LA FUERZA DE LA NATURALEZA
Inundaciones. Una noche nos convocan al cuartel para comenzar asistir y evacuar a las familias de nuestro querido pueblo de Lima, falto de obras de desagüe se estaba inundando en los lugares más bajos, la lluvia torrencial durante muchas horas inundaron calles veredas y casas, provocado por el agua proveniente de los campos aledaños que tenían todos su desagüe hacia el pueblo, esto hacía colapsar todo obviamente, esa noche no había luz, conformamos un par de equipos y nos dirigimos hacia los puntos donde se nos requería, como éramos más de la capacidad del móvil algunos salimos caminando bajo la lluvia con linternas y a la luz de los relámpagos, a los 102 metros ya el agua nos llegaba a las rodillas, esto hizo que se nos llenen las botas con agua poniéndose muy pesadas, uno atrás del otro en fila india, el de adelante con un palo para buscar lugar firme donde pisar y no caer en algún poso. Todo el camino era agua y más agua por todas partes, el viento soplaba, la lluvia fría en la cara, el visor del casco se empañaba con mi respiración, ahí estaba yo en camino junto a mis compañeros en busca de una familia que nos esperaba, al acercarnos una mujer gritaba en la oscuridad para que supiéramos dónde estaban, el agua nos daba por la cintura, y dentro de la vivienda sus hijos parados arriba de la mesa, algunas de sus pertenencias en lugares altos, otras flotaban, los chicos lloraban y el padre nos decía; -lleven a mis hijos y mujer yo me quedo a cuidar mi casa. Decisión muy personal que nadie cuestionó. Tomé en brazos a una niña para llevarla hasta el móvil, ella con sus ojos grandotes que brillaban en la oscuridad me abrazó fuerte con miedo a caerse, la cubrí de la lluvia fría, sentí su calidez y su abrazo, sentí mucho orgullo y satisfacción de lo que estábamos haciendo. Detrás mío otro compañero hacía lo mismo. Me invadió un sentimiento de tristeza, por esta gente, que como tantas otras esa noche el agua le arruinó años de esfuerzo y trabajo, ver que lo que tanto ha costado se pierde en horas es muy doloroso.
Unos años después la caída de lluvias volvió a ser muy abundantes en toda la región, inundando grandes parcelas de campos, que al drenar hacia los canales que derivan a los ríos y brazos de los mismos, esto se desbordaban ocasionando cortes de calles, caminos y rutas nacionales, en este caso acudimos a un servicio en ruta nacional número 9 a la altura del río Areco kilómetro 110, donde el agua comenzó a tapar la cinta asfáltica. Los primeros en encontrarse con ese espejo de agua y al venir a alta velocidad se despistan, quedando al costado de la banquina, en el cantero central, lugar más profundo y de mayor correntada. Cuando llegamos ya no llovía mucho, pero el agua estaba subiendo cada vez más. Nos encontramos con un vehículo y una mujer de avanzada edad dentro del habitáculo con el agua hasta el pecho, hacía frío, me llamó mucho la atención que su hijo estaba paralizado en la parte seca que no llegaba el agua, viendo como su madre estaba atrapada al no poder salir, ya que la misma fricción y presión de la corriente no les permitió abrir la puerta. Sumado a esto, la señora no caminaba, así que dos de mis compañeros abrieron la puerta y la saqué en brazos para ubicarla en la camilla de la ambulancia que ya había llegado, ella decía muchas gracias muchachos temblando de frío. Comenzó a llover más, levantamos nuestras herramientas y volvimos a casa.
