—¡Más rápido! ¡Más rápido!
—¿Ya casi llegamos? —al fin Alicia logró preguntar con un jadeo.
—¿Que si ya casi llegamos? —repitió la Reina—. Pero ¡si la dejamos atrás hace diez minutos! ¡Más rápido!
Y continuó la carrera por un rato más, ambas en silencio; el viento le silbaba a Alicia en los oídos y a ella le pareció que los cabellos se le iban volando de la cabeza.
—¡Anda, anda! —vociferó la Reina—. ¡Más rápido, más rápido!
Y corrieron a tal velocidad que parecía como si estuvieran surcando el aire, apenas tocando el suelo con los pies; hasta que, de repente, cuando Alicia ya estaba a punto de desfallecer, se detuvieron y se encontró sentada en el suelo, mareada y sin aliento.
La Reina la recostó en un árbol y le dijo con gentileza:
—Ahora puedes descansar un poco.
Alicia miró a su alrededor con gran sorpresa.
—¡Vaya! ¡Si es que hemos estado bajo este árbol todo el tiempo! ¡Nada ha cambiado!
—Por supuesto —concordó la Reina—. ¿Por qué no habría de ser así?
—Pues en nuestro país —explicó Alicia, algo agitada aún—, por lo general la gente llegaría a alguna parte… si corriera tan rápido y por tanto tiempo, como lo acabamos de hacer.
—¡Qué país más lento! —opinó la Reina—. Sucede que aquí, como ves, es preciso correr todo lo que se pueda para permanecer en el mismo sitio. Si quieres llegar a otra parte, ¡debes correr al menos dos veces más rápido!
—¡Preferiría no intentarlo, gracias! —dijo Alicia—. Me siento muy a gusto aquí…, ¡solo que tengo mucho calor y sed!
—¡Ya sé qué te gustaría! —exclamó la Reina con tono bondadoso, sacando una cajita del bolsillo—. ¿Una galleta?
Alicia pensó que sería poco cortés decir que no, aunque en realidad era lo último que habría querido. Entonces tomó la galleta y se la comió tan bien como pudo, pero su textura reseca la hizo pensar que nunca se había sentido tan atragantada en toda su vida.
—Mientras te refrescas —informó la Reina—, me pondré a hacer las mediciones. —Sacó del bolsillo una cinta marcada con pulgadas y empezó a señalizar el terreno, fijando unas varitas de madera aquí y allá—. Luego de dos yardas —comentó, enterrando una varita para marcar la distancia—, te daré tus instrucciones… ¿Quieres otra galleta?
—No, gracias —contestó Alicia—; ¡con una es más que suficiente!
—Espero que hayas saciado tu sed —dijo la Reina.
Alicia no supo qué responder, pero por suerte la Reina no esperaba una respuesta y continuó su retahíla:
—Cuando haya marcado tres yardas, te las repetiré…, no sea que se te olviden. Cuando pase a la cuarta, me despediré de ti. Y cuando llegue a la quinta, ¡me marcharé!
Para entonces, la Reina ya había fijado todas las varitas; Alicia observó con gran interés cómo iba de regreso al árbol y empezaba a caminar muy lentamente por la hilera demarcada.
Al llegar a la vara que marcaba dos yardas volvió la mirada y dijo:
—Un peón avanza dos casillas en su primer movimiento, ya sabes. Así que atravesarás muy rápido la Tercera Casilla…, en tren, supongo… Y te encontrarás en la cuarta en un abrir y cerrar de ojos. Bueno, esa casilla es de Tweedledum y Tweedledee… La Quinta Casilla es prácticamente agua… La sexta pertenece a Humpty Dumpty…, pero ¿no haces comentario alguno?
—Yo…, yo no sabía que debía hacerlo… en ese momento… —titubeó Alicia.
—Pudiste haber dicho: “Es usted sumamente amable en decirme todas estas cosas”… Aunque supongamos que lo dijiste… En la Séptima Casilla solo hay bosque…, pero uno de los caballeros te mostrará el camino…, y en la octava ¡ambas seremos reinas y todo será festín y diversión!
Alicia se puso de pie, hizo una reverencia y se sentó de nuevo.
Tras alcanzar la siguiente varita, la Reina se volvió otra vez y continuó:
—Habla en francés cuando no te acuerdes de alguna palabra en español5…; extiende los dedos de los pies al caminar… ¡y recuerda quién eres!
Esta vez no esperó a que Alicia le hiciera otra reverencia; se dio prisa hacia la siguiente varita, donde se volvió un instante para decirle “adiós” y se apresuró hacia el último palito de madera.
Alicia nunca supo cómo sucedió, pero justo cuando llegó a la última varita, desapareció. Bien sea porque se había desvanecido en el aire, o porque se había internado en el bosque a toda prisa (“¡Y sí que es veloz!”, pensó Alicia), no había forma de adivinarlo. En todo caso había desaparecido, y Alicia empezó a recordar que ahora era un peón y que pronto sería tiempo de avanzar.
5N. de la T.: En el texto original, la reina dice English (‘inglés’).
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