, ¿y a vosotros?

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No compartía en absoluto esa idea porque, por el mismo razonamiento, quien peor nota tenía era el más memo, y tampoco estaba de acuerdo con esa afirmación. Una vez, una compañera que solía sacar buenas notas no obtuvo el aprobado, y la profesora se acercó y le dijo que estudiara más para el próximo examen si quería aprobar la materia. Cuando se fue la maestra, la niña se sintió muy mal y se fue a casa con desesperación y angustia. En ese momento, empecé a analizar y relacionar las situaciones.

Cuando repartían los exámenes, los alumnos estaban ansiosos por la nota, aunque algunos de ellos ni querían verla. En primer lugar, me acordé de cuando mi hermano venía desgastado y cansado porque era malo en las mates. Seguidamente recordé a Júlia, la compañera que se fue mal a su casa, y por último me concentré en el momento en el que el maestro repartía los exámenes. Llegué a la conclusión de que a mi hermano sí que le gustaba el colegio, pero determinadas materias le desagradaban. No hay que ser bueno en todo, pero la escuela nos exige que seamos los mejores en todas y cada una de las asignaturas existentes.

Si a uno no le entusiasma alguna de ellas, no pasa nada. No hace falta apuntarlo a extraescolares para machacarlo haciendo mates, como decían mis padres. A mi hermano le gustaba la música y sacaba muy buenas notas en esa asignatura, pero, dejando aparte las calificaciones, le gustaba de verdad. ¿Por qué no invertir tiempo en su afición? Pero ese tipo de materias parece que sean las sobras y que no sirvan para mucho ni cuenten para nada.

A Júlia le exigieron más estudio, pero ¿qué es estudiar? ¿Es estudiar sinónimo de aprender? Es cuando tuve claro que no, no quería estudiar ni sacar la mejor nota. Simplemente pretendía aprender y tenía claro que no iba a asimilar los conceptos gracias a ningún examen, sino que lo hacía a través de la práctica y de la dinámica de la clase.

Me fijé en el panorama de clase que se formaba a la hora de entregar las notas de los exámenes. Miré a mi alrededor y todos estaban deseando obtener la calificación de aprobado. Pero no lo comprendía, no creía que el examen fuese una herramienta que determinara si había captado los conceptos estudiados o si los había aprendido correctamente.

Un momento clave era cuando el profesor anunciaba un trabajo que teníamos que hacer. En ese instante todas las manos se alzaban seguidas de la pregunta más mítica de la escuela: «¿Vale para nota?». ¿Hasta qué punto nos han infundido que el maldito número lo es todo? Si la respuesta era que sí que valía para nota, se tenía que hacer mejor.

Fue en ese momento cuando me di cuenta de que aquello no era educación. No sé a ciencia cierta lo que era, pero estaba segura de que no era aquel concepto real de la educación. Las actividades en clase y el trabajo grupal están infravalorados, aunque son, para mí, el mejor método para trabajar, colaborando y desarrollando habilidades que te van a servir para el futuro. Sí, hablo de ese futuro para el cual supuestamente nos están preparando, ese mismo.

El trabajo en grupo aporta mucho beneficio en los equipos, ya que los une y es capaz de crear un clima en el que todos los miembros se sientan parte del proyecto; esto es muy importante, pues las relaciones con los compañeros serán, por norma general, mucho mejores. Aumenta la calidad del trabajo y las decisiones se toman en conjunto. No te hace sentir menos por no saber llevar un asunto en concreto, al contrario, encuentras tu punto fuerte y lo robustecen de tal manera que tu parte se vuelve esencial.

Así te tiene que hacer sentir la escuela: esencial y único. Lo queramos más o lo queramos menos, nuestro segundo hogar es ese dichoso colegio. Qué pena tener que pasar horas y horas encerrado en un edificio de las cuales las primeras tres o cuatro horas intentas permanecer despierto y las restantes, por desgracia, están destinadas al fracaso. Y por eso me reitero en esto, y creo que no es una buena educación la que estamos recibiendo.

Ahora bien, ¿qué entendéis por educación? ¿La formación, la sabiduría, la competencia? ¿Qué es la perversa educación? Cuando éramos más pequeños y aprendimos a sumar, restar, multiplicar y dividir nos sentíamos bien. Cuando aprendimos el abecedario, aún mejor. Cuando empezamos a leer, nos creímos los mejores. Y cuando mi mamá me preguntaba «¿Qué has aprendido hoy?», sabía qué responderle. Ahora me pregunta, y me sobra el tiempo para darle una respuesta que ciertamente no me la creo ni yo.