Después de cenar me quedé a dormir en el cuartel esa noche, para acompañar al de guardia, con otro compañero, éramos tres en total, luego de comer ordenamos la cocina, cerramos todo y nos fuimos a la habitación a mirar la televisión. Los otros dos se durmieron enseguida, terminé de ver la película y lo apagué. Recuerdo estar en la cama del medio, y como siempre antes de dormir, reflexiono sobre lo vivido durante mi día. Entre los ronquidos de mis dos compañeros, llegué a escuchar algo, pero no le di importancia. Pasado unos minutos me acomodé en la cama, me tapé bien, me acurruqué y me dispuse a dormir, pero antes escucho otra vez un ruido, que me despabiló, miré a mis dos lados y los chicos seguían en un sueño profundo. Pensé debe ser algún gato que anda afuera del galpón, viento no había. Como a la hora más o menos otra vez un ruido más fuerte, me senté en la cama y llamé a los otros, les conté que escuché ruidos y se reían; -deja de joder dormite, me dijeron, pero Inquieto y medio asustado ya no pude dormir. En eso escucho un golpe en una de las taquillas de chapa del vestuario improvisado que teníamos en ese momento. No había dudas, alguien o algo lo hacía. Los volví a despertar, les dije; hay alguien adentro haciendo ruido, -¿no escuchan ustedes?, nos sentamos los tres cada uno en su cama, expectantes, pero nada, mientras ellos estaban despiertos no se escuchaba nada, les ofrecí levantarnos a los dos para mirar y ver quién era, sus respuestas fueron; -déjalo debe ser alguno de los pibes que está escondido. -pero son las tres de la madrugada y cerramos todo a las diez de la noche.
¿Cuántas horas se va a quedar escondido acá dentro -dije a modo de interrogación? Se taparon y se durmieron otra vez, yo quedé mirando el techo y los ruidos comenzaron otra vez, ya no tenía dudas alguien estaba adentro del cuartel, pero no me animaba a salir de la habitación solo, los ruidos cada vez más cerca de la puerta, a todo esto, empezó amanecer y me dormí. Como no salimos a ver por miedo de no encontrar a nadie, nos quedamos pensando que fue alguno de los otros compañeros, el que haya sido, se quedó toda la noche haciendo ruido para que saliéramos y no lo pudo lograr, lo que sí logró es que me quedara pensando quién fue o que fue, duda que hasta el día de hoy tengo, porque nunca supe de alguien que se haga cargo de lo sucedido, uno de mis compañeros de esa noche me reconoció al otro día mientras tomamos mates, que él también escuchaba los ruidos, así que no era solo cosa mía y eso me dejó tranquilo, creo que de habernos levantado y no encontrar nada sería peor que quedarse pensando que fue alguno. Antes de lo que les conté, a un compañero que hacía la guardia solo, le habían pegado flor de susto, entre dos o tres, pero se supo quienes fueron en esa ocasión pues se hicieron ver. Tal vez fueron los mismos o tal vez no. Por las dudas en mi guardia me asesoraba muy bien que no quedara nadie adentro antes de cerrar todo y jamás escuché nada más que el galpón volver a su lugar después que pasara el tren cargado con bobinas a pocos metros haciendo que todo se mueva. Nunca sentí miedo de quedarme solo en la guardia cuando me tocaba, todo lo contrario, sentía placer, estaba haciendo lo que más me gusta y forjando mi futuro, como se extraña esos viejos tiempos donde sucedían aventuras nuevas.
Más allá de los sueños. Todos vemos nuestro futuro, cuando comenzamos a aprender a trazar nuestras primeras líneas y dibujar. De pequeños dibujamos muñequitos tomados de la mano; la familia que algún día tendremos. Días de sol y noches de luna que nos acompañarán. Dibujamos bicicletas, motos, una casa, un auto, que de grandes tendremos. También dibujamos paisajes que veremos en nuestros viajes. De chicos vemos lo que nos pasará, dibujamos, policías y bailarinas, también soldados y una mujer sentada en el jardín, Herramientas y flores, perros y gatos, pelotas de fútbol y todo tipo de animales. Si te detienes a pensar y regresar al pasado verás que has hecho un dibujo en tu niñez que refleja lo que llegaste a ser hoy o lo que deseaste y soñaste. De chicos dibujamos nuestro futuro y yo entre tantas otras cosas dibujé una familia hermosa y también un bombero enorme mucho más grande que el fuego. Si todavía no has hecho tu dibujo pues hazlo nunca es tarde para soñar y dibujar el tuyo. Muchos de nosotros somos lo que soñamos de pequeños.
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