Me siento como una estrella que aparece fugaz en el firmamento y que pasa rápida en el cielo trasladando su luz, y que todos la ven en ese momento hermosa y espléndida, llena de resplandor; pero termina extinguiéndose en la lejanía. ¿Y qué queda luego? Tan sólo el recuerdo de una imagen muy bonita que te ha acompañado y alegrado la vista en un momento de tu vida.
Luces que iluminan el camino, faros que te guían hacia tu destino, sólo es eso, es tu vida. Para aceptar el destino tienes que ser fuerte, para ordenar tu cabeza tienes que estar seguro; parece fácil, pero no lo es, tu objetivo es alcanzar el equilibrio entre ambos Hay que seguir el camino sin vacilar con tus luces y tus sombras, seleccionar y cargar en tu mochila todo aquello que necesites para poder llegar a tu meta: sueños, ilusiones, recuerdos, sentimientos y personas, pero un consejo, no hay que lastrar tu realidad con cargas o pesos innecesarios, mira bien lo que añades.
Realmente la vida es algo muy simple, aunque nos empeñemos en hacerla complicada. Si las oportunidades no acuden a ti, constrúyelas y aprende de tus propios errores y los ajenos, es posible que no se viva lo bastante para cometerlos todos.
Es por eso por lo que cojo mi lápiz y papel, busco trasladar un pensamiento, una reflexión y que quede reflejado un mensaje sin mayor pretensión que dejarlo escrito, y que alguien un día cualquiera pueda leerlo.
Es una realidad que nacemos para vivir, vivimos para crecer y crecemos para morir; principio y fin, origen y destino, nuestro alfa y omega.
Puedo hacerlo o no, elegir qué es lo que quiero, compartirlo o callarlo, atreverme o no. Mí osadía y descaro construirán mi camino. Hay que respetar la decisión adoptada, esta es la mía, y espero sea entendida y pueda servir realmente para algo pues mi objetivo sí es ambicioso, que es transmitir un poco de mi yo, para alguien. Yo soy el único responsable de todos mis éxitos y fracasos y tengo que asumir todas mis consecuencias.
Quiero dejar aquí como homenaje a mi abuela materna Delfina Matilde del Valle que ya en 1931 elaboró un manuscrito que me ha impulsado a realizar este libro, y que sin duda posiblemente haya sido la semilla de mi vena escritora, y que en su comienzo dice con una elegancia poética exquisita y yo comparto como un excelente prólogo e inicio a este libro:
Me asomo al recuerdo de mi vida, mojo la pluma en ella y con su puntita, voy trazando aquí algo que creo os ha de interesar. Si al leerlo pasáis un buen rato, ello será el premio…
la piel del otro
Tú y yo, entender que no somos
los mismos y saber ayudarte
“Cada uno tiene sus propios zapatos y debe vivir su propia existencia, aceptar su realidad y entender la que vive el que está a nuestro lado, esto nos permitirá acercarnos a él”
Haciendo un acto de introspección, es fácil pensar en tu yo. Valorar, cómo crees que eres, y descubrir cuáles son tus virtudes y tus defectos, y llegas a la conclusión, puede ser que de forma ingenua, que te conoces y que por añadidura, los demás te conocen. Craso error cometes, es sin duda una clara equivocación que puedes considerar que no tiene importancia, pero esto no es así. No valoro que el egocentrismo me impide ver la autentica realidad “Mis árboles no me dejan ver mis bosques”. Juzgo y me atrevo a juzgar a los demás; la sabiduría adquirida después de tantos años, no me sirve para nada, es más actúa de forma negativa. Sigo considerando que me asiste la verdad absoluta.
Vivo en un mundo marcado por el egoísmo, en el que el recibir se prima por encima del dar. Pero yo no soy ni mejor ni diferente, aunque me vista de forma permanente de auto justificaciones. No debo olvidar de que todo retorna, y con frecuencia tus propias acciones pueden llegar a ser sólo un acto de mera autocomplacencia.
Desde fuera es sencillo valorar las situaciones, porque son las del otro, dar consejos porque son para el otro, y opinar pues es sobre el otro. Si todo esto lo tuviera que aplicar sobre yo mismo, es seguro que tendría serios problemas para decir nada, o tan siquiera abrir la boca.
