—Lo recuerdo muy bien. ¿Por qué lo pregunta?
—Poco antes de que nos mostraran a Newton en el jardín de Woolsthorpe, hubo una escena de una cámara de torturas. Si la Reina de las Nieves dijo la verdad, esa escena mostraba algo que uno de nosotros quería. ¿Convendría usted en que éramos la víctima, no el torturador?
—Eso creo.
—¿Y quién era la víctima, Behrooz Wolf o Robert Capman?
Capman suspiró.
—Yo también me lo he preguntado. No creo que la máquina pudiera captar un interés que no fuera común a ambos. Ambos fuimos la víctima.
Bey asintió con fervor. El silencio se prolongó mientras el humano y el logiano observaban las pardas y carmesíes cabezas de tormenta del planeta arreciando y chocando bajo las naves.
La música cesó y me quedé quieto,
y me encontré frente a la colina.
No podía ocurrir de nuevo, pero ocurrió. Tem Grad y Alfeo Masti fueron escogidos para montar guardia en Cara Oculta. Los dos hombres aterrizaron cerca del grupo de cúpulas con el vehículo que los había llevado desde Cara Visible. Caminaron despacio hasta la entrada principal. Entraron y miraron alrededor con abatimiento.
—¿Sabes cuál es el problema, Tem? —dijo Alfeo, atravesando la sala principal para dirigirse al dormitorio—. Este horrendo lugar empieza a parecerme un hogar. Otros dos turnos de trabajo aquí y tendré miedo de regresar a Cara Visible.
—Lo sé. —Tem echó su maletín en la litera y le dio una palmada—. Bien, esta vez estoy preparado para cualquier cosa. Traje una lista de objetos naturales para complementar el registro de Lloyd’s. Si alguien le pone un motor a Júpiter y lo trae hasta aquí, podré identificarlo.
—Ahí llega tu oportunidad —dijo Alfeo—. ¿Ves el monitor de comunicaciones de la sala principal? Alguien trata de llamarnos. ¿Quieres recibirla?
Grad corrió hasta la sala de comunicaciones y estuvo allí unos minutos. Cuando regresó parecía desconcertado.
—¿Júpiter? —preguntó Alfeo.
—No tuve esa suerte. Era una nave estándar. Pero venía de un largo viaje. Volaba desde la órbita de Saturno. Era una de las naves de la flota Melford, y solicitaba una órbita de aproximación a la Tierra.
—Parece bastante rutinario. ¿Por qué frunces el ceño?
—Hay una cosa que no he entendido. No en la nave, sino en el piloto. Después de recibir la identificación de la nave, le pedí su identificación personal para nuestros registros.
—¿Era alguien especial?
—No, nunca oí hablar de él. Pero el modo de decirlo parecía una broma.
—Tú nunca tuviste un gran sentido del humor, Tem. ¿Parecía contento?
—En absoluto. Parecía triste, en todo caso.
—¿Pero qué te ha dicho?
—Ha dicho: «Aquí el verdadero Behrooz Wolf, regresando a su puesto en la Tierra.»
PROTEO es el sexto libro de Charles Sheffield que publicamos. Y no será el último.
Ya he mencionado en presentaciones anteriores que estoy completamente de acuerdo con la que hoy es una opinión generalizada: la obra de Charles Sheffield representa la mejor continuación posible de la ciencia ficción más clásica, esa que supo llegar con mayor facilidad al gran público y que está magistralmente representada por la obra de Isaac Asimov, Arthur C. Clarke y Robert A. Heinlein. Un grupo de autores al que, ajuicio de muchos comentaristas y expertos, cabe incorporar a Charles Sheffield.
Tal y como señala Analog, la prestigiosa revista que suele considerarse la depositaría de las esencias de la ciencia ficción más clásica:
Charles Sheffield es uno de nuestros destacados escritores de ciencia ficción hard. A veces extiende sus alas con tal amplitud que puede ser comparado a soñadores cósmicos como Stapledon. Más a menudo se acomoda confortablemente en la misma estantería que Clarke, Asimov y Heinlein.
