en el agua dormida.
Nadie percibe
la voz cautiva
ni esta Sombra alucinada que me sigue:
extranjera… y amiga…
Te conozco camino
de todos los tormentos
con raíces quemadas
con losas de silencio.
Te conozco camino
mordido por el viento
roedor de las torres
abruptas de mis Sueños.
Te conozco camino
laberinto protervo.
Nada cambia. Mis huellas
se vienen a mi encuentro.
Y un rostro desvelado
me acecha en tus espejos.
Del tronco le sube
una lima aguda.
De la rama derecha un puñal
de la izquierda un pez y una brújula.
Hay una mujer
que corre desnuda
las manos cortadas sobre la jofaina
verde de la luna.
El columpio que se mece solo.
La aldaba que da en la puerta.
La mancha que nada borra.
La sombra que avanza lenta.
La mano que ninguno ve
y que la ventana cierra.
El reloj que se pone a andar.
La rosa que cae muerta.
La cuchilla que segó la luz.
El cortinaje que tiembla.
La trenza que alguien cortó
rígida sobre la mesa.
El eco: sin voz audible.
El paso: limpio de huellas.
Y este grito verde rejón de horror que hurga
los largos corredores de las casas desiertas…
No me dejan hablar
con sus gritos de espanto
con sus quejas rebeldes
de eternos supliciados.
No puede mi voz débil
calmar el arrebato
de este océano hostil
demente y encrespado.
Día y noche me arredra
el tumulto enconado
el clamor de esas voces
en rostros devorados.
Velan la luz del sol
enturbian los remansos
estrangulan mi voz
truecan mi risa en llanto.
¡Oh muertos inclementes
nunca pude enterraros!
Vais conmigo cubriéndome
de ceniza y cansancio.
A través de mis ojos
los vuestros van mirando
la noche interminable
de mi vivir amargo.
No me imploréis ya más
no me cortéis el paso
no me gritéis los nombres
de mis sueños truncados
¡que hace tiempo morí
bajo este cielo extraño!
II. Poemas dispersos en publicaciones varias
¡MUJER!93
…«¡Por tu cariño, dijiste, llegué
a llorar como una mujer!».
(¡Oh, la eterna paradoja!)… ¡Yo,
por el tuyo, llegué a sentir como
un hombre!...
… Nunca me podrás querer,
y yo, en cambio, te he de amar;
por tu amor yo he de llorar
con doloroso placer.
Eres la musa que inspiras
mi alma de soñador;
eres para mí el dolor
que sufro cuando me miras.
La quimera irrealizable
del palacio de ilusión;
la tristeza inconsolable
que destroza el corazón.
Las sentidas quejas mías,
mis nostalgias, mi penar;
el dolor de mis poesías,
¡y mi eterna sed de amar!
¡Sí, mujer! Y es tu querer
el que me hace divagar;
y ese dolor de pensar,
tú en mí lo has hecho nacer.
¡No sabes lo que es soñar,
con un querer singular
que no se ha de conseguir...!
Yo, en cambio, sé qué es llorar,
y de dolor enfermar
¡hasta morir...!
(Suplemento Femenino de Las Noticias, 22 de abril de 1927)
ÍNTIMA
Ahora que tú me has mirado,
decir puedo, ¡ya sé qué es mirar!
Ahora que me has subyugado,
ya comprendo lo que es subyugar.
Ahora que tú me has hablado,
he sabido, por fin, qué es hablar.
Ahora que tú ya has llorado,
he sentido el dolor de llorar.
Ahora que tú me has amado,
he podido saber qué es amar.
Ahora que tú me has besado,
he gozado el placer de besar…
Ahora que tú te has reído,
yo ya puedo decir qué es reír…
Ahora que yo te he querido,
lo confieso… ¡ya sé qué es sufrir…!
(Suplemento Femenino de Las Noticias, 16 de diciembre de 1927)
INCOMPRENSIÓN
Yo guardo de los hombres un recuerdo muy triste,
porque ellos me enseñaron a sufrir y a llorar.
