donde no brillan luceros…
¡Qué triste y sombrío eres
camino de los recuerdos!...
INEXORABLE
Es ley fatal. Tras la risa se esconde
la amargura cruel y lacerante.
El encanto que urdió la alba mañana
se nubló con las sombras de la tarde.
De las bellas quimeras y esperanzas,
de los sueños felices e inefables,
nos despierta implacable, hosca y dura,
la verdad siempre cruda y miserable.
Tras el logro y la conquista, la renuncia.
Tras la fe, las hondas dudas torturantes.
Tras el goce y el amor, el desencanto
infinito y el hastío de la carne.
Pagamos las falaces alegrías
y los pobres placeres tan fugaces
con lágrimas de hiel, de sangre y fuego.
Lo sabemos, dolor. Pero no obstante…
TARDE GRIS
Soy tuya como siempre. No sufras, no te inquietes,
que aun cuando esté muy triste no me ha ocurrido nada.
Me ves tan taciturna porque hoy me martirizan,
como ágiles cilicios, los sueños en el alma.
Hay días en que sufro todo el agobio intenso,
todo el dolor amargo de mis pobres hermanas;
las que ocultan, estoicas, la angustia de su vida,
la huella de su herida y el frío de sus lágrimas.
Hoy me da pena todo: los árboles desnudos,
la calle solitaria, la tarde tan callada,
los sollozos del viento que pasa enloquecido,
la canción melancólica de la fuente lejana.
La feliz inocencia de aquel niño que ríe,
la pureza inefable de sus pupilas claras,
la belleza infinita de su corazón limpio
que ha de saber tan pronto todas las cosas malas.
Amado: no te acerques, no beses hoy mis labios.
Será inútil tu ruego, y tus caricias vanas.
Déjame sin protestas con mi dolor a solas
y aléjate en silencio sin preguntarme nada…
SOY UN ALMA CANSADA
Soy un alma cansada que vive sollozando,
soy un astro lejano que ha tiempo que no brilla,
soy un arca cerrada, soy una luz que muere,
soy una tierra estéril sin frutos y sin brisas.
Soy un verso no escrito, soy un hondo sollozo,
soy una extraña esfinge de frente pensativa;
soy un sueño poblado de visiones de angustia,
soy un beso sin fuego, soy un cuerpo sin vida…
Si me encuentras, viajero, no te acerques, aun cuando
te seduzca el misterio de mis claras pupilas.
Yo sabría quererte como no te han querido,
guardo un caudal oculto de ternura infinita…
… Pero no te detengas… Déjame en el camino,
derrotada y doliente, solitaria y vencida…
Y aunque llore en silencio, no te importe. ¡Huye lejos!
Soy una mujer triste, sin cantos y sin risas…
CONVALESCENCIA
He salido a ver el cielo
en esta mañana clara,
mañana de risa en flor
jubilosa y perfumada.
He salido a ver el cielo:
iba yo un poco más pálida,
con más paz en las pupilas
y más reposo en el alma.
Mis anhelos se esfumaron,
y mi inquietud, y mis ansias.
Nada en mí, sino la sangre,
—nueva vida, rica savia—
que corría por mis venas,
y la mañanita clara.
¡Ah qué gusto oír de nuevo
el canto de la fontana,
y el del viento entre la fronda,
cuando una aurora de calma
aduerme las inquietudes
y alumbra las esperanzas!
Cielo de Mayo, orgulloso
de su túnica azulada,
con encajes y arabescos,
—encajes de nubes blancas—.
Cielo de Mayo, que hoy tiene
más luz para mis miradas.
Mar de seda, fina… fina…,
rosa azul abierta en llamas,
¡de tantos días sin verte
con qué pena te añoraba!
Verdes mieses ondulantes
—pan bendito de mañana—.
Senderos de oro, pinares,
montes, sierras, valles, playas:
¡que vuestra alegría viva,
cante, feliz y admirada,
la canción fresca y fecunda
de esta mañanita clara!