Juicio que coincide con otras calificaciones surgidas casi al inicio de la carrera narrativa de Sheffield: «Uno de los talentos más imaginativos y apasionantes que han aparecido en la ciencia ficción en los últimos años» (Publishers Weekly); o con la comparación, de nuevo, con los autores más famosos de la historia de la ciencia ficción, ya que Sheffield ha sido considerado: «El Asimov o Clarke del futuro» (Noumenon); o en formulación más reciente: «Charles Sheffield es considerado el nuevo Arthur C. Clarke… si hay alguien capaz de hacer un trabajo mejor, quisiéramos conocerle» (Washington Post Book World).
Como ya han podido comprobar nuestros lectores, Sheffield es capaz de narrar con un ritmo endiablado aventuras sin cuento, en el marco de una tecnología futurista, fruto de una imaginación que resulta, a la vez, desbordada por su capacidad especulativa y contenida por su voluntad de adecuación a aquello que la ciencia nos permite imaginar.
Si la ciencia ficción es especulación y sentido de la maravilla, la obra de Sheffield podría ser el paradigma más adecuado para la ciencia ficción de finales de siglo. Una ciencia ficción que, sin renegar de sus orígenes, los supera y mejora.
Pero ocurre que Sheffield, además de ser un autor con muchas ideas y con una gran capacidad para difundirlas con amenidad, es también un autor terriblemente prolífico. Tras el breve paréntesis creativo que le supuso actuar como presidente de la Science Fiction Writers of America (Asociación Norteamericana de Escritores de Ciencia Ficción) entre 1984 y 1986, Sheffield ha llegado a publicar más de quince títulos en los últimos diez años. Y debo decir que, en mi papel de editor, tengo graves problemas para seleccionar cuáles publicar en NOVA ciencia ficción.
BROTHERS OF dragons (1992) obtuvo el premio John W. Campbell Memorial en 1993 y algunos de sus relatos (después recogidos en interesantes antologías mixtas de relatos y artículos de divulgación científica), «Georgia on my mind» (1993) por ejemplo, han obtenido premios de gran prestigio en la ciencia ficción, como el Nébula. Ésa podía haber sido una elección (y, no habiéndolo sido hasta ahora, lo será posiblemente en el futuro), pero…
Todos los «peros» tienen, o deberían tener, su explicación.
Ya desde los lejanos tiempos en que publicamos LA CAZA DE NlMROD (1986) en la antigua colección de bolsillo Libro Amigo de Ediciones B, me interesé por la primera de las novelas de Charles Sheffield: ASCENSO DE PROTEO (1978).
Reconozco que debe ser algo parecido a un vicio. Cuando una novela de un autor, hasta el momento desconocido, me interesa y sorprende, siento la necesidad de leer otras novelas suyas, en particular aquellas con las que empezó. Tal vez imagino que en ellas encontraré las primeras raíces y los objetivos del escritor.
En el caso de Sheffield, aun habiendo contratado los derechos de ASCENSO DE PROTEO (de la que hablaremos más adelante), la retuve ante la «necesidad», sentida como lector, de compartir con otros mi admiración ante una obra como ENTRE LOS LATIDOS DE LA NOCHE (1985, NOVA ciencia ficción, núm. 4). Después me incliné por presentar a los lectores españoles unas obras en las cuales esa comparación de Sheffield con Clarke, que los expertos difundían, se hacía del todo manifiesta.
Hay tres ejemplos claros de esa analogía Sheffield-Clarke:
El primero es LA TELARAÑA ENTRE LOS MUNDOS (1979, NOVA ciencia ficción, núm. 21) donde Sheffield desarrolla la idea del ascensor espacial que Clarke utiliza también en una novela publicada, curiosamente, el mismo año 1979.
El segundo es LAS CRÓNICAS DE McANDREW (1983, NOVA ciencia ficción, núm. 34) donde aparece la misma «propulsión cuántica» que utiliza Clarke en otra de sus novelas publicadas, eso sí, tres años después de esta obra de Sheffield.
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