Lorenzo Silva - La niebla y la doncella

Здесь есть возможность читать онлайн «Lorenzo Silva - La niebla y la doncella» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La niebla y la doncella: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La niebla y la doncella»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

No siempre las cosas son como parecen y a menudo, lo obvio no resulta ser lo real. Al sargento Bevilaqua le encomiendan la tarea de investigar la muerte de un joven alocado en la Gomera. Todo apuntaba a Juan Luis Gómez Padilla, político de renombre en la isla, al que un tribunal popular absolvió a pesar de la aparente contundencia de las primeras pesquisas. El sargento y su inseparable cabo Chamorro intentarán esclarecer este embrollado caso, con presiones políticas y con la dificultad añadida de intentar no levantar suspicacias al reabrir un caso que sus compañeros daban por cerrado.

La niebla y la doncella — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La niebla y la doncella», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Capítulo 2 LA RUTINA DEL VAMPIRO

La primera vez que vi el rostro del ex concejal y ex vicepresidente del cabildo insular Juan Luis Gómez Padilla fue en una fotografía de periódico. Era un rostro cansado, y sin embargo feliz. La fotografía se la habían tomado a la salida de la audiencia provincial de Tenerife, el mismo día en que el veredicto unánime de un jurado popular le había absuelto del asesinato de Iván López von Amsberg. Su carrera política ya había quedado hecha trizas y sus cabellos prematura y completamente encanecidos daban cuenta del infierno que acababa de atravesar. Pero su mirada, en aquella foto, era la de un hombre que vuelve a ver la calle sintiéndose libre. Y ésa, como sólo sabe quien durante un tiempo la ha perdido, es una gloriosa sensación.

La fotografía me la había facilitado mi nunca bastante reverenciado amo y señor, el comandante Pereira, dentro de un grueso expediente en cuya cubierta se leía el nombre del muchacho muerto. Mientras esperaba a que terminase de confirmar mis sospechas sobre por qué y para qué me ponía el paquete en las manos, comprobé la fecha del periódico y eché cuentas. Hacía once meses de la absolución. Dos años y tres meses del crimen. Lo que en la jerga de la unidad central solíamos llamar un asunto podrido. No es en absoluto inusual que nos lleguen muertos pasados de fecha, para eso somos los expertos, pero si encima ha habido un juicio y el sospechoso ha salido libre, nos encontramos en la modalidad más extrema de los asuntos putrefactos. Repasé deprisa mi comportamiento en el último trimestre, por si encontraba alguna torpeza o maldad que me hiciera acreedor a semejante castigo.

– Quiero que sepas que no me siento nada feliz pasándote esta patata -me confortó el comandante, disipando mis temores-. Lo hago porque antes me la han pasado a mí, y creo que tienes derecho a saber por qué.

– Bueno, parece evidente -me apresuré a deducir-. Una investigación fallida, dos años perdidos. Ése es nuestro negocio. Ya estoy resignado.

Pereira frunció la nariz.

– Sí y no. Hay un matiz peculiar, que creo que te conviene saber. Después del juicio, el caso estuvo un tiempo estancado. La gente de policía judicial de la zona se quedó jodida con el veredicto absolutorio, tenían otras tareas, o les dio pereza volver a remover la cosa. No me preguntes. Lo cierto es que durante un año no se ha hecho nada. La razón de la actual reactivación, y de que nos metan a nosotros, no es que de repente alguien haya sentido la llamada del deber o el escozor del orgullo profesional herido. Es mucho más simple. Resulta que la mujer del nuevo subdelegado del gobierno es prima de la madre del chico al que mataron. Y que lo que hasta hace un mes era una carpeta polvorienta que todo el mundo intentaba olvidar, se ha convertido en la prioridad número uno. Te lo digo para que tomes nota.

– Me doy por enterado, mi comandante -dije-. ¿Anda también interesada la prensa? Por saber hasta dónde y cuánto van a putearnos.

Pereira se encogió de hombros.

– Por lo que me cuentan, la prensa perdió el interés después de la absolución del concejal. Gastada la veta morbosa, y ante la posibilidad de que el crimen fuera por razones más prosaicas, debieron olvidarse.

– ¿La veta morbosa?

– Lo leerás en la carpeta. El móvil que se le atribuía al concejal para matar al chaval. Por lo visto, el muerto se cepillaba a su hija de quince años.

– Ah.

– Sí, tampoco es gran cosa, una chica de quince años hoy día muy bien puede ser una comehombres veterana, como además parece que era el caso. Pero ya sabes que siempre que hay derramamiento de jugos corporales de por medio a la historia se le encuentra mucho más aliciente.

