En 1414 emprendió el viaje de regreso. En Venecia, una vez más sus compañeros la abandonaron. Y entonces se cumplieron las palabras de su confesor, el santo anacoreta, cuando al despedirse de él en Lynn le dijo que un hombre con la columna rota la guiaría hasta Roma. Sería un pobre irlandés, llamado Richard, de unos cincuenta años que realmente tenía fracturada la columna. Tras alcanzar un acuerdo, ambos se unieron a dos franciscanos y a una mujer que volvían de Jerusalén. Pese a que los religiosos no hablaban inglés, durante el viaje se ocuparon de su comida, bebida y alojamiento como si de ellos mismos se tratara . 40
Antes de llegar a Roma Margery visitó Asís donde habló con un franciscano inglés el cual le recordó la gran deuda que tenía con Dios por la alta gracia que infundía en su alma. En la capilla de la Portiuncula, el día uno de agosto, festividad de Lammas, recibió la indulgencia plenaria. Más de un siglo antes, había hecho lo mismo la gran visionaria umbra Ángela de Foligno (h. 1248-1309), autora del Memorial , una obra que en numerosos aspectos anticipa el Libro de Margery. Igual que hiciera Ángela de Foligno, también Margery lloró, gritó y conversó con su amado Jesucristo en las iglesias de Asís.
Margery permaneció en Roma alrededor de seis meses: desde finales de 1414 hasta principios de 1415. Lo primero que hizo fue vestirse toda de blanco tal como nuestro Señor le había ordenado años antes. Durante algún tiempo residió en la hospedería de santo Tomás de Canterbury, construida para los peregrinos ingleses y que funcionaba desde 1362. Allí comulgaba todos los domingos, con grandes llantos y agudos gritos, hasta que fue expulsada a causa de las maledicencias de uno de los sacerdotes que la acompañaron a Jerusalén.
Necesitaba un confesor y, dado que en Roma no conocía a ninguno que pudiera confesarla en inglés, acudió a la iglesia de Santa Catalina que estaba enfrente de la hospedería inglesa. El párroco, con quien había hablado antes Richard para informarle quién era ella y qué deseaba, no sabía inglés. Se limitó a decir a Margery que recitara el Confiteor y que luego le daría la comunión. Entonces nuestro Señor envió a san Juan Evangelista para que escuchara su confesión. 41
Un culto sacerdote alemán llamado Wenslawe, muy apreciado por los ciudadanos de Roma donde había alcanzado los cargos más altos que un clérigo extranjero podía conseguir y que oficiaba en la iglesia de San Juan de Letrán, pese a no hablar tampoco inglés, se convirtió en el confesor de Margery y en su más firme defensor contra las murmuraciones y ataques de la gente durante la mayor parte del tiempo que ella vivió en Roma. Al principio, se valieron de un intérprete para hablar entre ellos. Pero poco después, gracias a las plegarias realizadas durante tres días por el sacerdote, por Margery y por otras buenas gentes, el clérigo alemán entendía lo que ella le decía en inglés, y ella comprendía lo que él le decía. Sin embargo,y para asombro de todos, el clérigo alemán seguía sin comprender el inglés que hablaban otras personas.
Igual que sucedió en Tierra Santa, también en Roma, Margery lloraba, suspiraba y gritaba con tal fuerza y tan horripilantemente que con frecuencia la gente tenía miedo. Y por eso muchas personas la difamaban, sin creer que fuera obra de Dios, sino más bien de algún espíritu maligno, o una enfermedad repentina, o quizás algún fraude e hipocresía, algo inventado por ella para engañarse a sí misma . Sin embargo el sacerdote alemán estaba convencido de que sus sentimientos eran verdaderos, defendiéndola siempre, debido a lo cual tuvo que soportar muchas murmuraciones y mucha tribulación , aunque en ningún momento pensó en renunciar a su cargo. Desde él defendería mejor a Margery a quien protegía y ayudaba como si de su hermana o su madre se tratara.
En Roma, sus compatriotas compañeros de peregrinación y, especialmente, un sacerdote que la criticaba con acritud por vestir de blanco fueron los peores enemigos de Margery. Su confesor la convenció para que no vistiera de blanco. Sin embargo tuvo que soportar después mucho desprecio de las mujeres de Roma .
