Ts’ai Chi’h
Ts’ai Chi’h
In a Station of the Metro
En una estación del metro
Alba
Alba
Heather
Brezo
The Faun
El fauno
Coitus
Coito
The Encounter
El encuentro
Papyrus
Papiro
Ione, Dead The Long Year
Ione, muerta hace un largo año
Ιμέρρɯ
Ιμέρρ ɯ
To Formanius’ Young Lady Friend
A la joven dama de Formanius
Ladies
Damas
Tame Cat
Gato manso
The Tea Shop
Salón de té
The Lake Isle
La isla del lago
Black Slippers: Bellotti
Zapatillas negras: Bellotti
Epilogue
Epílogo
The Three Poets
Los tres poetas
The Gypsy
El gitano
Provincia Deserta
Provincia desierta
NOTAS
OTROS POEMAS (1915-1920)
Near Perigord
Cerca de Perigord
Phyllidula
Phyllidula
Pagani’s. November 8
En Paganini, 8 de noviembre
To a Friend Writing on Cabaret Dancers
A un amigo que escribe sobre bailarinas de cabaret
Homage to Quintus Septimius Florentis Christianus
Homenaje a Quintus Septimius Florentis Christianus
Fish and the Shadow
El pez y la sombra
Cantico del Sole
Cantico del Sole
Langue d’Oc
Langue d’Oc
Moeurs Contemporaines
Moeurs Contemporaines
Cantus Planus
Cantus Planus
Homage to Sextus Propertius
Homenaje a Sextus Propertius
Hugh Selwyn Mauberley
Hugh Selwyn Mauberley
NOTAS
BIBLIOGRAFÍA
Introducción
Ezra Pound. Primeros poemas (1908-1920) recoge una selección de los poemas que el poeta escribió y publicó entre los primeros años del siglo XX y los siguientes a la Gran Guerra. No es tarea sencilla abordar a un escritor como él, una de las figuras literarias más controvertidas del siglo XX. Para quien lo reverencia como poeta, traductor, crítico y generoso amigo de muchos escritores, Pound puede llegar a ser una pesada carga moral y psicológica capaz de generar una crisis profunda, pues hay aspectos inaceptables en quien hizo gala de antisemitismo y fue acusado de traición a su patria. Sintió gran admiración por Mussolini, en quien creyó ver el modelo perfecto del estadista que había destruido la plutocracia y hecho un verdadero arte de la política. Lo consideraba el creador de un estado modelo justo, ordenado y progresista, y veía en él a un líder que había devuelto a Roma su gloria del pasado. En 1933 conoció al Duce personalmente. Le había enviado su volumen A Draft of XXX Cantos , publicado en París tres años antes. Esbozó para él sus ideas económicas sobre la reforma monetaria. Estaba entusiasmado, enloquecido con sus creencias, que al parecer le impedían ver la realidad. Esa única entrevista que mantuvieron debe de haber sido como un diálogo de sordos. ¿Podía interesarle al antojadizo e irascible Duce, de quien se desconocía una inclinación por la poesía, lo que le decía Pound, un norteamericano excéntrico? ¿Maravillarse ante un poeta estadounidense cuya poesía, aun en el supuesto caso de que llegara a leerla, le parecería incomprensible? Cada uno, el poeta y el gobernante, estaba en su esfera propia: cada uno entonaba una tonada imposible de armonizar con la del otro.
No sabemos lo suficiente acerca de las fantasías del ególatra dictador, pero hemos estudiado a Pound y creemos que ya en esa época se iba internando cada vez más en su propia obsesión, dominado por una serie de teorías económicas complejas, ideales e irrealizables. En varias oportunidades, muchos de sus amigos dudaron de su equilibrio mental y no llegó a ser sometido a juicio en Estados Unidos justamente por ello. El 18 de abril de 1958 oyó en una corte federal de los Estados Unidos que se le declaraba permanente e incurablemente insano e incompetente, al punto de que ni siquiera podría librar cheques (Kenner 1071: 535). Se le liberó bajo la custodia de su familia. Nunca se levantaron los cargos contra él, en especial el de traición a la patria.
Escribe Humphrey Carpenter, uno de sus biógrafos, que Richard Aldington, el poeta amigo de Pound (a quien, junto con Hilda Doolittle, Pound nombró imagiste ), fue uno de los primeros en sugerir que Ezra padecía un complejo de persecución: se sentía maltratado por críticos y enemigos. Después de la pelea de Pound con la poeta Amy Lowell en el verano de 1914, Aldington dijo que Ezra se veía “terriblemente enfermo” y decía tener “gota cerebral.” Quizás estuviera un poco “cracked” (chiflado). Carpenter cree ver un síntoma de paranoia en una nota de Pound agregada a Cathay , en la que hace referencia al odio que le tienen muchos, y a la envidia que sienten por haber él declarado creer “en algunos artistas jóvenes” (Carpenter 295). Por su parte, James Laughlin, uno de sus mejores amigos, discípulo y editor de toda su obra en su editorial New Directions, se refiere al dolor que le causó Pound en la década de 1940 por su extremo antisemitismo. Escribe Laughlin que logró comprender la obsesión de su maestro de una manera más caritativa cuando el doctor Overholser, jefe de psiquiatras del hospital de St. Elizabeth, donde estuvo recluido el poeta, le dijo: “‘Usted no debe juzgar a Pound moralmente; debe juzgarlo médicamente.’ Me explicó que Ezra era paranoico y que su antisemitismo es un elemento reconocido en la paranoia. Pound no podía controlarse” (Laughlin 15).
Existen numerosos comentarios sobre sus obsesiones. Quizás el golpe afectivo más terrible que recibió Pound fue la muerte de su amigo, el escultor Henri Gaudier-Brzeska, en la Gran Guerra. Desde ese momento empezó a ver que las guerras tenían una causa fundamentalmente económica: eran instigadas y fomentadas por fabricantes de armas y banqueros, que para Pound eran, en su mayor parte, usureros judíos. Sus blancos de ataque eran los Rothschild, que personificaban las finanzas internacionales, y los Schneider-Creusot, fabricantes de armas, que vendían tanto a los alemanes como a los aliados. Escribe al final del Cantar LXXVIII de los Cantares Pisanos :
no
hay
guerras
justas
[there
are
no
righteous
wars]
Y en una estrofa de “Hugh Selwyn Mauberley,” de 1920, se refiere a la muerte de tantas víctimas de los intereses que movían los hilos:
Murió una miríada,
y entre ellos, los mejores,
por una vieja perra desdentada,
por una civilización remendada,
encanto sonriente en la buena boca,
ojos vivaces bajo el párpado de la tierra …
[There died a myriad,
And of the best, among them,
For an old bitch gone in the teeth,
For a botched civilization,
Charm, smiling at the good mouth,
Quick eyes gone under earth’s lid … ]
La causa, el gran crimen, escribe Pound, es la usura:
Murieron algunos, pro patria,
ni “dulce ni “et décor ” …
caminaron con el infierno hasta los ojos
creyendo en las mentiras de los viejos, luego dejando de creer
volvieron a casa, a una mentira,
a casa a muchos engaños,
a casa a viejas mentiras y una nueva infamia;
a la usura vieja como el tiempo …
[Died some, pro patria,
Non “dulce” not “et decor”
Walked eye-deep in hell
Believing in old men’s lies, then unbelieving
Came home, home to a lie,
Home to many deceits,
Home to old lies and new infamy;
Usury age-old and age-thick … ]
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