– Sí, eso decía el viejo Sigmund Freud. Pero se supone que ya estaba superado y que no era más que un salido y un capullo.

Pereira enarcó las cejas.

– Cuidado con quien me mezclas. Ya sabes que yo no me junto con ateos. Y menos con psiquiatras. A ti te soporto porque sólo eres psicólogo.

Pereira, mi comandante, siempre había sido un hombre de fundamentos, sólido catolicismo y recia salud mental. Por eso era tan bueno, casi inmejorable, llevando un negociado de tarados, como lo éramos algunos de los que estábamos a sus órdenes y prácticamente toda la clientela. Entre él y yo había uno de esos pactos que son más frecuentes de lo que a primera vista cabe imaginar, y que unen a personas con visiones del mundo radicalmente distintas (bueno, él tenía una, yo sólo un bosquejo) en la persecución de una insospechada finalidad común. Ya hacía más de seis años que trabajaba a sus órdenes y podíamos entendernos sólo con la mirada. Yo sabía lo que él esperaba de mí, y él sabía lo que yo podía darle. Por lo demás, a ambos nos asistía la confortable certeza de que ninguno de los dos dejaría por nada del mundo tirado o con el culo al aire al otro. Que ya es mucho más de lo que muchos jefes pueden esperar de sus subordinados y viceversa.

– En fin -recapituló mi comandante-. Tómate la mañana para empaparte de los papeles. Por la tarde hablamos y mañana mismo te vas a Canarias.

– Bueno, hay peores sitios a los que ir, en febrero.

– Como me caes bien, aunque seas un ácrata camuflado, te voy a dar dos semanas. Ni que decir tiene que se valorará muy positivamente que no agotes el plazo que te otorgo. Pero tampoco te amontones por eso. Por la conversación que he tenido con el subdelegado del gobierno, éste es uno de esos asuntos que más vale llevar bien derecho desde el principio.

El roce no sólo proporciona el conocimiento recíproco, sino también una multitud de sobreentendidos. No consideré necesario, por ello, protestarle a mi jefe por el juicio que acababa de realizar sobre mí: él ya sabía que a pesar de almacenar en mi interior un germen anárquico, en eso acertaba, resultaba en general bastante pulcro y bien mandado y siempre me las arreglaba para mantener las formas frente a los extraños y las autoridades competentes. Así que preferí derivar hacia un aspecto de índole más práctica:

– Supongo que se me permitirá llevar alguna ayuda.

– Claro, el caso lo merece, no vamos a reparar en medios.

– ¿Puedo elegir?

Pereira esbozó una sonrisa maliciosa.

– Te doy hecha la elección, hombre. Llévate a tu Chamorrito. Ya sé que es lo que quieres.

Me fue difícil mantener la impasibilidad ante la mirada de mi perspicaz comandante. Pero por fortuna, podía respaldar con una fría e inquebrantable convicción profesional cada una de las palabras que dije a continuación:

– No sólo es que trabaje a gusto con ella, que no lo niego. Es que me parece la mejor para esta clase de marrones.

– ¿Ah, sí? ¿Y eso por qué?

– Porque no se rinde nunca.

– Sí, es dura, la Chamorrito -concedió Pereira, pensativo-. Una tía con un par de cojones.

Me imaginé la cara que habría puesto Chamorro, si hubiera escuchado al comandante, tratándola en diminutivo y formulando sobre ella esa clase de observaciones. Me representé la ira que le asomaría a los ojos, y que sin embargo contendría. O no. A veces no se sabía del todo, con ella.

– Tenga usted cuidado, mi comandante. Ya sabe que alguno ha ido de gracioso cambiándole de orden las letras del apellido. Y es una broma desafortunada, aunque sólo sea porque no hay nada de eso.

– Bueno, hombre, aquí se echan muchas horas. De alguna manera hay que distraerse. Y por suerte te tiene a ti, para protegerla.

Pensé en responderle, pero una de las consecuencias de tratar con alguien que lleva una estrella gorda de comandante en el hombro, cuando tú sólo llevas galones de sargento, es que más vale abstenerse de replicar a todo lo que a uno le dicen, aunque se tenga a punto una frase ingeniosa o demoledora. Especialmente cuando se tiene a punto una frase así.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La niebla y la doncella»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La niebla y la doncella» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La niebla y la doncella»

Обсуждение, отзывы о книге «La niebla y la doncella» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x