Joseph Conrad - Nostromo

Здесь есть возможность читать онлайн «Joseph Conrad - Nostromo» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Nostromo: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Nostromo»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Nostromo — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Nostromo», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

El doctor se detuvo y miró significativamente a la señora de Gould.

– Sí. Pero no comprendo-balbuceo ella con airé de perplejidad.

– "Ahora viene lo más curioso -continuó el doctor Monygham. -Viola, que manda como rey y señor en la isla, no consiente visitante alguno en ella después de oscurecer. El mismo capitán Fidanza tiene que ausentarse de allí en cuanto Linda ha subido a encender y cuidar la luz. Y Nostromo parte, obedeciendo puntualmente. Pero ¿qué sucede después? ¿Qué hace en el golfo entre seis y media y medianoche? Se le ha visto más de una vez en esa hora avanzada remando tranquilamente en el puerto.

"Ramírez está devorado de celos. No se atrevió a llegarse al viejo Viola para explicarle lo que ocurría: pero se armó de valor para desahogar su rabia con Linda un domingo por la mañana, con ocasión de haber venido la muchacha a tierra firme para oír misa y visitar el sepulcro de su madre. Hubo una pelotera en el muelle entre los dos, y yo la presencié.

"Era todavía muy temprano. Sin duda él la había estado esperando de intento. Yo estuve allí por la singular coincidencia de haber sido llamado con urgencia para una consulta por el médico de la cañonera alemana que estaba en el puerto. La muchacha lanzó contra Ramírez furiosos insultos y desprecios; el enamorado parecía haber perdido el juicio. Fue una escena extraña, señora, en la soledad del largo muelle, con su rabioso cargador, ceñido de faja encarnada, y la joven toda de negro, ambos en el extremo de aquél; el puerto reposando en la quietud de la madrugada del domingo a la sombra de las montañas; una o dos canoas moviéndose entre los barcos anclados y el esquife de la cañonera alemana que venía por mí.

"Linda pasó casi tocándome y pude ver sus ojos chispeantes de ira. La llamé. Ni me oyó. Ni me vio. Pero la miré a la cara, que la tenía desfigurada de despecho y pena."

La señora de Gould se incorporó, expresando asombro en sus ojos.

– ¿Qué quiere usted decir, doctor Monygham? ¿Intenta usted darme a entender que sospecha de la hermana menor?

– ¿ Quién sabe ? ¿Quién puede decirlo? -respondió el doctor, encogiéndose de hombros como un auténtico costaguanero. -Ramírez se llegó a mi en el muelle…; parecía estar loco. Se llevó las manos a la cabeza. Necesitaba hablar con alguien…, no lo podía remediar. Me reconoció, como es natural, a pesar de que el frenesí le turbaba la vista. Pero la gente del pueblo me conoce perfectamente aquí. Llevo ya muchos años viviendo entre ellos para dejar de ser el médico de ojos maléficos que puede curar las enfermedades físicas y atraer desgracias morales con una mirada. Se me acercó, intentando serenarse. Procuró explicarme que deseaba tan sólo prevenirme contra Nostromo.

"Parece ser que el capitán Fidanza en algún mitin secreto me había citado como uno de los que sentían más desprecio contra los pobres… contra el pueblo. Es muy posible. El ex capataz se honra con su odio inextinguible. Y una palabra del gran Fidanza puede bastar para que cualquier idiota me aseste una puñalada por la espalda. La Junta de Sanidad que presido es mirada de reojo por la gente baja. "Guárdese usted de él, señor doctor. Quítele usted de en medio", me barbotó Ramírez a la cara. Y luego añadió en una explosión de cólera: "Ese hombre tiene embrujadas a las dos muchachas".

"En cuanto a él, había dicho demasiado. Ahora tenía que huir…, huir y esconderse en alguna parte. Se lamentó sentidamente del comportamiento de Gisela, y la colmó de denuestos soeces, que no pueden repetirse. "Si tuviera, dijo, esperanzas de hacer que le amara, la sacaría de la isla. Lejos, en el interior de los bosques. Pero era inútil…"

"Alejóse luego a grandes pasos, levantando los brazos en ademán amenazador. Cuando hubo desaparecido, noté la presencia de un negro anciano, que había estado sentado detrás de un montón de cajas, pescando desde el muelle. Recogió sus trebejos de pesca, y se largó al punto. Pero debió de oír algo, y decirlo a otros, porque algunos ferroviarios, amigos del viejo garibaldino probablemente, le previnieron contra Ramírez. Sea como fuere, el hecho es que al padre le han aconsejado que esté alerta. Entretanto Ramírez ha desaparecido de la ciudad".

