Por mandato expreso de nuestro Señor, en Norwich visitó a la reclusa y escritora Dame Julian , la única mística ilustre a la que Margery conoció y trató en vida. 29Pasó con Juliana varias jornadas manteniendo con ella edificantes conversaciones, dialogando sobre el amor de nuestro Señor Jesucris to y escuchando sus consejos y aprendiendo de sus enseñanzas. 30Reputada experta en fenómenos místicos parecidos a los experimentados por Margery, Juliana le dio consuelo, esperanza y la guió sobre los diálogos y conversaciones con Jesucristo, y sobre sus incontrolables llantos y suspiros.
Para poder abandonar la casa familiar de Lynn Margery necesitaba el consentimiento de su marido . John se lo concedería creyendo que era la voluntad de Dios. Al comienzo, acompañó a Margery en algunos viajes. El primero, lo realizaron por Yorkshire en 1413. Visitaron la ciudad de York, Bridlington, Canterbury, Lincoln y Londres. Margery se vio con personajes históricamente identificables como Philip Repingdon, obispo de Lincoln, y Thomas Arundel, arzobispo de Canterbury. Ante Philip Repyngdom, obispo de Lincoln, los esposos realizaron el mentado voto de castidad, ordenando el prelado a Margery que escribiera el Libro . 31En Canterbury, mientras se hallaba en la iglesia con los monjes, fue insultada y reprendida, tanto por los monjes y los sacerdotes como por los laicos, por llorar muy abundantemente durante casi todo el día. Fue acusada de falsa lollarda, es decir peligrosa para el orden social establecido, y a punto estuvo de arder en la hoguera quemada por la multitud. 32También en Lambeth, Londres, donde tenía su residencia el arzobispo de Canterbury, fue acusada de lollar- da, peligrando su vida pese a que se defendió con habilidad. El arzobispo Thomas Arundel le dió licencia por escrito para elegir confesor y para que comulgara todos los domingos. 33
Margery visitó otros muchos lugares, iglesias, monasterios y centros religiosos de Inglaterra. Acudía dondequiera que se veneraran santas reliquias o alguna imagen sagrada que gozara de popularidad. En compañía de su esposo o sola.
Probablemente fue en el otoño de 1413 cuando Margery emprendió la peregrinación a Tierra Santa. No quiso abandonar Lynn sin antes saldar todas las deudas pendientes. Para ello pidió a su párroco que desde el púlpito de la iglesia de Santa Margarita anunciara que fueran a verla sus acreedores para llegar a un acuerdo. Luego se despidió de su marido y de un anacoreta que le había dado información sobre las etapas del camino a Jerusalén y de todo lo que le sucedería en el viaje. También se despidió de sus amigos y de su confesor, Robert Spryngolde, pidiéndole su bendición.
Antes de embarcar en el puerto de Yarmouth, Margery realizó una ofrenda en la catedral de la Trinidad de Norwich y otra en honor de una imagen de la Virgen que, probablemente, se encontraba en la iglesia de San Nicolás de Yarmouth. 34Desde Yarmouth navegó hasta Zierikizee en Holanda, y atravesó luego el continente hasta Constanza.
Durante el viaje no cesó de llorar y de referir sus visiones y sus experiencias místicas a sus compañeros. Mientras se sentaban a la mesa o en cualquier otro lugar. Mas a diferencia de lo que sucedía con su marido, los compañeros peregrinos no soportaban sus llantos, suspiros y gemidos, criticándola e injuriándola con acritud y pidiéndole que se alejara de ellos y viajara como pudiera.
Un día, mientras Margery oraba en la iglesia, nuestro Señor le dijo que no temiera: que todos llegarían seguros a Constanza. 35Allí Margery se confesó con un fraile inglés, legado del papa, al cual contó los problemas que tenía con sus compañeros peregrinos. El legado la trató como si fuera su propia madre. Sin embargo fracasó al mediar para que Margery pudiera continuar el viaje en compañía de sus compatriotas.