Por mandato de su confesor y como penitencia, Margery sirvió durante seis semanas a una pobre anciana enferma como si se hubiera tratado de nuestra Señora. Siguiendo el ejemplo de santa Brígida de Suecia, no vaciló en mendigar de casa en casa pidiendo para ambas, acarrear agua y leña sobre sus hombros para esta mujer, o dormir sobre el suelo sin mantas hasta terminar llena de parásitos. 42
El día de la fiesta de san Juan de Letrán de 1414, probablemente el nueve de noviembre, se produjo el que sin duda fue el episodio culminante de la trayectoria y del devenir espiritual de Margery. En la iglesia de los Santos Apóstoles de Roma recibió la más extraordinaria de todas sus visiones; ese día supo por primera vez lo que significaba la unión mística con Dios. El mismísimo Padre del Cielo se presentó ante ella y le dijo que viviría eternamente con él, pues la desposaría con su divinidad . Hasta entonces ella tenía puestos todo su amor y afecto en la humanidad de Cristo . Margery quedó muy sorprendida cuando el Padre del cielo la tomó de la mano, en presencia del Hijo, del Espíritu Santo, de la Virgen y de los Apóstoles, de santa Catalina, de santa Margarita y de otros muchos santos y vírgenes, y le dijo: Margery, te tomo por mi esposa, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, siempre que seas humilde y sumisa para cumplir lo que te ordene que hagas.43
Para que estuviera segura de que era Dios quien le hablaba y que eraél quien la protegía, el Señor le envió tres señales seguras. Primera, unas motas blancas revolotearían a su alrededor: eran los muchos ángeles que la acompañaban, protegiéndola de día y de noche para que ni los demonios ni las malas personas pudieran hacerle daño. Segunda, durante dieciséis años y cada día con mayor intensidad, sentiría en su pecho y en su corazón una llama de fuego de amor, maravillosamente cálida y deleitable y muy confortable . El día que la sintió por primera vez tuvo miedo, pero Nuestro Señor le dijo que no temiera, que era calor del Espíritu Santo. Y por último, una especie de ruido como si un fuelle soplara en su oreja, que duraría casi veinte años antes de escribirse el Libro . Era el sonido del Espíritu Santo que de manera muy rápida nuestro Señor lo convertía en ruido de paloma o en el canto de un petirrojo que, con frecuencia, cantaba muy alegre en su oído derecho.
Cristo le dijo que necesariamente debería intimar con ella y que se acostaría en su cama, y ella podía tomarle con los brazos de su alma, besar su boca, su cabeza y sus pies con tanta dulzura como quisiera. La unión mística de Margery con Cristo difícilmente podía ser más estrecha. 44Desposada con la Divinidad debería vestir siempre de blanco y nuestro Señor le ordenó que acudiera a su confesor y le pidiera su autorización para ponerse de nuevo sus vestidos blancos . 45
Siguiendo el mandato de nuestro Señor, Margery se volvió pobre de solemnidad, desprendiéndose, por amor a Cristo, de todo el dinero que poseía. Para subsistir mendigó por las calles de Roma, pidiendo de puerta en puerta, y aceptando las invitaciones de las buenas gentes que la sentaban a su mesa. 46
De este modo, Margery seguía los pasos de santa Brígida de Suecia 47, visionaria y peregrina como ella, que había vivido en Roma donde murió en 1373, poco después de volver de Tierra Santa. En 1391 había sido canonizada. Margery mostró un gran interés por conversar con quienes la habían conocido y habían mantenido relaciones con ella. Sirviéndose de un intérprete habló con una antigua sirvienta de la santa sueca, la cual le dijo que su señora era agradable y amable con todo el mundo, y que mostraba un semblante sonriente . También el dueño de la hostelería donde Margery se hospedaba había conocido a Brígida aunque, según dijo, apenas se dio cuenta de que había sido tan santa mujer, pues se mostraba muy familiar y amable con cualquier persona que deseaba hablar con ella. Naturalmente, Margery visitó la habitación donde había muerto santa Brígida, y se arrodilló sobre la piedra en la que nuestro Señor se apareció a la santa diciéndole que ese mismo día moriría. En una de las festividades de santa Brígida se produjo una tormenta tan grande que Margery interpretó como una señal de que debería recibir más culto que hasta entonces.48
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