Pero vamos al lío, ahora, desafortunadamente, lo que aprendemos hoy, se nos olvida mañana. Aprender es algo imprescindible en nuestras vidas, ya que es cultivarse, formarse, ilustrarse y llenarse el alma de sabiduría. Y si la llenas hoy y mañana está vacía, no cumple el requisito básico del aprendizaje. Es cuando me vuelvo a preguntar: «¿Qué estamos haciendo en la escuela?». Pasar el tiempo o el tiempo nos está pasando, no lo sé bien. Quiero que sepáis que el amor por la buena educación nunca se pierde, y si lo perdéis es que no es buena.

Cuando me dijo mi hermano que no quería estudiar, más tarde lo entendí. Porque lo mejor es aprender, es más, aprender a aprender. Siempre obviando la deficiencia más sangrante del modelo educativo, que es la alta tasa de abandono escolar temprano, por la que uno de cada cuatro jóvenes no continúa tras la etapa obligatoria y por tanto tampoco alcanza un nivel formativo que le permita acceder a un empleo de mínima cualificación. Llegados a este punto, aún no logró encontrar un ejemplo de buena educación, puede ser que a lo largo del libro llegue a hallarlo.

Las consecuencias del sistema sobre nuestra salud

Mi hermano estudió porque mis padres le repitieron infinidad de veces que, si no lo hacía, no sería nada en la vida. No coincidí con ellos en su aseveración. Y allí me di cuenta, por tercera o cuarta vez consecutiva, de que la escuela y mis padres estaban fallando. Porque no preparas al alumno para ser algo en la vida, lo dispones para tener una herramienta para sobrevivir en ella, ya que él es algo desde que nace. Lo leí una vez y no puedo estar más de acuerdo. Normalmente, cuando ves que no encajas en este sistema, piensas que eres un inútil, porque claro, según el instituto serás inexistente. Entonces los alumnos piensan que están destinados al fracaso y es cuando la negatividad los invade.

Hay que destacar que no tienen toda la culpa, por no decir que no la tienen en absoluto. Simplemente son víctimas del decepcionante sistema. Me gustaría saber por qué tenemos que llegar hasta el punto de sentirnos menos por no adherirnos correctamente a esta cruel organización. Vamos a ponernos en una situación cotidiana que nos ocurre cada fin de trimestre, o semestre para algunos: se juntan los exámenes de todas las materias y empieza a extenderse la presión y el malestar. Noches y noches estudiando para llegar a la nota deseada, pero el camino está lleno de pensamientos negativos que irrumpen en la mente humana. Mensajes a medianoche preguntándole a tu compañera/o de clase cómo va con el tema 5, cuando quedan otros diez por estudiar. Cuando su respuesta es que va igual de mal, te tranquilizas y te permites un suspiro. Porque sabes que no eres el único o la única que está pasando por un mal momento. Os intentáis tranquilizar los unos a los otros para procurar sobrevivir a la «semana trágica», como la llamo yo, conteniendo vuestras emociones, aunque a veces no las tengáis en cuenta. No cuidamos nuestra salud mental, pero creedme, si no nos la cuidamos nosotros, no habrá otro ser que lo haga.

Este fue otro hecho que me dejó dudas en la educación. Me planteé muchas preguntas, como por ejemplo: ¿estudiar hasta las dos de la noche es eficaz? Rápidamente se me vino a la cabeza la típica frase de algún profesor que decía «Tenéis que estudiar cada día, ir haciendo cada día un poco para llegar bien al examen». Vale, entonces, si lo entendí bien, dijo que teníamos que ir estudiando unos conceptos durante los días para no tener que pasar por una mala semana. Ahora bien, cada tarde vamos a ejercitar nuestra inteligencia memorística sometiéndola a una empollada de nociones, de las cuales muchas de ellas son innecesarias. Todo esto, para subsistir a la tragedia que más adelante nos esperaría. No sé qué es peor, si lo que dijo o lo que pasamos durante la semana. Analizando bien las palabras no suenan tan bonitas y útiles como parecen ser.

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