Fue en serio la última vez. Su dignidad valía más que cualquier trabajo. Después de aquel día, Camila rompió los vínculos laborales con el banco y siguió trabajando solo con sus clientes y también como profesora en la facultad, la misma en la que lo había conocido.
Le costó recuperarse. Después de varios años y un par de nuevos fracasos sentimentales cargados sobre los hombros, por fin encontró estabilidad con un hombre merecedor de su amor.
Se repetía continuamente que darse siempre otra oportunidad para amar vale la pena, la alegría y el esfuerzo. Vencer los miedos es posible.
No supo más de él hasta una vez que recibió un correo electrónico que decía: «Hoy se cumplen diecisiete años del día más feliz de mi vida». Reconoció enseguida que era de Gastón porque el correo tenía su nombre, pero se sorprendió muchísimo.
No sintió ningún sentimiento negativo y hasta le hizo un poco de gracia y sintió curiosidad, porque no recordaba qué podía haber pasado exactamente hacía diecisiete años.
Pensó y pensó hasta que advirtió qué día era: 14 de febrero. Habían pasado diecisiete años desde aquella clase en la que ella elogió su camisa. Hizo memoria y recordó incluso el nombre del profesor: Dr. Gandía. Y los recuerdos empezaron a agolparse en su mente. Recordó cuánto anduvieron hasta encontrar un barcito con una mesa libre, el beso en el coche…, todo.
Dicen que el tiempo cura todas las heridas, pero a lo mejor no es así. Cerró los ojos y trató de atesorar por un instante solo los bellos momentos, sin pensar en lo mentiroso y manipulador que él era, y luego le escribió con los ojos brillosos, con el corazón en la mano, pero nunca lo envió. Tal vez pensó que la indiferencia era la mejor respuesta o, al menos, la que él merecía.
Gastón:
Quiero pensar solo en los bellos momentos, me lo propongo y lo logro. Cierro los ojos y me acuerdo de aquel día en el que me dedicaste el tema «Wonderful Tonight».
Yo no sabía nada de inglés y apenas entendí el título. Eran los 90, no había buscadores rápidos en la red ni teníamos teléfonos con Internet. Llamé a una amiga que sí hablaba inglés y me tradujo la letra.Yo estaba feliz, no sé si tomaste conciencia de lo que habías provocado en mi corazón, que ya venía herido.
Es increíble cómo la música marca nuestras vidas y convierte en inmortales ciertos períodos. Esta canción tiene ese poder con nuestra relación. Cada vez que la escucho, no puedo evitar llorar de amor y de dolor, y no entiendo si esos sentimientos son reales o provocados por algún lejano recuerdo.
Siento tu perfume junto a cada acorde, revivo tu sonrisa seductora de aquel día en el que me entregaste el casete con el tema grabado. Todavía recuerdo la emoción que sentí cuando descubrí que JAF, el cantante argentino, cantaba la versión en español.
Hoy definiría a nuestra relación como romántica, pasional y musical. Siempre había un tema que la marcaba, como aquella vez que en el coche me dijiste que tenías algo importante para decirme y pusiste la versión de «No sé tú» de Luis Miguel.
Me pregunto si alguna vez me amaste de verdad. Si fue así, entonces quisiera saber en qué momento dejaste de hacerlo o si nunca lo hiciste. Tal vez simplemente no sabías cómo amar a una mujer que te estaba entregando el corazón, porque estabas demasiado acostumbrado a un amor mediocre y pobre.
Yo te amé, te creí, te sentí y te sufrí con cada fibra de mi ser. Te busqué durante años en cada ínfimo recuerdo que me permitía el poco tiempo que no ocupaba en sobrevivir. No sabes durante cuántos años esperé alguna señal tuya, no tienes idea de cómo me latía de fuerte el corazón cuando creía verte por la calle en algún rostro anónimo en el que, inconscientemente, siempre te buscaba.
Te extrañé hasta desangrarme de nostalgia.Y todavía no sé si en verdad te extrañaba o extrañaba solo lo que imaginaba que pudo haber sido y no fue.Y ahora te dejo, necesito volver entera de este viaje en el tiempo, y si sigo escribiendo es probable que destruya el pedacito de mí que tanto me costó salvar.
Camila
SIN ROSTROS NI FRONTERAS
«El vacío legal era importante, pero mucho más el vacío afectivo, ese vacío dejado por amigos y familia que te carcome y te roe los huesos».
Deseo con todo mi corazón que algún día el ser humano juzgue menos y ame más.
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