2 En el modelo diagramático de la interlocución, se incrementa el número de mediaciones posibles: los caminos practicables entre una tesis y otra aumentan por supuesto en número; pero, además, se ofrece la posibilidad de diferenciar ya no solamente el número, sino también la naturaleza y la fuerza de tales vías de relación. El argumento dialéctico, en cambio, traslada en su linealidad solo un tipo unívoco de determinación, a saber, la negación, la oposición y la superación dialéctica de la tesis, determinación que en efecto existe, pero a la cual se maximiza siempre globalmente de modo desproporcionado. El modelo de la red compleja habrá de introducir “en la multilinealidad de sus vías la plurivocidad de los tipos de relaciones y la evaluación de su fuerza respectiva, eventualmente diferenciada”. 23Así, cada camino o relación entre una tesis y otra habrá de transportar “un flujo dado de una acción o reacción cualquiera: causalidad, deducción, analogía, reversibilidad, influencia, contradicción, etcétera”. 24Y, por otro lado, una tesis cualquiera puede recibir varias determinaciones al mismo tiempo, o bien constituir la fuente –específica y diferenciada– de tales determinaciones. Cada tesis (punto o cima del diagrama) involucra entonces una conexión con la pluralidad. Dicho de otro modo: cada tesis o elemento definible en la conversación constituye un punto que puede ser simultáneamente plurideterminado y plurideterminante.
3 En el diagrama en red de la comunicación no se asume la presunta equivalencia o equipotencia de unas u otras líneas, caminos o relaciones en la determinación de las tesis. Incluso si se piensa en términos de piezas iguales en un tablero de ajedrez: “[S]obre él existen peones con un poder equivalente en derecho, pero cuyo poder actual es variable según su situación recíproca en un momento dado, de acuerdo con la disposición del conjunto de las piezas y de su distribución compleja con respecto a la red de juego opuesta”. 25En ese complejo y mutante tablero ajedrecístico, habrá también piezas con poderes diferenciados (caballo, rey, torre, reina) que implican determinaciones distintas tanto por su naturaleza como por los caminos abiertos en su vinculación específica. Sus poderes también dependerán de la situación y distribución provisionales en la dinámica (más o menos azarosa) del propio juego. Cada encuentro comunicativo, cada intercambio verbal, involucrará entonces una red compleja en movimiento perpetuamente inestable ante los incalculables o sutiles cambios expresivos en el espacio irregular de la interlocución. Así, las redes diferenciadas y móviles en su poder se entrelazan con otras redes complejas en todas las direcciones posibles del espacio comunicativo. Con ello, cada dialogante se pluraliza y se interconecta en el hablar. El modelo dialéctico será, por el contrario, el caso restringido y singular de una confrontación permanente (pero) que tiene una dirección constante o unívoca entre dos tesis (o peones), que se asumen equipotentes en principio. Se trata en este caso de una lucha entre dos elementos separados por una presunta distancia constante, sobre una vía privilegiada de antemano. El conflicto dialéctico terminará con la toma de posesión de un punto ocupado hasta ese instante por un predecesor ahora vencido.
4 Sucede también que el modelo de la comunicación en red permite concebir “asociaciones locales y momentáneas de puntos y contactos particulares que forman una familia muy definida de poder determinante original”. 26Se trata de asociaciones específicas de unas u otras tesis y relaciones que organizan series de subconjuntos localmente más importantes que el conjunto total, cualquiera que este sea. Tales subconjuntos conforman familias de poder que pueden coexistir con otros agrupamientos de ese tipo y generar una complicada y desigual interferencia recíproca. El argumento dialéctico tradicional, en cambio, no distingue entre lo local y lo global, pues se limita a promover totalidades en su dicotomía con la contradicción. De este modo, Serres reivindica la noción de “pluralidad de subtotalidades originales”, 27la cual deviene fundamental porque permite enfocar sutilezas, relieves o aspectos muy específicos en el encuentro comunicativo, ignorados o excluidos por una perspectiva dialéctica en sentido estricto.
