¡Tú como un garfio agudo
clavado en las entrañas!
Todo lo demás: humo.
Soledad. Espejismo.
Tan sólo a ti quise con dolor:
por eso no te olvido.
CEGUERA
Yo no podía saber
que tu corazón y el mío
eran dos llamas gemelas
de un solo y mismo delirio.
Tus navíos en mis mares
encontraban su camino.
A mis noches sucedían
tus albas de cielo ardido.
En cada nudo de sangre
golpeaban dos latidos.
De mi voz: nacía el Sueño.
De tu sueño: mi destino.
Yo no podía saber
de nuestros ojos cautivos
de nuestras manos trenzadas
de nuestro calor fundido.
En mis moradas vivías
en mi cielo en mis abismos
en mis presencias oscuras
en mis mármoles de olvido.
Te morías en mis muertes.
Renacías en mis gritos.
De tu vivir mutilado
de esta muerte que agonizo
solamente Dios sabrá
lo que fue tuyo y fue mío.
Yo no podía saber…
Corazón: perdón te pido.
RENCOR
On a peine à haïr ce qu’on a tant aimé 89.
Corneille
Cuánta piedra nocturna
cuántas sordas arenas
cuántos pozos transidos
cuántas auroras muertas
cuántos muros de espanto
cuánta agonía lenta
cuánto peso de sombras
cuánta ceniza espesa
sobre tu alma desnuda
sobre tu boca hambrienta
sobre tu ávido cuerpo
sobre tu sangre yerta.
¡Y aún persistes! Hurgando
con tozuda demencia
subterráneos obscuros
y galerías ciegas
vas abriendo tus cardos
tus orquídeas perversas
tus garfios acerados
tus manos de tiniebla.
¿Qué volcanes feroces
qué bárbaras tormentas
qué azadones rabiosos
qué sañudas piquetas
qué mordazas de olvido
qué losas justicieras
conseguirán al fin
hundirte bajo tierra?
EL DESEO
Noche
de insomnio negro.
Sobre un talud de cardos
crispada me recuesto.
En cada pliegue blando
recóndito del lecho:
una espina de miel
un cuchillo de fuego.
Incrustado
a mi cuerpo
tentáculo feroz
y agresivo: el deseo.
Gritos broncos derriban
murallas de silencio.
Sofocante me absorbe
la boca que no tengo.
Mordaza de mi mutismo.
Pantera de mi desierto.
Hoguera de mi penumbra.
Abismo de mi tormento.
En un rojo
revuelo
de combates
sin freno
abierta desmembrada
me consumo y me pierdo.
En la noche demente
resucitada muero:
con la boca quemada
con los flancos ardiendo.
Lívida madrugada
cortará el aire denso.
Y el rostro que persigo
morirá en el espejo.
DEJADLA
Dejadla que invente
sus fronteras invisibles
sus universos ardientes.
Dejadla que invente
los ojos que no la ven
los brazos que no la mecen.
Nadie le diga que sueña.
Nadie la llame demente.
Dejadla que invente
el rostro de su pasión
el cuerpo que la estremece
el fuego que la consume
y la ruta que la pierde.
Ninguno le hable jamás
del silencio que la cierne
de sus mundos despoblados
de su soledad creciente.
Dejadla que invente
los ecos que la persiguen
los mares que la sumergen.
Y aquel beso nunca dado
que la mata lentamente.
CUANDO…
Cuando mis brazos delfines rígidos
cuando mis ojos pozos sin agua
cuando mi boca cuenca de sombra
cuando mi cuerpo raíz cortada
sean un ínfimo trazo de polvo
limo disuelto ceniza amarga
viviré en cada latido tuyo
Sombra de Sombras resucitada.
Seré la sed voraz de tu boca
la huella terca de tus pisadas
el grito agudo de tus renuncias
la cruz perenne de tus espaldas.
Mías la sangre de tus heridas
la sorda queja de tu garganta
la noche densa de tu congoja
la llama última de tu esperanza.
Todos los besos que no te diera
quemarán vivos tu boca helada.
Me buscarás sin hallarme nunca.
Nudo de sangre. Fuente cegada.
Y he de morirme de doble muerte
cuando la tierra cubra tu cara.
CONTUMAZ ESPERANZA
Volveremos un día a la isla de ensueño
tu corazón y el mío cansados de luchar.
Volveremos un día a reanudar el Sueño
que ni olvido ni muerte consiguieron truncar.
Granos de sol crujiente trillarán en la era.
Sobre el mar luminoso habrá un blanco bajel.
Cantarán las cigarras y la verde palmera
abrirá su abanico por rozarte la piel.
Veremos el olivo de tronco torturado
el pino ebrio de luz de trinos y de viento
el naranjo de púrpura y el ciprés extasiado
las norias apacibles y el puerto soñoliento.
Un sol incandescente alumbrará el paisaje.
Fulgirán en los bosques las resinas doradas.
Habrá un olor furioso enervante salvaje
de sedientos rastrojos y dunas abrasadas.
Iremos a la playa donde en la arena un día
trazaste el breve nombre que el oleaje borró.
El nombre desvelado perdura todavía:
la voz azul y trémula del mar lo recogió.
Como entonces mi boca te dirá torpemente
mi oración fervorosa mi cántico pagano
y otra vez los latidos del corazón demente
golpearán prisioneros bajo tu dulce mano.
Cuando llegue la noche bella entre las más bellas
—plata sobre las olas en cada rama un canto—
al rubio resplandor de las altas estrellas
yo besaré los ojos que he recordado tanto.
Volveremos un día a la isla de ensueño.
Bosques playas y cielo nos mirarán pasar.
Dos sombras temblorosas proseguirán el Sueño.
Corales encendidos arderán en el mar…
De JALONES ENTRE LA NIEBLA (1940-1967)90
IMPLORACIÓN
Que la muerte
me deje
cerca del agua clara
cerca del tallo verde.
Que hasta mis huesos
llegue
la luz
de los ponientes
el murmullo del río
los blancos alfileres
de la lluvia. Que el viento
de las selvas agrestes
me colme de perfumes
de polen y simientes.
Que el golpe firme y duro
del azadón resuene
en mis entrañas yermas
en mis senos de nieve.
Que el filo del arado
en los surcos ardientes
abra regueros de oro
en mi cuerpo yacente.
Que la Muerte
me deje:
¡traspasada de soles
y rumores calientes!
TEMOR
En país crucificado
dejé mi corazón muerto.
Un desolado paisaje
de nostalgias y de espectros
me lo ha poblado de sombra
de soledad y de duelo.
Tumba de sueños vividos
de indestructibles recuerdos.
Hondo abismo
lago acerbo
de agua densa envenenada
sin luz bajo el hosco cielo.
¡Que no despierte tu voz
la demencia de los ecos!
¡Que no derriben tus manos
las murallas del silencio
las fronteras invisibles
y los castillos desiertos!
Guarda la piedra en tus manos.
No quieras remover légamo
imágenes sepultadas
y reflejos de reflejos.
Déjalo así:
solo y quieto.
Pozo de alucinación.
Luna de paisaje ciego.
RUE DU CHAT QUI PÊCHE91
Una sierra mellada
cortó el bloque de casas decrépitas.
Desconchadas cornisas
herrumbrosas goteras
dejaron penetrar un resquicio de luz
sobre el ataúd de la calle siniestra.
Las paredes panzudas
sudan un agua negra.
Y en un sórdido hotel
—cubil de la miseria—
los exiliados buscan un imposible cielo
tras las ventanas ciegas.
LA GUERRA
El viento del odio
se anuda a las torres.
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