Alguien me dijo, y desde entonces lo intento tener presente, que yo no llevaba puestos “sus zapatos”, y que por tanto nunca podría saber cuánto me dolerían mis pies. Y es cierto, la realidad y percepciones propias de cada uno son diferentes, y todos somos seres únicos.
Estamos educados en unos cánones con los que perseguimos y deseamos que los demás sean como nosotros somos, y que nuestro ejemplo sea una referencia para su vida; en resumen nos constituimos como ejemplo, qué acto de prepotencia. Somos capaces de ver desde fuera lo que somos ciegos desde dentro.
Día a día avanzo en mi trayecto y lo hago solo, compartiendo circunstancialmente un tramo del mismo con otras personas extrañas que me acompañan. ¿Quiénes son? ¿Qué piensan? ¿Hacia adonde van? ¿Realmente te preocupan?
Yo ya tengo bastante problema con conocerme, como para atreverme a aventurar cómo es el otro; pero eres osado, y antes de mirarte, prefieres ver al otro, te resulta más fácil. Somos escorpiones de nuestra propia cabeza, siempre nos traiciona nuestro propio carácter. Y nada cambia, nada cambiará nunca, y forzamos conseguir voluntades ajenas que no son las suyas propias. Somos capaces de ver “la paja en el ojo ajeno, y no la viga en el nuestro”. Veo con facilidad los defectos en los demás sin fijarme en los míos. Todas estas frases constituyen una paremia que ilustra un comportamiento desgraciadamente común.
Y hay que aprender, aprender de ti, aprender del otro y que las sinergias creadas consigan un efecto multiplicador; no estoy sólo, no soy tan exclusivo o excepcional, y debo aplicar un poco más de humildad en mis pasos, y pensar que juntos, con ese otro, seguro, llegaré siempre más lejos hasta otros destinos; entendiendo que tú y yo no somos iguales y que nuestros pies y zapatos son diferentes.
media botella
Llegar a tu objetividad y alimentar tu vida
a través del optimismo de tus cristales
¡Haz que tu presente sea tan genial, que tu pasado se muera de envidia!
“La dicha o la desdicha no dependen tanto de los avatares de la vida como del significado que los demos” Luis Rojas Marcos
Todo en tu vida es elección, más bien óptica, apreciación. Desde que naces se te obliga a elegir: blanco o negro, alto o bajo, bonito o feo. ¡Ya está bien, dejadme en paz! Así estamos todo el día, teniendo que discernir y elegir entre alternativas. Cuántas veces he escuchado ¡no te salgas nunca del carril, pues no llegarás a ninguna parte! La historia se repite, nuestros padres nos educaron para ello, como a ellos les educaron los suyos, y no nos va a ser fácil romper con esos moldes.
¡Qué absurdo! Cómo puede ser que una frase pueda tener a la vez un sentido tan contradictorio. Media botella vacía y media botella llena tienen objetivamente la misma cantidad de líquido, pero ambas expresiones tienen un contenido muy diferente, recogiendo un espíritu negativo una y positivo la otra. Así tiene sentido aquello de que “en este mundo cruel, nada es verdad o mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”. Y sin embargo es algo definitorio de cómo es el ser humano, un ser condicionado por todas sus subjetividades y temores. Somos capaces de levantarnos un día tristes en que todo lo vemos oscuro, y otros días felices en que todo es luminoso, y el día siempre será el mismo.
No debo limitarme tanto, y no depender de las inclemencias del tiempo o las veletas; no me debo dejar llevar por las circunstancias pues me impedirán disfrutar de la vida. No tengo que perseguir utopías pues no existen, buscar, eso sí, mis sueños, pues se traducen en ilusiones, y mientras camino en el tiempo debo guiarme por mi luz, esa sí me alumbra. Esto no se vive más que una vez, y necesito ser consciente de que yo soy el piloto de mi vida, no hay que equivocarse y dejar que los demás te manejen, pues cuando pase el tiempo, te darás cuenta de todo lo que has perdido. No merece la pena y el tiempo no vuelve, y no esperes que regrese nunca.
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