Joseph Conrad - Nostromo

Здесь есть возможность читать онлайн «Joseph Conrad - Nostromo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Nostromo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Nostromo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Nostromo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Nostromo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– Bien, si así es, la plata estará más segura. Que baje el convoy, señora, y salga luego para el norte, a fin de que vuelva a nuestro poder convertida en crédito.

La señora de Gould miró a lo largo del corredor hacia la puerta del cuarto de Carlos. Decoud, observándola como si la esposa del hombre que había de manejar ese crédito tuviera en sus manos la suerte que había de correr su soñada unión con Antonia, descubrió una venia de asentimiento, apenas perceptible. Inclinóse él sonriendo, y sacó del bolsillo interior de su chaqueta un abanico de plumas finas montadas sobre varillas de sándalo.

– Lo he traído en el bolso para justificar la supuesta pérdida y mi extemporáneo regreso. ¡Buenas noches, señora!

Y se retiró después de hacer una nueva inclinación.

La dueña de la casa continuó por el corredor, alejándose de la habitación de su esposo. La amenaza que se cernía sobre la mina de Santo Tomé le oprimía el corazón. Hacía ya mucho que había empezado a temer una desgracia. La mina fue primero una idea curiosa. Poco a poco observó con recelo que se iba trocando en un fetiche, y ahora este fetiche se había transformado en un peso enorme y aplastante. Era como si la inspiración que animara los primeros años de vida conyugal hubiera abandonado su corazón, convirtiéndose en un muro de ladrillos de plata, levantado por la silenciosa labor de genios malignos entre ella y su esposo. Éste parecía vivir aislado dentro de una circunvalación del precioso metal, dejándola a ella fuera con su escuela, su hospital, las madres enfermas y los ancianos impedidos, vestigios sin valor de la noble concepción inicial. "¡Qué sería de esa pobre gente!" murmuró para sí.

La voz de Martín Decoud resonó con claridad en el patio diciendo:

– He hallado el abanico de la señorita Antonia, Basilio. Aquí está.

Capítulo VII

En lo que Decoud hubiera llamado su sano materialismo entraba como parte substancial no creer posible una verdadera amistad entre hombre y mujer.

La única excepción que admitía en esta regla general la confirmaba plenamente, a su juicio. La amistad era posible entre hermano y hermana, entendiendo por amistad la comunicación franca con otro ser humano de las propias ideas y sentimientos, o dicho de otro modo, la sinceridad sin restricciones e impulsiva de la propia vida intima propendiendo a obtener por reacción las profundas simpatías de otra persona.

La confidente de Martín Decoud en cuanto a sus pensamientos, acciones, propósitos, dudas y hasta fracasos… era su hermana predilecta, el bello ángel de genio algo autoritario y voluntarioso, que gobernaba la familia en el primer piso de una preciosa casa de París.

"Prepara a nuestra pequeña tertulia de ésa para acoger de buen grado el nacimiento de otra república sudamericana. Una más o menos, ¿qué importa? Muchas brotaron quizás como flores envenenadas en el terreno abonado de instituciones corrompidas; pero la semilla de ésta ha germinado en el cerebro de tu hermano, y eso debe bastar para merecerle tu ferviente aprobación. Te escribo la presente a la luz de una vela, en una especie de posada, cerca del puerto, la cual tiene por patrón a un italiano llamado, Viola, protégé de la señora de Gould. El edificio, que, según mis noticias, hubo de ser construido hace tres siglos por uno de los conquistadores, arrendatario de la pescadería de perlas, es tan silencioso como un convento de cartujos. En el llano, entre la ciudad y el puerto, reina el mismo silencio, pero menos oscuridad porque las cuadrillas de obreros italianos que dan guardia a la vía férrea han encendido hogueras a lo largo de ella. No estaban tan tranquilos ayer estos alrededores. Hemos tenido una revuelta espantosa, un repentino levantamiento del populacho, y no ha quedado suprimido hasta hora avanzada de hoy. Su intento fue el saqueo, pero se frustró, como ya sabrás por el cablegrama enviado vía San Francisco y Nueva York la noche pasada, cuando estaba todavía abierto el servicio. En ese despacho habrás leído que la vigorosa intervención de los europeos del ferrocarril ha salvado de la destrucción a la ciudad, y puedes creerlo. Yo mismo escribí el cable. Aquí no tenemos ningún corresponsal de la agencia Réuter. He sido uno de los que han hecho fuego contra las turbas desde las ventanas del club en compañía de algunos otros jóvenes de posición. Nuestro fin era mantener limpia de revolucionarios la calle de la Constitución para facilitar el éxodo de las señoritas y niños que se han refugiado a bordo de un par de barcos mercantes, anclados ahora en este puerto. Eso fue ayer. También te habrás enterado por el cable de que el presidente Rivera, que había desaparecido después de la batalla de Santa Marta, ha venido a parar a Sulaco por una de esas extrañas coincidencias casi increíbles, cabalgando en una mula coja, y ha llegado aquí en lo más recio de la lucha en las calles. Parece ser que ha huido en compañía de un acemilero, llamado Bonifacio, al través de las montañas, y que intentando escapar de Montero, vino a caer en las manos de una turba enfurecida.

