Larry Niven - Los árboles integrales

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Durante largo tiempo el Estado empleó naves espaciales, cuya velocidad era menor que la de la luz, para preparar los sistemas para su colonización por el hombre. Normalmente las máquinas sembradoras viajaban en circuitos que duraban siglos y que tenían su punto de partida y de llegada en la Tierra. Normalmente las tripulaciones estaban compuestas por ciudadanos y convictos corpiscilos. Normalmente, el último control de la misión era ejercido por un cyborg informante, un verdadero déspota del Estado microcósmico que era la nave. Pero la normalidad se alteró levemente cuando
penetró en el sistema de la doble estrella T 3 y le Voy’s Star. Allí se había formado una inmensa capa gaseosa en forma de anillo alrededor de una estrella neutrón y el amplio espacio que quedaba libre en el interior podía ser un lugar habitable por el hombre. A pesar de que había muy poca tierra, el Anillo de Humo había desarrollado una amplia variedad de formas de vida, la mayoría de las cuales eran comestibles y todas ellas podían volar. El Anillo de Humo se presentó como un paraíso para la mermada tripulación de
y por tanto, volaron hacia él, desprendiéndose del cyborg.

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Una boca enorme se abrió y chilló. La soga viviente latigueó e intentó tirar a Glory. Lo que salvó a Glory misma: había hundido su propio arpón en la soga marrón y Glory agarrado el extremo cuando esta emergió. Sujetó el mango con ambas manos mientras la soga retrocedía para atacar a Gavving.

La boca estaba enfilada por hileras de dientes triangulares. Gavving tiró el arpón hacia el ojo, retorciéndolo, como si hubiera estado practicando toda su vida. Apuñaló la boca, intentando llegar a la garganta. La boca se cerró de golpe y Gavving consiguió machacar sólo dientes. Apuñaló de nuevo el ojo.

Algo se convulsionó en la oscuridad del agujero. La boca se abrió desmesurada, increíblemente. Y una masa negra surgió del hoyo. Gavving saltó a un lado, justo a tiempo para evitar ser aplastado. Una bestia del tamaño de una cabaña brincó hacia el cielo sobre tres cortas, gruesas patas armadas con garras curvadas. Extendiendo unas alas cortas, lanzó un golpe hacia Gavving, pero falló. Gavving vio con asombro que la soga era la nariz.

Pensó que la bestia estaba intentando escapar pero, a diez metros de la guarida, esta dio la vuelta con una velocidad sorprendente. Gavving se recostó en la corteza balanceando el arpón.

Las alas de la bestia se movían locamente, en marcha atrás, tratando de lanzar hacia atrás su larga nariz… inútilmente. El grupo de exploradores llegó de refuerzo. Las cuerdas envolvieron a Glory y ataron la soga nariz que era la nariz de la criatura. Las cuerdas se estiraron para sujetarle las alas. Clave gritaba órdenes. El y Jinny y el Grad tiraron fuertemente, haciendo que las garras de la bestia se clavaran en el árbol. La mantuvieron en aquella posición hasta que la golpearon con los arpones en la cabeza.

Gavving empezó a golpear en un punto y apuñaló una y otra vez. perforando a través del hueso, hasta el cerebro gris rojizo. No se dio cuenta de que la cosa había dejado de moverse. Sólo volvió en sí cuando Clave gritó:

—Gavving, Glory, la cena es cosa vuestra. Lo habéis matado, tenéis que pelarlo.

Lo habéis matado, tenéis que pelarlo, era un honor muy fácil de evitar. Bastaba con admitir que la bestia te había dañado…

Jayan y Jinny estaban encendiendo un fuego en la madriguera de la criatura. Trabajaban rápida, competentemente, casi sin palabras, como si pudieran leerse las mentes. Los demás estaban fuera, talando corteza del árbol Para conseguir combustible. Gavving y Glory ataron el cadáver con cuerdas y púas, justo al borde del agujero, y empezaron a actuar.

El Grad insistió en ayudarles. Hablando con propiedad, no tenía derecho a hacerlo, pero parecía ansioso, y Glory estaba cansada. Trabajaron lentamente, examinando la peculiar criatura que acababan de matar.

Tenía un toque de simetría trilateral, como muchas otras criaturas del Anillo de Humo, según dijo el Grad. Una pequeña tercera ala estaba colocada al final de la espalda: una aleta direccional. El par delantero era la fuente de movimiento y como señaló el Grad alegremente el oído. Los agujeros que había debajo de cada una de las alas, efectivamente, parecían oídos cuando el Grad se las cortó. Las alas se ahuecaban para reunir los sonidos.

Era un excavador. Aquellas pequeñas alas no estaban destinadas a grandes vuelos. Todo en el Anillo de Humo podía volar en uno u otro sentido; pero aquel animal prefería excavar un agujero y tender desde él emboscadas a sus presas. Ni siquiera el tronco de la bestia era poderoso. El Grad buscó hasta que encontró el aguijón que el excavador había tenido en su extremidad. Del tamaño de un dedo índice, estaba clavado en la mochila de Glory. Glory estuvo a punto de desmayarse.

