Se abrió la puerta y en la sala-jardín iluminada por el tenue resplandor de las estrellas, hubo más luz. El comandante del Davenant asomó la cabeza y lo llamó; Shevek respondió; el comandante entró seguido de Ketho.
—Hemos recibido desde Anarres las instrucciones para el descenso —dijo el comandante. Era un terrano bajo, de un color ferroso, frío y formal—. Si está usted listo, iniciaremos las maniobras de lanzamiento.
—Sí.
El comandante asintió con un movimiento de cabeza y se marchó. Ketho se acercó hasta detenerse junto a Shevek en la escotilla.
—¿Está seguro de que quiere atravesar el muro conmigo, Ketho? Usted sabe que para mí es fácil. Suceda lo que suceda, para mí es el retorno. Para usted, en cambio, es la partida. «El verdadero viaje es el retorno…»
—Espero retornar —dijo Ketho con su voz tranquila—. A su debido tiempo.
—¿Cuándo pasaremos a la nave de aterrizaje?
—Dentro de unos veinte minutos.
—Estoy listo. No tengo nada que empacar. —Shevek se rió con una risa límpida, de pura felicidad. El otro hombre lo miró con aire grave como si no supiera muy bien qué era la felicidad, y sin embargo la reconociera o quizá la recordara, de un pasado remoto. Seguía de pie junto a Shevek como si quisiera preguntarle algo. Pero no preguntó.
—Estará amaneciendo en el Puerto de Anarres —dijo por último, y se alejó a recoger sus cosas; luego se reuniría con Shevek en la escotilla de lanzamiento.
Cuando se quedó solo, Shevek volvió a la escotilla. En aquel momento asomaba sobre el Terras la curva deslumbrante del sol naciente.
—Me acostaré a dormir en Anarres esta noche —se dijo—. Al lado de Takver. Me gustaría haber traído la postal, el corderito, para Pilun.
Pero no había traído nada. Como siempre, tenía las manos vacías.
Papá. Un niño pequeño puede llamar mamme o tadde a cualquier adulto. El tadde de Gimar pudo haber sido su padre, un tío o un adulto ajeno a la familia que la tratase con la responsabilidad y el afecto de un padre o de un abuelo. Es posible que Gimar llamara tadde o mamme a distintas personas, pero el vocablo tiene un uso más específico que ammar (hermano / hermana), que puede referirse a cualquier persona.