"El capataz de cargadores, el marinero italiano de quien te he hablado anteriormente, le ha salvado de una muerte infame. Ese hombre parece tener el don singular de hallarse en el sitio donde hay que hacer algo que llame la atención.

"Estuvo conmigo a las cuatro de la mañana en las oficinas del Porvenir, adonde había venido muy de madrugada para avisarme del motín que se preparaba, y a la vez para asegurarme que mantendría a sus cargadores a favor del orden. Cuando amaneció del todo, pudimos contemplar juntos a la muchedumbre, compuesta de gente de a pie y a caballo, que se había reunido en la plaza y arrojaba piedras a las ventanas de la Intendencia. Nostromo (así le llaman aquí) me señaló con el dedo a sus cargadores mezclados con la multitud.

"El sol tarda en brillar sobre Sulaco, porque primero tiene que elevarse por encima de las montañas. Como la claridad de la mañana era superior a la del crepúsculo, Nostromo pudo divisar al final de la calle, más allá de la catedral, a un hombre a caballo, que al parecer se hallaba en grave apuro, acosado por un grupo de gentuza. Al punto me dijo: 'Es un forastero. ¿Qué estarán haciendo con él?' Luego sacó el pito de plata que suele usar en el muelle (al parecer tiene a menos gastar otro metal menos precioso) y silbó dos veces, haciendo la señal convenida sin duda con sus cargadores. Tras esto, salió corriendo, y los obreros del puerto se congregaron a su alrededor.

"Yo le imité, pero no llegué a tiempo de incorporarme al grupo par salvar al forastero, cuya cabalgadura se había desplomado. Reconocido por la chusma como uno de los odiados aristócratas, me tuve por dichoso de poder refugiarme en el club, donde don Jaime Berges (recordarás que nos visitó en nuestra casa de París hace tres años) me puso en la mano una escopeta de caza. En el club estaban haciendo fuego ya desde las ventanas. Sobre las mesas de juego desplegadas había montoncitos de cartuchos. En el local se veían sillas derribadas, botellas rodando por el suelo entre barajas, esparcidas al suspender bruscamente los caballeros su pasatiempo para disparar contra la multitud. Casi todos los jóvenes habían pasado la noche en el club, esperando algún alboroto. En dos candelabros que ardían sobre las consolas, las bujías se habían consumido hasta las arandelas. Una gruesa tuerca de hierro, robada probablemente de los talleres del ferrocarril, arrojada desde la calle en el momento de entrar yo, rompió uno de los espejos que adornaban la pared.

"También vi a uno de los criados del club atado de pies y manos con los cordones de una cortina y tendido en un rincón. Creo, aunque no estoy seguro, haber oído a don Jaime decirme de prisa que habían sorprendido al maniatado poniendo veneno en los platos de la cena. Pero lo que recuerdo perfectamente es que clamaba sin cesar pidiendo misericordia, y que nadie le hacía caso ni se cuidaba de amordazarle. Sus gritos eran tan desagradables, que estuve medio tentado a hacerlo yo. Sin embargo, no había que gastar tiempo en menudencias y, ocupando mi puesto en una de las ventanas, empecé a disparar.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Nostromo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Nostromo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Nostromo»

Обсуждение, отзывы о книге «Nostromo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.