Guardaron las garras. Clave podría usarlas de conteras en sus garfios. Cortaron unos filetes para asar y se los pasaron a los demás, que estaban atados con cuerdas en el exterior. Pusieron a ahumar trozos más grandes de carne en el interior de la caverna de madera.

Gavving descubrió que tenía la vista borrosa por el cansancio. Glory era un río de sudor. La puso un brazo en los hombros y le aconsejó: —Tranquilidad.

—Demasiado bueno —dijo Clave—. Tomemos posiciones. Alfin, encárgate de cortar el resto.

El grupo de Clave comió bien, incluso demasiado. Se amarraron a cuerdas en el exterior de la caverna. La comida se estaba ahumando en el interior. El armazón de la bestia, casi todo huesos, fue colocado para bloquear la entrada.

—Ciudadanos —dijo Clave—, quiero un informe. ¿Como lo estamos haciendo? ¿Hay alguien herido?

—Yo estoy dolorido por todas partes —dijo Jiovan, frunciendo el ceño al ver el coro de asentimiento.

—Por todas partes es bueno. Glory, ¿te ha roto esa cosa alguna costilla?

—Creo que no. Sólo magulladuras.

—Ah, ah —Clave parecía sorprendido—. Nadie ha caído. Nadie ha resultado herido. ¿Hemos perdido algo del equipaje?

Hubo un silencio. Gavving hablo.

—Clave, ¿qué estás haciendo aquí?

—Explorar el tronco, y renovar las fronteras de Quinn, y detener el hambre, quizás. La presa de hoy es un buen primer paso.

Gavving estaba dispuesto a aceptar la respuesta sin más, pero Alfin no.

—El muchacho quiere saber qué estás haciendo tú aquí. Tú, el poderoso cazador, ¿por qué te han echado para que te mueras con los tullidos?

Puede que hubiese un murmullo, pero no se produjo una reacción abierta ante la palabra tullidos. Clave le dirigió a Alfin una sonrisa.

—Dale la vuelta, guardián de la boca del árbol de la Tribu de Quinn. ¿Cómo es que la tribu ha sido capaz de prescindir de ti?

El viento del oeste había ido suavizándose a medida que ascendían, pero todavía seguía siendo muy fuerte. Formaba remolinos con el humo, que sobrepasaba el esqueleto del excavador. Alfin obligó a las palabras a que salieron de su boca.

—El Presidente pensaba que era una buena broma. Y nadie… nadie quiso hablar en mi favor.

—Nadie te quiere.

Alfin movió la cabeza y suspiró, como si le hubieran echado una gran carga encima.

—Nadie me quiere. Es tu turno.

Gavving sonrió. Clave estaba obligado a responder y lo sabía.

—Mayrin —dijo Clave— no me quiere. La cambié por dos hermosas y más amables mujeres. Mayrin es la hija del Presidente.

—Eso no es todo, y tú lo sabes.

—Si crees saberlo mejor que yo, sigue hablando —dijo Clave razonablemente.

—El Grad podría ayudarme. El sabe algunas historias de la tribu. Cosas que se han hecho mal, las infelicidades de los ciudadanos, los problemas del líder. ¡Casi incluyen al Científico en el proyecto! El Presidente tiene miedo, eso es lo que pasa. Los ciudadanos tienen hambre, y eso implica una sustitución obvia de Presidente. Clave, te tiene miedo a ti.

—¿Grad?

—El Científico sabe lo que está haciendo.

—¡Te echa la culpa de todo! —gritó Alfin—. ¡Yo estaba allí!

—Lo sé. Tenía razones. —El Grad fue consciente del silencio y se rió—. ¡No, yo no he provocado la sequía! Estamos rodeando Gold, y Gold gira demasiado lejos delante de Voy, bajando por la parte más estrecha del Anillo de Humo. Es un efecto de la gravedad…

—Muchas gracias por las explicaciones —dijo Clave con divertido sarcasmo. Gavving se sentía irritado y un poco más tranquilo: ningún otro había comprendido el galimatías del Grad—. ¿Hay alguna otra cosa que hayamos de demostrar?

En el silencio, Gavving dijo:

—¿Cómo empieza una inundación?

Hubo algunas sonrisas.

—¿Grad? —dijo Clave.

—Olvídalo.

—Eso resolvería todos nuestros problemas. Incluso los del Presidente.

—Es completamente… absurdo. Las inundaciones empiezan cuando un estanque roza el árbol, en cualquier parte del tronco. Un montón de agua cae sobre el tronco. La corriente la impulsa hacia abajo. Habitualmente, algún grupo de cazadores avisa del peligro, y de ese modo podemos escabullimos por la rama. La gran inundación, hace diez años… Muchos pudimos ponernos a salvo, pero la catarata arrancó algunas chozas, y casi todos los sembrados de vida terrestre, y las paveras. Pasó un año antes de que volviésemos a tener pavos.

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