Me liberé de dos enemigos letales de los seres humanos, la culpa y la vergüenza, supe perdonar y me perdoné a mí misma por las veces en que fallé y por el tiempo y la energía que invertí en dichos acontecimientos, y ahora viajo más liviana.
Esto me condujo a encontrarme conmigo misma, con mi Ser , con mi verdadero valor y con el corazón de esa niña que soñaba, que se entusiasmaba con todo, que no guardaba resentimientos ni venganza —menos aún hipocresía—, la que sabía olvidar rápido, fácil; esa niña a la que nada le resultaba imposible, la que no veía dificultades ni se preocupaba de qué habría de comer, beber o vestir ya que confiaba completamente en sus padres; nunca pensaba en el futuro puesto que gracias a su inocencia era libre para disfrutar, reír sin parar y vivir sin tiempo.
Recupera al niño que llevas dentro tuyo. Tratémonos con cuidado ya que somos un baúl lleno de sueños y estos tienen que ser más grandes que tus miedos, confiemos en Dios nuestro padre y dejémosle las preocupaciones a Él.
Hagámosle una limpieza a nuestro corazón, a nuestro alma (mente y emociones) ya que ¿de qué sirve que seamos humanos, si no hay en nosotros humanidad? No permitas que tu sonrisa se apague, déjala brillar, enciende esa luz que está dentro tuyo y así todos juntos podremos iluminar.
Dejen que los niños vengan a mí, y no se lo impidan, porque el reino de los cielos es de quienes son como ellos... (Mateo 19:14).
Ya no te reproches más por los errores que son o fueron tuyos, o quizás alguien más te lastimó, no eres una víctima sino un/a guerrero/a, redimido/a, amado/a; cada herida, cada cicatriz son tu testimonio, tu historia. Muéstralas sin culpa, sin vergüenza, sin máscaras.
Nada debe atarte, rompe las cadenas para alcanzar tu máximo potencial y lograr continuar hacia delante. Nada esencial ha cambiado, nuestra identidad está ahí, nuestro valor es inamovible.
Reconcíliate con tu pasado, acepta y agradece por tu presente y de esta manera construirás tu futuro. Posees la fortaleza, el talento y los recursos, utiliza el control y el dominio sobre ti mismo, el mismo que se te ha otorgado aun antes que estuvieses en el vientre de tu madre, ya que somos seres espirituales que estamos teniendo una experiencia humana y esto va mucho más allá de nuestro cuerpo, mente y emociones.
Tienes todo lo que necesitas para hoy. Sé feliz con la vida que tienes hoy, mientras esperas o trabajas por lo que quieres ser el día de mañana, o por llegar al lugar en el que quieres estar creyendo y confiando que la libertad, la plenitud y la victoria te pertenecen, lo que era para lastimarte no se trata sino de ingredientes que Dios utiliza para preparar un banquete para ti.
No os venguéis vosotros mismos, amados míos, sino dejad lugar a la ira de Dios; porque escrito está: mía es la venganza, yo pagaré, dice el Señor (Romanos 12:19).
Él está a tu favor, no pierdas ni un segundo más de tu vida, huye de la amargura antes que apeste todo tu aire y todo tu entorno. Siéntate, relájate, come y disfruta con gratitud de los manjares que Dios ha servido a tu mesa. Solo Él es la fuente de agua viva que calmará tu sed.
Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí (Mateo 25:35-36).
Dios nos hace ensanchar en el tiempo de angustia, la boca de quienes nos juzgan jamás va a ser más grande que la gloria de Dios que nos respalda. Él nos quitó la vergüenza, esta no es sino un recurso de la mente, si bien es cierto que esta es muy prodigiosa y una herramienta necesaria, sin embargo alberga nuestros miedos, es muy sensata y no suele arriesgar. Si nuestra vida es dirigida por ella es probable que nos cueste salir de la zona de confort, ella te recuerda cada error y así te convence para que sigas cargando con él, también te recuerda en detalle quién y qué cosas te lastimaron, por ende nos resulta difícil volver a confiar y creer en nosotros mismos y en los demás.
Dios nos quita la afrenta, Él nos ha perdonado a mí, a ti y a quienes nos lastimaron, el amor de Él permanece intacto. Él determina mi valor y el tuyo, sé que somos una joya para Él porque somos sus hijos. Si Dios ya me perdonó y también ya te perdonó a ti, ahora la pregunta es ¿cuándo te vas a perdonar a ti mismo? ¿Y cuándo vas a perdonar a los demás?
¿Qué es el perdón? Es recibir gracia y dar gracia, el amor nunca falla, imita a Dios. Ama y perdona como tú has sido perdonado. Si no lo haces una raíz de amargura crecerá, envenenará tu vida y contaminará la vida de las personas que te rodean. El amor se expresa a través del perdón. Puedes perdonar si lo decides, hasta que no lo hagas serás un prisionero y te amarrarás a lo que te lastimó, o a quien te lastimó.
El perdón es una elección, cuando optas por perdonar a alguien sueltas la cuerda de la campana que has venido tirando, causando así ruido en tu alma con los recuerdos, la ira, la angustia y el dolor.
Cuando dejas de tirar la cuerda y la sueltas, lo que te hicieron hará ruido en tu alma durante un periodo de tiempo, pero al final permanecerá en silencio. No te tomes las cosas tan en serio, y con esto no quiero decir que lo que te hicieron o lo que estás atravesando sea irrelevante, sé y entiendo que es causa de malestar, ira y dolor.
Lo que quiero decir es que vivas, que no desperdicies ni un solo segundo más de tu existencia en situaciones dolorosas, en recuerdos que no hacen otra cosa que amargarte, en cosas que no suman nada a tu vida, sino más bien todo lo contrario —te drenan, te restan, te roban energía—, energía que podrías estar usando en ti, en cuidar tu físico, tu salud, en estudiar, trabajar, crear y emprender.
Piensa, medita, ¿vale la pena invertir mi tiempo y energía en quien o en las situaciones que me lastimaron? Quítales el poder que les has otorgado, ya que aun con el paso del tiempo y aunque ya no están presentes en tu vida —o tal vez sí lo estén— permites que te sigan lastimando. Toma responsabilidad sobre ti mismo, no eres responsable de los demás.
La situación por la que “pasaste”, y si ya la atravesaste es parte del pasado, ¿eso tiene más peso que tu presente, tu aquí y tu ahora? No permitas que la vida se te escurra como el agua entre los dedos, actúa ya. Toma la decisión ahora mismo, encuéntrate a ti mismo, genera tu propio cambio. ¡El día de mañana te lo vas a agradecer, porque tú lo vales, tú te lo mereces, esto no es otra cosa que tener amor hacia uno mismo!
El que mucho fue perdonado, mucho debe perdonar, “Por lo cual te digo que sus muchos pecados le son perdonados, porque amó mucho; mas aquel a quien se le perdona poco, poco ama” (San Lucas 7:47) .
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