“Ma Questo,”
dijo el Jefe, “è divertente.”
Captando el sentido antes que los estetas se dieran cuenta;
después de desecar la inmundicia cerca de Vada
de las marismas, cerca de Circeo, de donde nadie la habría desecado.
Esperaron 2000 años, comiendo trigo de los pantanos;
agua potable para diez millones, otro millón de “vani”
es decir, habitaciones para que viviera la gente en el
XI de nuestra era.
[“Ma Questo,”
Said the Boss, “è divertente.”
Catching the point before the aesthetes had got there;
Having drained off the muck by Vada
From the marshes, by Circeo, where no one else would have drained it.
Waited 2000 years, ate grain from the marshes;
Water supply for ten million, another one million “vani”
That is rooms for people to live in
XI of our era.]
Esta parte de los Cantares elogia a Mussolini, que secó los pantanos de la aldea de Vada, en la provincia de Livorno, en la Toscana, cerca de la ciudad de Circeo, algo que nadie había hecho desde los tiempos de Tiberio, cuando ya empezó a hablarse de hacerlo. “ Vani ” significa “habitaciones,” y la fecha final es el año decimoprimero de la era fascista.
El antisemitismo de Pound fue una aberración, si bien se inspiraba en cuestiones económicas, en especial la usura, y él buscaba fundamentarlo. Existe una amplia documentación sobre el antisemitismo de Pound, especialmente en sus programas de Radio Roma, donde hablaba en contra de Inglaterra e intentaba impedir que Estados Unidos entrara en la guerra. 1 En Ezra Pound and Italian Fascism , Tim Redman aclara que debe enfatizarse el hecho de que Pound no estaba enterado del horror perpetrado por los nazis en el momento en que él hablaba por Radio Roma contra la guerra. De hecho, no existen pruebas de que indique que estuviera enterado de la existencia de los campos de exterminio (Redman 5).
Cabe recordar un encuentro histórico con el poeta beat estadounidense Allen Ginsberg. Judío, homosexual y simpatizante de la izquierda, Ginsberg viajó a Italia para ver a Ezra Pound, antijudío, heterosexual y simpatizante de la derecha. Ginsberg llegó a Sant’ Ambrogio, cerca de Rapallo, donde vivía Pound con Olga Rudge, compañera de toda su vida en Italia, en el verano de 1967, y cantó el Hare Krishna frente a la casa. La primera pregunta que hizo Ginsberg al ver a Pound y a Olga Rudge fue: “¿Necesitan algo de dinero?” Conversaron y Ginsberg le hizo escuchar a Pound unos discos de los Beatles y de Bob Dylan, luego cantó mantras, acompañándose con una armónica. Pound insistía en decirle que su propia poesía no servía para nada. Ginsberg lo contrarió: los Cantares , afirmó, eran un ejemplo incomparable de la economía del lenguaje. Pound le aclaró: “A los 70 años me di cuenta de que, en vez de ser un lunático, era un imbécil.” “Usted nos ha mostrado el camino,” le dijo Ginsberg. “Mientras más leo su poesía, más convencido estoy de que es la mejor de nuestra época. Y su economía es correcta. Cada vez nos damos más cuenta, al ver a Vietnam. Usted nos demostró quiénes hacían ganancias con las guerras.” Pound le contestó: “Cualquier bien que pude hacer fue echado a perder por malas intenciones, por preocupaciones con cosas sin importancia, estúpidas … Pero el peor error que cometí fue ese estúpido prejuicio suburbano del antisemitismo” (Carpenter 897-99). Y el poeta reitera su arrepentimiento en los bellos versos de “Notas para CXVII et seq.,” un cantar inconcluso.