De esta mañana en que yo,
tras de una ausencia muy larga,
he salido a ver el cielo
más serena… y más pálida…75
CANSANCIO
No me habléis más. Estoy cansada
de tanta palabra huera.
Quiero vivir así, olvidada,
de espaldas a la Quimera.
No me habléis más. Si mis labios sonrieron,
hoy los sella un cansancio de muerte.
Vuestras torpes palabras de nada me sirvieron:
tengo el alma inerte.
Ansío quietud y reposo. Callad.
Dadme la paz buena de vuestro mutismo
y el consuelo íntimo de mi soledad.
Todas las palabras me son dolorosas,
mi único anhelo
es el de alejarme, mis alas inquietas
tienen sed de cielo.
Callad, os lo ruego. No me han conmovido
nunca vuestras frases: ni ahora ni antaño.
Me pareció siempre insufrible el ruido
de tanta palabra vestida de engaño.
Vuestras voces broncas —zumbido incesante
de abejorros negros—, ¡qué malas han sido!
Cuanto más sufría, más mortificantes
me eran los consuelos que nunca he pedido.
Tengo la altivez de no haber suplicado
jamás. Soy valiente y el dolor resisto.
¡Con qué sentida tristeza he llorado
y nadie me ha visto!
Sólo queda intacto mi amor infinito
para tu recuerdo, que aún reverencio.76
Tú, a quien llamaría, eres sordo a mi grito.
Callad, pues. Silencio… silencio… silencio…77
MI DERROTA
¡Me tenías tan cerca! ¡Me tenías tan cerca,
y nunca me llamaste! Yo sigo altiva y sola
por mi ruta sombría, sin proferir un grito,
altanera y erguida, pero el alma me llora…
¡Oh, tu voz que me sigue! Imán irresistible
que me atrae y me vence. Llamada poderosa
que me deja en suspenso, sin un solo latido.
Tu voz: claridad viva, melodía en la fronda.
¡Cómo te hubiera amado! Con qué solicitud
habría serenado la inquietud de tus horas.
Esclava apasionada de todos tus deseos,
siempre amante y rendida, y sumisa y dichosa.
Pero no lo has querido… Pero no lo has querido…78
Pasaste junto a mí y enmudeció tu boca.
Yo seguí por mi ruta, sin proferir un grito.
¡Entre tus manos pálidas mi vida quedó rota!79
ELISABETH MULDER
Mujer-esfinge,
misteriosa, enigmática, compleja.
Abismo de inquietud, sima profunda,
captadora de estrellas
y de humanos dolores;
poeta
de la luz y la sombra,
de la nube y la tierra.
Supremamente erguida en el Dolor.
Fuerte y serena,
contra todos los vientos
y mareas.
Ferviente apasionada
de la Idea.
Iluminada creadora
de Belleza.
Alma noble y limpia,
que todo lo mezquino y lo bajo desdeña.
Corazón apasionado y bondadoso,
espíritu alerta,
en la clara aurora de los sueños,
y en la noche negra de las penas.
Mujer-enigma de pupilas verdes,
altiva, torturada, sensitiva y bella.
Inexpugnable en la cima de tu Vida
cernida de Tormentas.
¡Qué mano audaz sosegará el tropel,
de tus horas fantásticas e inquietas!
¡Y qué agua prodigiosa hará el milagro
de colmarte la boca de sedienta! 80
MATERNAL
¿De dónde llegó este niño?
¿De qué país encantado
me lo has traído, Dios mío,
hasta mi tibio regazo?
¿Me lo das ya para siempre?
¿No será que estoy soñando?
¡Es tanta la maravilla
que me parece un milagro!
Tiene la carne de seda
y la fragancia del nardo.
¡Es tan bonito y tan frágil
que ni me atrevo a tocarlo!
Con dos luceros hicieron
estos ojitos tan claros.
Espejos vivos y azules
que hoy me miráis asombrados:
¡con qué luz tan deslumbrante
Читать дальше