– Me creo en el deber de mirar por esas muchachas -manifestó la señora de Gould con inquietud. -¿Está ahora Nostromo en Sulaco?

– Sí, señora de Gould; desde el último domingo.

– Hay que hablarle… inmediatamente.

– ¿Quién se atreverá a hacerlo? El mismo Ramírez, a pesar de su locura amorosa, huye de la mera sombra del capitán Fidanza.

– Yo me atrevo, y lo haré -declaró la señora de Gould. -Una palabra bastará para un hombre como Nostromo.

El doctor sonrió amargamente.

– Es necesario -prosiguió la señora- que él ponga término a esta situación que se presta a… No puedo creer eso de la niña.

Es un hombre muy seductor -musitó el doctor con aire sombrío.

– Nostromo se hará cargo, estoy segura. Debe acabar con esta situación casándose sin dilación con Linda -aseveró la primera señora de Sulaco con decisión inmensa.

Por la puerta del jardín apareció Basilio, que se había puesto grueso y lustroso, con cara aviejada barbilampiña, arrugas en los ángulos de los ojos, y el áspero cabello de azabache aplastado y alisado. Agachándose cuidadosamente detrás de un grupo de arbustos decorativos, puso con precaución en el suelo a un niño pequeño que había llevado sobre el hombro, último hijo habido de Leonarda. La desdeñosa y mimada camarera y el mozo principal de la casa Gould se habían casado algunos años antes.

Por algún tiempo permaneció acurrucado sobre los talones mirando tiernamente a su vástago, que a su vez le contemplaba con imperturbable gravedad; después siguió andando por el paseo con solemne y respetable continente.

– ¿Qué hay Basilio? -interrogó el ama de casa.

– Ha llegado por teléfono un aviso del despacho de la mina. El amo se queda a dormir en la montaña esta noche.

El doctor Monygham se levantó y permaneció de pie, con la mirada distraída. Durante un rato el silencio más profundo reinó a la sombra de los mayores árboles que adornaban los deliciosos jardines de la casa Gould.

– Perfectamente, Basilio dijo la señora.

Y le siguió con la vista, mientras se alejaba por el paseo, para ocultarse a poco tras unos arbustos florecidos, y reaparecer con el niño, sentado sobre su hombro. El criado salió con paso mesurado por la puerta del jardín, transportando cuidadosamente su ligera carga.

El doctor, de espaldas a la señora de Gould, contemplaba un macizo de flores, distante, bañado de sol. La gente le creía despectivo y huraño. En realidad era un hombre propenso a apasionarse y de un temperamento en extremo sensible. Lo que le faltaba era la cortés frialdad de los hombres de mundo, la indiferencia de que nace una fácil tolerancia para uno mismo y para los demás, tan distante de la verdadera simpatía y compasión como lo está un polo del otro. Esa falta de insensibilidad explicaba el lado irónico de su carácter y la mordacidad de su lenguaje.

En absoluto silencio y mirando torvamente el iluminado lecho de flores, el doctor Monygham lanzó una serie de imprecaciones sobre la cabeza de Carlos Gould. La señora de éste, inmóvil a su espalda, añadía a la gracia de su figura sentada el encanto artístico de una actitud que su acompañante sorprendió e interpretó definitivamente al volverse de pronto para despedirse.

Cuando la dueña de casa quedó sola, se echó atrás protegiéndose en la sombra de los grandes árboles plantados en círculo. Repantigada en su asiento, permaneció con los ojos cerrados y las blancas manos inertes sobre los brazos de la butaca de mimbre. La penumbra producida por la espesa masa de follaje hacía resaltar la juvenil gracia de su rostro, que parecía iluminar la leve y clara tela y los blancos encajes de su vestido. Menuda y elegante, como irradiando luz de su persona en la sombra de las ramas entrelazadas, presentaba el aspecto de una hada bienhechora, fatigada de una larga carrera de dispensar gracias y bondades, abatida por la desconsoladora sospecha de la inutilidad de sus trabajos y la impotencia de su magia.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Nostromo»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Nostromo» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «Nostromo»

Обсуждение, отзывы о книге «Nostromo» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x