Guardó silencio un rato. Larsen habló quedamente a Bey, activando un circuito de voz que no incluía la nave de Capman.
—Ha convivido con esto ochenta años, Bey, y todavía le afecta la muerte de los que se sometieron a la inversión del proceso de envejecimiento en los tanques. Dentro de unos minutos entraré en la atmósfera y perderemos contacto. Él necesita desahogarse.
—No entiendo. ¿Ochenta años, John? Sólo vimos pruebas que nos remitían a treinta años.
—Fue entonces cuando trasladaron a Perla la principal base de operaciones. Capman trasladó lo que quedaba a las instalaciones subterráneas del Hospital Central. Dolmetsch pensó que era un peligro aceptable, aun si se descubría. Calculó un efecto social limitado que a su juicio podía compensarse.
—John, ¿cuánto sabes de todo esto? ¿Crees que la teoría general de la estabilización funcionará?
—Dentro de ciertos límites. Aún no podemos difundir que es posible revertir el envejecimiento. Yo comprendo la mayor parte de esto. Ayudé a Capman cuando elaboraba la teoría, en estos meses. Pero no te equivoques, Bey. Sabes que mi mente ha cambiado desde que adopté la forma logiana, pero Capman también ha cambiado, y tú sabes dónde empezó él. Aún no puedo seguir sus pensamientos. No puedo describir la sensación que te da esta forma. Deberías adoptar el cambio y saberlo de primera mano.
Larsen dejó de hablar y miró la pantalla de su cabina de control.
—Pronto iniciaré la entrada y perderemos contacto radial. Lo reestableceré en unas horas. —Activó un circuito que también lo conectaba con la nave de Capman—. Sesenta segundos para oscurecimiento de señales.
—John —se apresuró a decir Bey—, aún no sé para qué bajas allí. Ha de ser muy arriesgado.
—Un poco. Menos de lo que crees, según nuestros cálculos. ¿Por qué bajamos allí? Vamos, Bey, usa tu imaginación. Creemos que hay vida allá abajo, y creemos que los humanos con forma logiana pueden vivir allí. Es nuestra segunda cabeza de puente, una superficie noventa veces superior a la terrestre. Si sobreviene el colapso, aunque esperamos que no sea así, necesitaremos otras opciones fuera de la Tierra.
La calidad de la transmisión se deterioraba rápidamente mientras la nave de Larsen se internaba en la atmósfera de Saturno. Larsen obviamente lo sabía. Alzó un grueso brazo y habló deprisa:
—Te veré pronto, Bey. Ven a zambullirte. El agua está buena.
Bey miró por la pantalla de proa. Una estela de gases ionizados relucían sobre Saturno detrás de la nave en descenso. Entrar era una hazaña. La gravedad de superficie de Saturno era similar a la terrestre pero, con una velocidad de escape más de tres veces superior, el desplazamiento hacia una órbita baja y desde ella era difícil para cualquier nave.
—No se preocupe, señor Wolf. —Capman había despertado de sus ensoñaciones y estudiaba la cara de Bey—. Nuestros cálculos han sido muy rigurosos. A menos que haya fuerzas desconocidas en la atmósfera inferior de Saturno, John Larsen corre muy poco peligro.
—¿Y usted se propone bajar también? —preguntó Bey.
—Quizá. Permítame responder a las preguntas implícitas en esa pregunta. Obviamente, podríamos haber intercambiado toda la información por enlace radial. ¿Por qué creí necesario traerle hasta Saturno para que pudiéramos hablar? A fin de cuentas, con mi forma actual es obvio que no podemos reunimos personalmente, aun si hubiera razones para ello…
—Suficiente —dijo Bey—. Quizá yo hubiera escogido otras palabras, pero el sentido es el mismo.
—Pues bien, ya que yo formulé la pregunta de usted, ¿quiere usted dar mi respuesta?
Bey sonrió.
—Hay una respuesta obvia. Usted quiere que yo participe en el experimento. Que adopte la forma logiana y descienda a la superficie de Saturno.
—¿Y después?