Michael Reck publicó un memorable artículo en junio de 1968, titulado “Conversaciones de Ezra Pound con Allen Ginsberg,” en Evergreen Review de Nueva York. Nuestras referencias son a una traducción de Susana Greco en una selección de estudios poundianos, El poeta enjaulado . Ginsberg permaneció una semana al lado de Pound, en una época en que el poeta ya estaba sumido en el silencio. No obstante, habló con Ginsberg y respondió sus preguntas. Ginsberg le recitó las palabras de Próspero al final de La tempestad : “Próspero arrojó su vara mágica al final de la obra [ … ] Pero usted debe seguir trabajando, debe registrar las últimas escenas del drama. Usted todavía tiene mucho que decir. Después de todo, ahora no tiene nada que perder. Usted se halla trabajando, ¿verdad?” Pound se mantuvo en silencio. Viene a nuestra mente el último Cantar, el CXX:
He intentado escribir el Paraíso
no se muevan
tejen que el viento hable
eso es paraíso.
Que los Dioses perdonen lo que
he hecho
que los que amo traten de perdonar
lo que he hecho.
[I have tried to write Paradise
Do not move
Let the wind speak / that is paradise.
Let the Gods forgive what I
have made
Let those I love try to forgive
what I have made.]
Antes de su entusiasmo por el fascismo y su antisemitismo, como apunta su biógrafo A. David Moody, tan temprano como el otoño de 1919 y la primavera de 1920, desde las páginas de The New Age , fustigaba a todos los enemigos del esclarecimiento, entre los que se encontraban las religiones, los nacionalismos y el sistema económico capitalista. Ofendían los derechos y libertades individuales y destruían la paz y la civilización (Moody 369). Pound era un luchador rebelde que defendía sus ideas y principios con terquedad, y se expresaba con una franqueza y falta de tacto que resultaban inaceptables para quienes eran el blanco de sus ataques. Sus opiniones eran terminantes; sus juicios, lapidarios. En una carta de abril de 1934 ataca a los diarios por su mediocridad: no hay verdad en la prensa. De las universidades, dice que no hay en ellas “vida intelectual.” Y que hay excelentes autores que el “fétido sistema editorial” estadounidense no quiere publicar ( Letters 256). En sus cartas desprecia y ataca a Milton, a Tennyson y a Francis Thompson. Wordsworth es “una oveja aburrida” (90); Sandburg, “un leñador” (99); Claudel, un palurdo de pacotilla (205); Bernard Shaw, “un pobre piojo” (284).
Sus críticas y comentarios adversos le causaron sinsabores y le acarrearon docenas de enemigos. Es posible que fuera demasiado exigente y midiera a los demás escritores con una vara severa en exceso. Era un idealista que en literatura soñaba con una renovación modernista que superara el romanticismo y el victorianismo aún reinante y, sobre todo, con un Risorgimento literario, al que se refiere ya en Patria mía , de 1912. Su entronización de Mussolini también tiene que ver, sostiene Redman (77), con la necesidad que tenía de creer (después de su desilusión con Gran Bretaña y Francia) que bajo su líder Italia estaba al borde de un nuevo Renacimiento, y su deseo personal de ubicarse en el centro o vortex de un movimiento nuevo, como antes en el imaginismo e incluso en el vorticismo.
En el otro platillo de la balanza tienden a contrarrestar el gran peso negativo esencialmente su obra, de inmensa importancia como poeta, traductor, crítico, maestro; como figura primordial en la renovación literaria que representó el modernism , es decir, la vanguardia filosófica y artística de principios del siglo XX; sus estudios y traducciones de culturas poco difundidas en su tiempo, como la de los trovadores y la Provenza, la de la China de Confucio, la de Egipto y Japón, a las que infundió nueva sangre; también su enorme generosidad con amigos y discípulos; y quizá, por sobre todo, su entrega total y absoluta, su honda reverencia por el arte de la poesía.
Una de sus mayores contribuciones a la poesía es su insistencia en el principio de la renovación, su convicción de que cada época debe producir su propia poesía, concepto que resume en su ideal Make It New , ideal que no se sostiene solo, pues se origina en el respeto absoluto por la tradición: se construye sobre los cimientos de la gloria pasada, que pervive. El talento individual, como sostiene también Eliot, se suma a la larga tradición, que es más amplia que el individuo. Sin la larga ortodoxia de la tradición, la suma de lo mejor que se ha creado, el respeto y reverencia debidos a ella, lo actual languidece, pierde brillo. La nueva voz pierde significación.
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