—¿Hacia dónde nos dirigimos?
— Te he prometido algo fuera de lo corriente (no, no yo, o sea que no lo digas), y voy a cumplirlo. Es la mina más peculiar de la Luna y está completamente fuera del recorrido normal de los turistas.
—¡No vas a decirme que tenéis brillantes en la Luna!
— Mejor que eso.
Las paredes del corredor aquí no estaban pulidas; eran de roca gris, iluminadas, con suavidad pero de manera efectiva, por tramos de electroluminiscencia. La temperatura era agradable y fija, con un sistema de ventilación tan eficaz como silencioso; no se notaba ninguna corriente de aire. Aquí era difícil adivinar que a unos sesenta metros más arriba se hallaba una superficie sujeta alternativamente a un calor de ebullición y a un frío de congelamiento, durante El recorrido quincenal del sol de un horizonte al otro y alrededor de la otra cara.
—¿Es todo esto totalmente estanco? — preguntó Denison, que de improviso se acordó con inquietud de que no estaba muy por debajo del fondo de un océano ilimitado.
—¡Oh, sí! Estas paredes son impermeables y además, todas. están aseguradas. Si la presión del aire disminuye tan sólo un diez por ciento en cualquier sección de los corredores, se organiza el mayor estruendo de sirenas que hayas oído jamás, y una cantidad increíble de flechas y de señales luminosas que indican las salidas de emergencia.
—¿Ocurre con frecuencia?
— No. No creo que nadie haya muerto por falta de aire durante los últimos cinco años — entonces, con repentina agresividad agregó—: Vosotros tenéis catástrofes naturales en la Tierra. Un gran terremoto o una inundación puede causar miles de víctimas.
— No lo discuto, Selene — levantó las manos—. Me rindo.
— Muy bien — dijo ella—. No era mi intención excitarme… ¿Oyes eso?
Se detuvo, en actitud de escucha.
Denison escuchó a su vez y movió la cabeza. De pronto miró a su alrededor.
— Reina un gran silencio. ¿Dónde está la gente? ¿Estás segura de que no nos hemos perdido?
— Esto no es una cueva natural.con pasadizos desconocidos. Las tenéis en la Tierra, ¿verdad? He visto fotografías.
— Sí, la mayoría son cuevas de piedra caliza, formadas por el agua. Pero éste no puede ser el caso de la Luna, ¿verdad?
— Y por lo tanto, no podemos habernos perdido — repuso Selene, sonriendo—. Si estamos solos, achácalo a la superstición.
—¿A qué? —Denison pareció asustado y en su rostro apareció una mueca de incredulidad.
— No hagas eso — dijo ella—; te salen arrugas. Así, ahora tienes la piel lisa otra vez. ¿Sabes una cosa? Tienes mucho mejor aspecto que cuando llegaste. Gracias a la escasa gravedad y al ejercicio.
— Y a tratar de no decepcionar a las jovencitas desnudas que disfrutan de una gran cantidad de tiempo libre y de una extraña falta de cosas mejores que hacer que trabajar en sus días de asueto.
— Ahora vuelves a tratarme como si fuera una guía de turismo, aparte que no voy desnuda.
— En cuanto a eso, incluso la desnudez es menos temible que el intuicionismo… Pero, ¿a qué te referías con lo de la superstición?
— Supongo que no es realmente superstición, pero la mayoría de la gente de la ciudad evita este sector de los corredores.
— Pero, ¿por qué?
— Por lo que ahora voy a enseñarte — empezaron caminar de nuevo—. ¿Lo oyes ahora?
Volvió a detenerse y Denison escuchó con atención. Luego, dijo:
—¿Te refieres a ese golpeteo? Tap, tap… ¿Es eso?
Ella se le adelantó a pasos lentos y rítmicos, con el característico movimiento de los selenitas al acelerar el paso de modo imperceptible. El la siguió,catando de imitarla.
— Aquí…, aquí…
La mirada de Denison siguió el índice de Selene, fue señalaba con excitación.
—¡Dios mío! — exclamó—. ¿De dónde viene?
