Una luna inerte
se columpia insomne
sobre las madrigueras
malditas de los hombres.
Los cerros vomitan
pesados cañones
tinieblas de espanto
pérfidos rumores
alambradas negras
sangre y explosiones.
Una selva hostil de triturados cuerpos
cierra el horizonte.
Ya se están enfriando los ojos de los niños.
Ya la muerte amordaza la risa de los jóvenes.
Bajo un horrendo palio de cabezas cortadas
los pueblos esconden
sus flancos llagados
sus mieses segadas
su terror de pobres.
De los vientres preñados escapan
Ángeles sin alas
gritos alocados
y fetos deformes.
Los buitres devoran
el corazón podrido de los hombres.
LLUVIA
Mi corazón se ahoga esta mañana
esta tarde esta noche todo el día.
Lluvia: ¡qué mal me haces cómo hieres
mi corazón con tus espadas frías!
Nunca ha llovido tanto. Llueve llueve
llueve como en las largas despedidas
con lluvia de domingo marinero
en la tierra mojada y dolorida.
Lluvia: pesado tigre por el aire.
Fuego fresco sobre la cresta albina
del gallo de los bosques ¡cómo luchas
contra la claridad que se adivina!
¡Qué nostalgia más dulce! Las estampas
sin pulso y sin cabeza se iluminan
y sientes corazón resurrecciones
de sombras que tu luz fueron un día.
Sube humo natural verde tranquilo
la yedra de la tierra humedecida
hasta el cristal picado de viruela.
Blanca y sonora la distante vía
del tren oruga de la niebla gime
y acerca en humedad la lejanía
bordada de silbidos. Lluvia: ¿dónde
vas a cantarme tú cuando no viva?
MONTPARNASSE
Es un barrio
de locos y de santos
de espectros fraternales
de mártires callados.
Rebeliones airadas
lo tienen desvelado.
Sus muertos resucitan
de los sepulcros blancos
sellando con los vivos
indestructibles pactos.
Barrigudos burgueses
tétricos escribanos
militares ridículos
palurdos aldeanos
(por absurdos e inútiles
fallecen en el acto).
Cielos de Modigliani
por los meandros claros
del aire se deslizan.
Los toros de Picasso
embisten los relojes
de Dalí visionario.
Mujeres de Matisse
sin cesar van buscando
los manteles de Braque
y sus limones agrios.
Nocturnos de martillos
golpean angustiados
las aristas rebeldes
del granito y del mármol.
Lancinantes Desdémonas
Apolos y Centauros
Bacantes y Nereidas
Afroditas y Sátiros
nacen en buhardillas
de miseria y espanto
de un sueño fulgurante
secreto y torturado.
Baudelaire en su noche
de cipreses extáticos
busca las tenebrosas
pupilas de sus gatos.
La sombra de Verlaine
por el muro enlutado
camina hacia su Gólgota
de dolor y de escarnio.
Es un barrio
de locos y de santos.
de incurables bohemios
de genios y de náufragos.
Mozos de café sirven
ajenjos incendiarios
cernidos de laureles
de versos y de pámpanos.
(Las familias decentes
se encierran en sus cuartos).
Aquelarres furiosos
tumban faroles trágicos.
Fantasmas diabólicos
recorren los tejados.
Y un espesor de lienzos
de feroces cobaltos
de estrofas delirantes
de martillos sonámbulos
detiene en las esquinas
al viento solapado.
Los árboles al alba
musitan versos mágicos.
De los zaguanes surgen
libertinos los faunos.
Y en el lienzo del cielo
un Ángel mutilado
pinta la faz de Dios
de un bermellón satánico.
TERNURA
Con las manos
sobre el halda
imagen de paz agreste
oro y rosa en la mañana.
Vara de mimbre.
Azucena casta.
Gavilla blonda.
Gacela rauda.
¿Con qué estambres suaves
te hicieron las pestañas?
¿Qué pétalos sedosos
amasaron tu cara?
¿En qué valles buscaste
los ramos de gencianas
que tiemblan en el fondo
de tus pupilas claras?
Con las manos
sobre el halda
tan quietecita
sentada
en el umbral
de mi casa.
Bendita tú la inocente
bendita tú la callada.
Yo te miro sin mirarte.
Te sé junto a mí y me basta.
Me están estorbando todos
los nombres y las palabras.
Dame tu mano pequeña
tu mano ungida de gracia.
Jazmín entre mis jazmines.
Espiga blonda de Francia.
¡Qué rubia rubia pareces
cuando yo miro mi cara!
¡Qué paz penetra en mi vida
cuando siento tu mirada!
Como un agua luminosa
mi ternura se derrama.
PUDOR
No.
No tengo nada.
Apenas vagamente
un poco de nostalgia.
Surgieron
los fantasmas
entre la sombra densa
entre la niebla pálida.
¿La ruta que seguía? Como muchas.
Una ruta apacible jalonada
de fresnos de mimbreras
y de álamos de plata.
Pero de pronto un viento
de ansiedad soterrada
de las cenizas frías
hizo surgir la llama.
Y busqué aquella encina
de sombra generosa y apretada.
El puente sobre el río
las voces de mi infancia
y al levantar los ojos:
busqué el cielo de España.
¿Qué quieres tú que tenga?
Nada.
Apenas vagamente
un poco de tristeza y de nostalgia.
LA MÁSCARA
Ordené
a mis palabras:
iréis por este cauce
sin premura sin ansia.
Como las aguas quietas
y mansas
iréis así sumisas
dóciles condenadas.
No turbaréis ya más
los remansos del alma.
No cambiaréis la sombra
en crepitantes llamas.
No haréis brotar las rosas
en llanuras exhaustas.
He puesto
a mis palabras
una sutil
mordaza.
Un grillete a mis manos
impulsivas y ávidas
una soga
a mis plantas
y al corazón indómito
una férrea coraza.
Y así voy por las rutas
con mi voz aventada
con los puños cerrados
con mi sed ahogada.
Despojada criatura
cautiva sujetada
ceñida de cadenas
cercada de murallas.
Y así voy por las rutas
con mi muerte aceptada.
¡Oh la terrible horrenda
tragedia de esta máscara!
LA ARDILLA
Dime tú: volandera
trapecista del cielo.
Ovillo inquieto. Suave
penacho en movimiento.
Interrogante ansioso.
Despabilado fuego.
Arabesco del aire.
Fuego rubio sin freno.
¿Qué radiogramas captas
en los hilos del viento?
¿Vislumbras el dintel
de la puerta del cielo
el arpa de la lluvia
los nudos del silencio?
Ya sé.
Con el invierno
te irás ¡oh dulce esquiva!
¿Desde qué tronco hueco
desde qué alta atalaya
me observarás sufriendo?
No habrá calles ni casas
ni vida sin tus juegos.
Nos tumbaremos rígidos
bajo losas de tedio
desmadejados lívidos
comidos de bostezos.
Le dirás a la nube
a la raíz del pétalo
a los gallos del alba
al pulso de los ecos
¿con qué ternura te amo?
¿de qué nostalgia muero?
De VISIONES Y SORTILEGIOS (1945-1960)92
Ninguno se dio cuenta
todavía
de que mi pena y mi voz
no son mías.
Nadie
adivina
que en una existencia
antigua
he vivido
otra vida
que en otras primaveras florecieron mis dedos
y otras desilusiones cercenaron mis risas.
Ninguno vio
la vieja herida
y el reflejo de otros muchos reflejos
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