Aquí invitamos a la reflexión sobre el tipo de iniciativas educativas para los párvulos, con la convicción de que no da lo mismo el tipo de propuesta formativa. Ya hemos desarrollado, en forma muy simple, aspectos como el paradigma que sostiene un tipo de educación u otra, el que dependerá además de la idea de niño o niña que sustenta nuestras creencias. En este sentido compartimos nuestra necesidad y urgencia de una pedagogía más sostenible para el presente y futuro, una pedagogía que no separe el juego del aprendizaje, sino que se centre en lo importante, en lo que va a marcar la vida de tantos niños y niñas. De esta forma, estaremos en mejor pie para promover una infancia saludable y feliz que constituya la base de nuestra sociedad.
En esta misma línea, reiteramos la necesidad de que el juego sea el eje central de la pedagogía, ya que es una de las actividades inherentes al ser humano. En múltiples ocasiones se declara que es la principal actividad que caracteriza a la infancia, pues supone una manera espontánea y natural de aproximación a la realidad (Lancy, 2014); en definitiva, un modo de socializar e interactuar con la cultura.
Empatizar con la infancia consistirá entonces en tener la capacidad de jugar, pues el juego permite simbolizar o crear realidades, simular la propia vida. El juego es, por excelencia, un elemento imprescindible en el desarrollo infantil y está comprobado que a través de él se estimula la capacidad de explorar, indagar y descubrir en los niños y las niñas; en definitiva, los pequeños aprenden porque juegan. En las últimas décadas se ha robustecido la investigación acerca de la importancia del juego en el desarrollo integral en la infancia (Linaza, 2013).
El juego da la oportunidad de esforzarse, de inventar, de imaginar, de ensayar y dar solución a diversas situaciones problema de la vida. A través de él, los niños y las niñas conocen en profundidad el entorno que los rodea, adoptan ese entorno y aprenden sus valores. Jugar les facilita el respeto a ciertas normas, a coordinar acciones, a confrontar intereses, formando la base de la convivencia, e incluso una iniciación en los valores de una vida democrática (Jover, Prieto y Sánchez-Serrano, 2017).
Por su presencia en distintos escenarios históricos y culturales, se han realizado diversos estudios que evidencian diferencias y similitudes entre las formas de juego infantil de diversas culturas (Whitebread y Basilio, 2013). Las variaciones en las actitudes hacia el juego existentes entre las culturas y las subculturas se explican en función de los valores culturales sobre la infancia, el género y las relaciones con el mundo (Whitebread, Basilio, Kuvalja y Verma, 2012). Pero, con independencia de la cultura en la que crezcan, resulta indudable que todos los niños y niñas se encuentran involucrados en dinámicas lúdicas. Es un patrón universal.
5. La institucionalidad que sostiene la Educación Parvularia actual
El Sistema de Aseguramiento de la Calidad en Educación Parvularia (SAC EP) se fundamenta en los referentes curriculares del nivel. Estos son: las Bases Curriculares de la Educación Parvularia (BCEP), el Marco para la Buena Enseñanza de la Educación Parvularia (MBE EP) y los Estándares Indicativos de Desempeño de la Educación Parvularia (EID EP).
Las Bases Curriculares de la Educación Parvularia (Chile, 2018) constituyen el referente que define principalmente qué y para qué deben aprender los párvulos desde los primeros meses de vida hasta el ingreso a la educación básica, según requerimientos formativos que emanan de las características de la infancia temprana, contextualizada en nuestra sociedad actual. Incorporan condiciones y requerimientos sociales y culturales que enmarcan y dan sentido al quehacer educativo en esta etapa. Son premisas indiscutibles de su contenido, el reconocimiento de niñas y niños como sujetos de derecho, junto al derecho de la familia de ser la primera educadora de sus hijos e hijas.
El Marco para la Buena Enseñanza de la Educación Parvularia (Chile, 2019), por su parte, busca orientar las prácticas pedagógicas que debe desarrollar cada educador/a de párvulos, para fortalecer su ejercicio ético profesional y generar las mejores oportunidades de aprendizaje de todos los niños y niñas, desde los primeros meses de vida hasta el ingreso a la educación básica, teniendo como fundamento principal las Bases Curriculares de la Educación Parvularia (Chile, 2018).
Los Estándares Indicativos de Desempeño de la Educación Parvularia, a su vez, son un conjunto de referentes que constituyen un marco orientador para la evaluación de los procesos de gestión educacional de los establecimientos y sus sostenedores, buscando apoyar y guiar el proceso de mejora continua.
Estos referentes se sustentan en ciertos enfoques esenciales, basados en los principios que releva la educación parvularia y que están directamente relacionados con la calidad. Entre estos, y como elemento imprescindible para hablar de calidad, está el enfoque de derechos de la Infancia, el cual se desprende de la Convención sobre los Derechos del Niño (CDN) y el enfoque de derechos humanos.
Fuente: Elaboración propia.
El Consejo Nacional de Educación (CNED), como institución constituyente del Sistema de Aseguramiento de la Calidad, aprueba los referentes curriculares principales de la Educación Parvularia, en un proceso que ha sido intenso a partir de 2018, creándose y/o actualizándose los siguientes documentos orientadores: Bases Curriculares de la Educación Parvularia, las cuales entraron en vigencia el año 2018; Programas Pedagógicos para Primer y Segundo Nivel de Transición, publicados el año 2019; Marco para la Buena Enseñanza de Educación Parvularia, publicado el año 2019; y los Estándares Indicativos de Desempeño para Establecimientos que Imparten Educación Parvularia y sus Sostenedores, publicados el año 2020.
De esta manera, la educación parvularia se establece con una institucionalidad que sintoniza con la Carrera Docente, que se enmarca en los procesos desarrollados por la Agencia de Calidad para los procesos de seguimiento y evaluación continua de los profesionales a cargo. Paralelamente, existe un resguardo de las condiciones de funcionamiento de los establecimientos que imparten la educación de este nivel, a cargo de la Superintendencia de Educación Parvularia.
Finalmente, la Subsecretaría de Educación Parvularia coordina los procesos de las diferentes entidades, estableciendo alianzas con las universidades y centros de investigación en materias que competen tanto a la investigación como a la política pública de temas referidos a la primera infancia, con un solo propósito: el desarrollo de niños y niñas más saludables y con mejores herramientas para la adaptación a los entornos cambiantes.
6. Algunas estrategias implementadas
Las instituciones que atienden a la primera infancia en nuestro país han desplegado grandes esfuerzos, de manera de mantener el contacto con las familias, sobre todo con aquellas que carecen de acceso a internet, ya sea por no contar con un computador o teléfono inteligente, por problemas de conectividad o por encontrarse en una localidad geográfica de difícil recepción de la señal.
De esta manera, se han realizado actividades educativas presenciales (dependiendo de las condiciones sanitarias del territorio), mixtas con períodos de presencialidad y de educación remota, y presenciales con participación en períodos con horario diferido. La Fundación Integra y la Junta de Jardines Infantiles han utilizado diversos canales de comunicación con las familias, que incluyen envío de material pedagógico, cartillas con orientaciones a las familias y mensajería de wpp.
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