No te extrañes amiga, si ves que en mí ya existe
todo lo que tú llamas amargura y pesar.
Ya sé que no comprendes este cantar extraño,
que tiene un pesimismo torturante y fatal…
Y me dirás que vivo perdida en el engaño
de mi alma sensitiva, vibrante y pasional.
No te burles amiga… Sin pensarlo el destino
puede llenar de espinas tu dichoso camino,
y al que te jure amores, ya no sabrás creer…
Después que hayas bebido veneno de la vida,
y tu corazón tenga como el mío una herida,
ven mujer… porque entonces, me podrás comprender…
(Suplemento Femenino de Las Noticias, 20 de enero de 1928)
INFINIT94
Voldria ésser ocell per volar sempre,
somnio en la claror i en l’infinit;
m’atreu el blau del cel, els cims i els núvols.
¡Doneu-me, oh Déu, dues ales per fugir!
Dues ales de prodigi que m’allunyin
d’ací, on tot és obscur, trist i mesquí;
les vull blanques i grans, amples i fortes,
i fetes d’inquietud i de neguit.
Me n’aniré ben lluny. Allà on no vegi
cap rastre humà ni senti mai cap crit.
Seré amiga del vent, de les estrelles,
del sol, de la muntanya i dels abims.
Llavors tindran els ulls la refulgència
de dia lluminós del mes d’abril;
i el cor las i atuït, que ha viscut massa,
serà tan innocent com el d’un nin.
¡Doneu-me, oh Déu, dues ales poderoses,
em moro i em deleixo per fugir…!
(D’Ací i d’Allà, número 143, noviembre de 1929)
CANTO DE ESTÍO
Se cerraron los ojos,
estos ojos míos cándidos y claros.
Huyeron de los tuyos,
negros y embrujados,
encendidos en la calma de la tarde,
en la hoguera del deseo y del pecado.
Y mis manos blancas
—barrera de carne, dique, valla, obstáculo—
cortaron tu avance,
cerraron el paso
de aquella acometida de caricias,
de mimos y de abrazos.
El aire era de fuego,
estabas embriagado de verano,
triunfaba la Natura sensualmente,
enervaba el perfume de los campos
y quemaba tu aliento
y quemaban tus manos.
¡Oh, tu hondo despecho!
¡El dolor por el capricho no logrado!
¡El extraño contraste de tu carne
encendida y mi carne como el mármol!
En tus ojos obscuros anidaban
la ira, el rencor y el desencanto.
Es fría, insensible, cruel y dura,
no tiene corazón, pensaste acaso.
Y no obstante, no obstante, niño-grande,
cuando tu beso audaz y apasionado
hubo un iris divino en el alma…
y un ligero temblor en los labios…
(Suplemento Femenino de Las Noticias, 11 de julio de 1930)
DESALIENTO
A Elisabeth Mulder, con mi gratitud
por su generosa comprensión.
Hay días en que siento
que la Vida es cansancio, es hastío y negrura.
Me vence el desaliento
y me rinde mi cruz de amargura.
¡Imploramos en vano! ¡Imploramos en vano!
Nuestras voces se pierden ignoradas y solas.
Hundida estoy en medio del Océano
y a merced de las olas.
Como es leve y pequeña mi voz cansina,
la Vida no la advierte.
Pasa el hombre a mi lado, tampoco la adivina:
¡la voz de él es tan fuerte!
Rutas llenas de zarzas, llenas de abrojos,
¡siempre lo mismo!
Se me cierran de espanto los ojos
por no ver este abismo.
No sé por qué habrá sido, ni qué mano
sembró espinas en todas mis sendas.
¡Qué tengo que hacer, hermano,
para que me entiendas!
Para que mi acento sea comprendido,
para que en tu alma mi canto se ahonde,
tú que pasas siempre arrogante y erguido,
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