Era un reguero, evidentemente de agua. Caía gota A gota y resonaba sobre una pequeña artesa de cerámica, para desaparecer después en el interior de la roca.
— De las rocas. Porque en la Luna tenemos agua. La mayor parte la sacamos del yeso; la suficiente rara nuestras necesidades, puesto que la conservaos muy bien.
— Lo sé, lo sé. Aún no he podido conseguir una ducha completa. No entiendo cómo hacéis para estar limpios.
— Ya te lo he explicado. Primero te mojas. Entonces cierras el grifo y te rocías con un poco de detergente. Entonces te friegas… ¡Oh, Ben! no voy a repetírtelo una vez más. Aparte de que en la Luna no puedes ensuciarte mucho… Pero no estábamos hablando de esto. En uno o dos lugares tenemos realmente depósitos de agua, por lo general en forma de cielo, cerca de la superficie, en la ladera sombreada de una montaña. Si lo localizamos, vemos que gotea. Este ha estado goteando desde que fue excavado el corredor, hace ocho años.
— Pero, ¿por qué la superstición?
— Pues verás: resulta obvio que el agua es el gran recurso material del que depende la Luna. La usamos para beber, lavarnos, cultivar nuestra comida, obtener el oxigeno, hacer que todo funcione. Es natural que el agua inspire mucho respeto. Cuando este depósito fue descubierto, se abandonaron los planes para prolongar los túneles en esta dirección, aplazándolos hasta que se extinguiera. Incluso dejaron sir, terminar las paredes del corredor.
— Es cierto que suena como una superstición.
— Quizá una especie de respeto. No se esperaba que durase más de unos pocos meses; es lo normal. Pero cuando éste cumplió el primer aniversario, empezó a antojársenos eterno. Así es como se llama «El Eterno». Incluso lo verás marcado así en los mapas. Naturalmente, la gente ha ¡legado a darle importancia; la sensación de que su agotamiento significará una especie de mal presagio.
Denison se rió.
Selene continuó, seducida por el tema.
— Nadie lo cree de verdad, pero sí a medias. Es evidente que no es eterno y que algún día se extinguirá. De hecho, el goteo ya es sólo un tercio de lo que era cuando fue descubierto, de modo que se está secando lentamente. Me imagino que la gente piensa que si se detiene cuando ellos están aquí, participarán de la mala suerte. Por lo menos, es la única explicación racional de su resistencia a venir aquí.
— Supongo que tú no sostienes esta creencia.
— Que lo crea o no carece de importancia. Además, estoy segura de que no se extinguirá tan de improviso como para que alguien se sienta culpable de ello. Irá goteando cada vez menos y nadie podrá saber el momento exacto en que se secó. Por lo tanto, ¿por qué preocuparse?
— Estoy de acuerdo contigo.
— Sin embargo — añadió ella, cambiando de tema con suavidad—, tengo otras preocupaciones y me gustada discutirlas contigo mientras estamos solos — extendió la manta y se sentó en ella, con las piernas cruzadas.
—¿Y por eso me has traído aquí? —él se echó en el suelo, para apoyarse sobre la cadera y el codo, frente a ella.
—¿Ves? Ahora ya me miras con naturalidad. Te estás acostumbrando a mí… Y en realidad, es seguro que en la Tierra hubo épocas en que nadie se extrañaba de la desnudez.
—Épocas y lugares — convino Denison—, pero no después de la Crisis. En mi tiempo…
— Bueno, en la Luna, hacer lo que ves hacer a los selenitas es una buena regla de conducta.
—¿Por fin me vas a decir por qué me has traído hasta aquí? ¿O tengo que declararte sospechosa de planear mi seducción?
— Podría seducirte muy cómodamente en mi casa, gracias. Esto es diferente. La superficie hubiera sido mejor, pero los preparativos para subir ala superficie hubiesen llamado demasiado la atención. Venir aquí ha sido más discreto, y éste es el único lugar de la ciudad donde podemos tener la garantía casi plena de no ser interrumpidos — Selene titubeó.
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