Por ello la doctora Elisabeth Kübler–Ross, que acompañó a miles de enfermos terminales en su camino hacia la muerte y dio testimonio de sus experiencias en una serie de libros, cuenta que los recuerdos que más nos acompañan en los últimos instantes de nuestra vida, no tienen que ver con momentos de triunfo o de éxito, sino con experiencias donde lo que acontece es un encuentro profundo con un ser amado, un momento de intimidad cargado de significado: palabras de gratitud, caricias, miradas, un adiós, un reencuentro, un gracias, un perdón, un te quiero. Son esos instantes los que al parecer quedan grabados en la memoria gracias a la luz de la ternura que revela la excelencia del ser humano a través del cuidado y el afecto.
Cabe destacar, que en biodanza reaprendemos a reconocer el eros que habita en cada uno, esa vinculación de unir la vida, con la vida y que a través de la ternura se van tejiendo lazos invisibles con el otro. Por eso hemos decidido abordar el tema de la ternura y su influencia para despertar la sexualidad en la pareja.
En primer lugar, se desarrollará el tema de la pareja desde una perspectiva social, mostrando cómo la pareja desde su esencia también puede encontrarse enferma de civilización, distando de la pareja ecológica que muestra Rolando Toro desde el enfoque biocéntrico.
En un segundo momento, podremos pasearnos de la mano de la pareja, por cada una de las líneas de vivencia, que nos permiten redescubrir el valor del contacto, la mirada, la risa, el abrazo compartido, la entrega incondicional; pilares estos para el resurgir del sentir un encuentro afectivo sexual, impregnado de ternura donde la apariencia física y la genitalidad no tienen lugar, solo el amor está presente cuando se fortalece el vínculo.
Es importante señalar, que la biodanza es el modelo que tomamos, que contribuyó a percibir nuestra relación con una nueva mirada, no obstante debemos destacar que la práctica del modelo, fue realizada solo por una de las partes de la pareja, esto no impidió que el proceso se fuera dando de manera simultánea en ambos miembros de la pareja, pues los cambios que experimentaba uno, se hacían visibles para el otro, generando el caminar juntos de manera fluida y sin presión, convirtiéndose en una experiencia sumamente renovadora para la relación. Luego en la experiencia de clases dirigidas a parejas, notamos resultados con mayor rapidez, incluso para darse cuenta desde el amor, las áreas que debían fortalecer en su unión
Es posible encontrar esta ecuación, de ternura + eros = amor, con la entrega en el tiempo de momentos afectivos, sumado a la voluntad de querer despertar el eros y la constancia en la conquista, no dejar por sentado que porque están juntos ya no hay más nada por hacer, por el contrario hay que generar cambios que nutran su ser. Por último, partiendo desde nuestra propia experiencia, describimos cómo este camino nos llevó a redescubrir la belleza del amor, cuando despertamos ese eros que nos fecunda y que a través de la ternura lo hacemos renacer.
Esperamos que sea del agrado de los lectores.
Difícilmente alguien encontrará la armonía en la soledad. Tal vez Solo sea posible a través de actos de encuentro y de vinculación que Permitan unificar las partes aisladas. Armonía es movimiento–amor, función hipotalámica de comunicación y Contacto, riesgo, lucha y cuidado por establecer puentes a través de Los cuales circule la energía vital. Arribamos así a un nuevo Concepto de armonía, cuyo principal instrumento es la caricia. Una Armonía pulsante, fluida, íntima, cálida.
Rolando Toro
Desde nuestra infancia, hemos crecido en medio de una relación de pareja, la de mamá y papá con sus variaciones en cada uno de nuestros hogares, fielmente siguiendo el legado del aprendizaje por modelamiento, fuimos incursionando en el mundo de establecer una relación de pareja que nos llevó a la formación de familia, de allí, que desarrollemos este tema partiendo de una realidad social general y nutriéndolo con nuestras vivencias.
Al hablar de la relación de pareja, podemos entonces afirmar que el establecimiento de las relaciones de pareja de manera general está guiado por el pensamiento (psique), que permite concretar la unión de dos personas, procediendo generalmente de familias distintas y siendo de igual o diferentes géneros, que han decidido conformar un vínculo afectivo (eros), a partir del cual comparten su proyecto común de vida, lo que incluye apoyo dentro de un espacio propio que excluye a otros, pero que interactúan con el entorno social desde la visión de un “nosotros”.
En este sentido, cada pareja desarrolla su propio estilo de interacción, existe un proceso en el cual los individuos que viven en pareja comienzan a pensar y a comportarse teniendo en cuenta al otro, asimismo algunos no logran desarrollar nunca la formación de la identidad de la pareja. Otros dirán que esta relación se encuentra en el orden jerárquico, y lo más importante es que pueden complementarse de una forma interdependiente donde se necesita que el individuo continúe funcionando no solo como pareja, sino también como un ser con sus propias necesidades y expectativas.
La sociedad estipula, modelos y prototipos de pareja que reflejan las necesidades de un colectivo, que no se adecuan propiamente a las necesidades individuales de una persona, son tantas las creencias arraigadas, crecer escuchando que el amor es para siempre, que te debes casar con un príncipe azul, la mujer que elijas como esposa debe saber manejar un hogar, infinidades de tabús y propuestas que van inundando los pensamientos desde la raíz familiar, niños que crecen en familias donde es normal el maltrato y no pasa nada, porque el pensamiento central, es que el amor es para siempre y aguanta todo; entonces al iniciar una relación de pareja aguantas, por lealtad familiar. La sociedad va generando patrones de pareja, irrespetando las decisiones individuales.
Sin embargo, las generaciones van cambiando, ya desde la era milenial, se está aprendiendo a respetar los espacios y las individualidades de cada quien, pero los patrones culturales, están tan arraigados en el colectivo que prevalecen y siguen creando idealizaciones, poco reales de lo que una persona busca al estar en compañía de otro. La tarea desde lo particular es conocerse a sí mismo, identificar ¿qué es lo que realmente te gusta de la compañía o vida en pareja?, desde que parte de tú ser, estas deseando que acompañen tú caminar en la vida. No es fácil, pues nos acostumbramos a escuchar frases como, “él o ella me hacen feliz”, cuando la pregunta debe ser ¿qué me hace feliz?, y desde este punto partir para identificar, ¿con quién quiero compartir esto que me hace feliz?, de esta manera no endorsamos al otro, una responsabilidad que es completamente individual y evitamos las relaciones de codependencia.
Por lo tanto, las parejas tendrán que poseer una madurez emocional adecuada, comprensión de la naturaleza y exigencias de la convivencia, es decir, poseer una capacidad psicoemocional, que les facilite comprometerse en una comunidad de amor, donde estén dispuestas a ceder espacios, pero también a compartir juntos y alimentar la relación, generar proyectos conjuntos, sí fuera el deseo de ambos, a permitirse cambiar en base a sus propias experiencias, y reevaluar de qué manera estoy brindando al otro lo que siento.
De la misma manera, Chapman (2005), en sus estudios sobre la relación de las parejas, señala que en lo más profundo de la existencia humana está el deseo de tener intimidad, refiriéndose a la dedicación de espacios exclusivos para compartir y ser amado por el otro; así mismo, “expresar el amor es muy distinto a simplemente tener la experiencia de estar enamorado, en el amor hay voluntad, decisión y es algo que se puede alimentar” (p. 16). Considera que cuando cada uno habla el lenguaje del amor, que es significativo para el otro, entonces hay armonía en esa relación.
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