5 El modelo de diagrama en red del encuentro comunicativo transforma globalmente cualquier situación ubicada en un espacio-tiempo. Tal transformación puede concebirse análogamente, desde la perspectiva de una situación de juego. En efecto, en la realización de un juego de mesa ocurrirá una compenetración más o menos elaborada de redes diferenciadas de elementos puntuales. “En el espacio-tiempo del juego”, afirma Serres, “hay transformación por parte de cada red, cada una para sí, y cada una según la transformación de la otra. La situación de conjunto resulta así de una movilidad muy compleja, de una fluidez tal que es prácticamente imposible prever lo que pasará después de dos turnos”. 28Aquí parece reivindicarse una imprevisibilidad clave en el pluralismo infinito de lo acontecional; 29en oposición a una concepción, digamos, legislativa y soberana que valora los diferentes momentos de la secuencia del juego comunicativo como un encadenamiento riguroso y reiterado, es decir, que obtiene leyes o regularidades del proceso por selección arbitraria de unos u otros momentos decisivos diacrónicamente proyectados, produciéndose una determinación unívoca y fija.
6 La pluralidad de conexiones que vinculan unas y otras tesis (puntos o cimas) en el modelo diagramático permite el fenómeno de la retroacción, esto es, “una resonancia inmediata del efecto sobre la causa, digamos más bien la retroacción de la cima-recepción sobre la cima-origen”. Y continúa Serres: “El flujo causal ya no es tal, porque la causalidad ya no es irreversible: lo que quiere influenciar inmediatamente es influenciado por el resultado de su influencia”. Con esto se rompe, pues, “la irreversibilidad lógica de la consecuencia y la irreversibilidad temporal de la secuencia: la fuente y la recepción son al mismo tiempo efecto y causa”. 30Lo que sucede, por tanto, es que se fractura cualquier linealidad conceptual. La complejidad deja de ser un juicio descriptivo para convertirse en un aspecto consustancial al saber y a la experiencia en el encuentro comunicativo y dialógico.
Serres sugiere la reflexión de que una idea o noción cualquiera (por ejemplo, la noción de diálogo ) experimenta en el tiempo diversos entrelazamientos que la transforman inapelablemente. En este sentido escribe:
[U]n contenido histórico, por ejemplo una idea (en lo que hace a la historia de la filosofía), se pierde , se debilita , decae y se mezcla . El vector cronológico de la historia es portador de la disgregación progresiva de la idea. Esa disgregación no es un olvido puro y simple (¿cómo definir ese olvido?), sino un debilitamiento continuo de la idea por comunicaciones sucesivas. La historia de las ideas es ese juego del teléfono que da al final una información tanto más deformada cuanto más larga ha sido la cadena. 31
No se trataría entonces de recuperar la historia de los avatares de un presunto logos puro; sino de reconocer las metamorfosis e hibridaciones de un logos tradicionalmente referido a sí mismo.
En la revisión crítica de la obra de Platón y la consecuente conceptualización de la noción de diálogo, Serres reconoce la participación clave del ruido de fondo en la instalación arriesgada de un sentido en el diálogo. El dialogar constituirá ese juego de los interlocutores que, más que confrontarse dialécticamente , se asocian contra los obstáculos de la interferencia, es decir, acuerdan tácitamente el establecimiento de un tercero para poder excluirlo: ese tercero es el ruido , el demonio que lucha contra el ejercicio de la abstracción dialéctica. Así, el éxito del diálogo se asocia en Platón al reconocimiento de una u otra forma abstracta o idealidad que desmaterializa la interlocución, universaliza elementos y hace posible la ciencia. En otras palabras, “para que el diálogo sea posible, hay que cerrar los ojos y tapar los oídos ante el canto y la belleza de las sirenas”. 32
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