Tras ser abandonada por sus compañeros, el legado se ocupó de cuanto Margery necesitaba para proseguir el viaje. Angustiada por carecer de un guía ella acudió a rezar a la iglesia y nuestro Señor le dijo que tendría uno excelente. Y realmente sucedería así, alcanzando la ciudad de Bolonia antes que sus ex compañeros quienes, maravillados, le suplicaron que se uniera otra vez al grupo. Así lo hizó y todos juntos alcanzaron Venecia, permaneciendo en la ciudad durante trece semanas hasta que estuvo listo el barco en el que viajarían a Tierra Santa. 36
Cuando se disponía a subir a la nave fletada por sus compañeros, quienes no habían contado con ella al acondicionar el barco para la travesía, nuestro Señor advirtió a Margery interiormente que no viajara en aquel barco, sino en una galera que él le asignó y en la que, finalmente, embarcaron todos ellos. Durante la navegación Margery padeció continuas tribulaciones y molestias de sus mezquinos compañeros, quienes llegaron a encerrar bajo llave la ropa de su cama. Incluso un sacerdote le arrebató una sábana. La navegación concluyó en el puerto de Jaffa desde donde continuaron a Jerusalén. 37
Como Jesucristo, Margery hizo su entrada en Jerusalén montada en un asno , conversando en su alma con nuestro Señor. Por la alegría y dulzura que sentía a punto estuvo de caerse del asno si no lo hubieran evitado dos peregrinos alemanes que caminaban a su lado. La primera noche y el día siguiente los pasaron en el templo del Santo Sepulcro. Después, un fraile franciscano guió a los peregrinos por los lugares en los que nuestro Señorhabía padecido sus dolores y su pasión, llevando hombres y mujeres una vela de cera en la mano. Cada vez que Mergery oía hablar de los padecimientos de Cristo en los lugares que visitaban lloraba y sollozaba muy abundantemente. Cuando llegaron al Monte Calvario cayó al suelo pues no podía mantenerse en pie ni arrodillada, retorciendo y moviendo violentamente su cuerpo, agitando los brazos, y gritando con tal fuerza como si su corazón fuera a explotar en pedazos, pues en la ciudad de su alma veía real y claramente cómo nuestro Señor era crucificado. 38
Precisamente, fue en el Monte Calvario donde Margery gritó y dio alaridos por primera vez mientras meditaba. Hasta entonces se había limitado a llorar, suspirar y gemir con más o menos fuerza. A partir de entonces sus gritos y alaridos se repetirían con frecuencia, especialmente siempre que oía hablar de la Pasión de Cristo, veía un crucifijo, o si delante de ella golpeaban a un niño o a una bestia creyendo que golpeaban o herían al mismo Jesucristo. En ocasiones sus alaridos eran tan inauditos y prolongados que agotada físicamente rodaba por el suelo. Tan reales eran las visiones de Cristo y de su Pasión que creía ver con los ojos de su cara al hijo de Dios colgando ante ella y a su sangre fluyendo abundantemente de cada uno de sus maltrechos miembros. Aunque lo intentara era incapaz de reprimir sus gritos ni sus contracciones y acababa revolcándose por los suelos. 39
Semejante manera de gritar la acompañaría el resto de sus días: cuando visitó Roma y cuando volvió a casa en Inglaterra. Y sus gritos jamás se produjeron sin una gran e incomparable dulzura de devoción y alta contemplación . Al escucharla, algunos hombres espirituales la amaban y la apreciaban todavía más . Sin embargo, algunos doctos clérigos decían que nuestra Señora nunca gritó de esa manera. La mayoría de la gente ordinaria afirmaba que estaba enferma, poseída por el maligno o que había bebido demasiado vino. Unos la maldecían y otros deseaban que estuviera en medio del mar en un bote sin fondo.
Margery permaneció en Jerusalén tres semanas aunque el Libro no dice cuánto duró su estancia en Tierra Santa. Considerando que el barco de Venecia realizaba el viaje dos veces al año se puede suponer que permaneció allí unos seis meses.
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