—Como decía, ésa es la respuesta obvia. A menos que esté perdiendo mi capacidad para leer entre líneas, no es toda la respuesta. Pero ignoro el resto.
Capman estaba sentado en su silla, inmóvil, los ojos fijos.
—No es simple —dijo—. Como muchas cosas, implica una elección. Dígame, al investigar mi pasado, ¿vio alguna vez un perfil psicológico?
Bey asintió.
.—Era viejo. De cuando usted era adolescente.
—Eso servirá. ¿Notó usted alguna peculiaridad?
—¿Bromea? Como bien sabe, era similar al mío… más similar de lo que yo habría creído posible. En cierto modo me pareció muy alentador. Usted tenía puntajes bajos en los mismos ítems que yo… inteligencia por ejemplo. Hasta ver su perfil, el mío siempre me preocupó un poco.
—Ninguno de nosotros encaja bien en los gráficos estándar—
—Dijo Capman, cabeceando con la sonrisa logiana—. Dudo que encaje en ellos con esta forma. Pero nosotros somos un poco diferentes… no mucho, pero lo suficiente como para despertarme la preocupación de que personas como nosotros no aprueben los tests de humanidad. Le interesará saber que usted aprobó apenas. Bien, en este momento es irrelevante. La escasez de gente, aun de gente como nosotros, no es el gran problema actual de la Tierra. Iré al grano. Lo traje aquí para ofrecerle una elección. Es una elección que no ofrecería a nadie más. En este caso puedo hacerlo sólo porque tenemos esa curiosa afinidad mental. Ambas alternativas exigen cierto autosacrificio.
Bey empezó a sentir cierta tensión, una sospecha que afloraba desde la base del cerebro.
—Adoptar la forma logiana y explorar Saturno…
Capman asintió.
—¿O bien?
—¿Regresar a la Tierra y seguir trabajando en el control de cambios de forma? Laszlo Dolmetsch y los demás necesitan consejos de alguien que conozca de veras la teoría. Si escojo Saturno, usted regresará a la Tierra.
—Correcto. Si usted opta por quedarse aquí, yo tomaré prestada su apariencia externa e iré a la Tierra. Uno de ambos tiene que estar allí. Nadie cuestionaría el regreso de Behrooz Wolf, ni su conocimiento del cambio de forma.
—Ha de ser obvio para usted que yo preferiría quedarme aquí. Las ventajas mentales de la forma logiana bastan para impulsarme a escoger esa alternativa.
—Lo sé —suspiró Capman—. Es innegable. Sólo puedo decirle que el regreso a la Tierra, con todos sus problemas, no sería definitivo. Cuando los problemas de la Tierra disminuyan, o ya no tengan remedio, o cuando usted encuentre y adiestre a un sucesor, el experimento de Saturno aún seguirá en pie. Habrá otro trabajo que hacer: Betha fue la primera de la serie Pez Con Pulmones, no la última. La decisión es de usted. Yo estoy preparado para cualquiera de ambos papeles.
—¿Cuánto más lejos se puede llevar el cambio de forma? Betha Mestel sugiere que estamos sólo en el comienzo.
—Así es. —Capman agachó la cabeza—. Empiezo a sospechar que la frontera que imponemos entre lo animado y lo inanimado es artificial. Si eso es cierto, el cambio de forma no tiene límite. Podemos concebir un ser consciente y racional grande como un planeta, o grande como una estrella. Debería tener una mezcla de componentes orgánicos e inorgánicos, tal como Betha; pero eso no presenta problemas lógicos. Tengo una pregunta más fundamental: ¿hasta qué punto el resultado dejaría de ser humano? Si nuestros tests de humanidad son válidos, toda combinación entre un humano, un alienígena y una máquina que pueda lograr el cambio de forma deliberado se debe considerar humano. Hay definiciones peores. Dígame, ¿ha tomado una decisión?
Bey calló varios minutos, mirando el nublado rostro de Saturno.
—Dígame —dijo al fin—, ¿recuerda cuando estábamos en la Cúpula del Placer, esperando que decidieran si nos dejarían hablar con las personas a cargo de las operaciones de cambio de forma?
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