Lisa Scottoline - Falsa identidad
Здесь есть возможность читать онлайн «Lisa Scottoline - Falsa identidad» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Falsa identidad
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Falsa identidad: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Falsa identidad»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Falsa identidad — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Falsa identidad», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Los deslavazados ojos del juez escrutaban el cielo, cada vez más oscuro. Las nubes de tormenta se iban juntando, abrazándose entre ellas como viejos amigos. Arreciaba el viento, hinchando las velas y poniendo a prueba su grueso nailon. El juez Guthrie no tenía miedo. Iba a dejar a Maudie en buena posición, al igual que a sus hijos y nietos. Había llevado a cabo un buen trabajo como abogado, podía sentirse orgulloso de sus logros. Luego le habían ascendido a juez, la cúspide de su carrera en la jurisprudencia. Todas las opiniones, acuerdos o disensiones que llevaran su nombre permanecerían para siempre. Había pasado su vida entre leyes; contribuyendo a la historia del derecho. El juez Guthrie había dictaminado, tomando las decisiones siguiendo la ley, con justicia, decoro y rectitud. Salvo en una ocasión.
El caso Connolly. El juez estaba en deuda con Henry Burden y consideraba deshonroso dejarle en la estacada una vez que le había llegado la inevitable petición. Estaba también al corriente de que el fiscal, Dorsey Hilliard, había contraído asimismo una deuda con Henry Burden, pero como mínimo había actuado de buena fe con respecto a sus obligaciones al satisfacer los antojos de Burden. El juez, en cambio, no. Por primera y única vez en su vida, Harrison Guthrie había actuado en contra de la ley.
Sus manos sujetaban el timón, sin vacilar, pese a que sus pensamientos se encontraban en una penumbra más intensa que la del cielo. Había establecido sus dictámenes contra la ley para conseguir un objetivo injusto. Había violado su juramento y deshonrado al tribunal. Aunque su delito no saliera nunca a la luz, el juez Guthrie era consciente de lo que había hecho. Había actuado en conjunción con asesinos, ocasionando muertes y heridas graves. Había profanado el nombre de la justicia y la había transgredido de la misma forma que los ladrones, los asesinos y los bellacos que se presentaban ante él día tras día. El juez Guthrie admitía incluso que debía pagar por sus actos. Nadie podía situarse por encima de la ley, y mucho menos un juez.
Por todo ello, Harrison Guthrie se juzgó a sí mismo al fin, y avanzó velozmente hacia las tinieblas.
43
Star conectó un derechazo que abrió la piel de debajo de la ceja de Mojo Harris, dejándosela como una salchicha hervida. «¡Así!», se dijo Star. Tenía el rostro y el pecho cubiertos de sudor. Seguía danzando hacia atrás con la máxima agilidad en los pies. Estaba terminando el sexto y le quedaba un asalto para la victoria. El público lo sabía también. El Blue Horizon vibraba con los gritos y vítores.
Harris se tambaleó en el retroceso y la sangre salió a borbotones de la herida. El corte se había abierto de par en par y la piel colgaba a uno y otro lado de éste. Star le habría atizado de nuevo pero el árbitro se situó rápidamente entre los dos boxeadores, sujetando el magullado rostro de Harris mientras le observaba detenidamente el corte.
– ¿Ves algo, Mojo? -gritó para que pudiera oírle en medio del griterío-. ¿Cuántos dedos hay aquí?
– ¡Dos!
– ¡Pues a boxear! -exclamó el árbitro. Star se lanzó hacia delante, con su típico balanceo. No quería que se detuviera la pelea; a nadie le apetecía. Star era consciente de que estaba librando el combate de su vida. Hasta entonces había ganado a Harris por puntos, en todos los asaltos menos en el tercero.
«¡Ring!», sonó el timbre que anunciaba el fin del sexto asalto, y Harris dejó caer los brazos. Estaba destrozado, era un muerto viviente. Star le miró antes de que se acercara dando traspiés a su rincón. Le estaba diciendo a Harris que estaba acabado. Le decía que él, Star Harald, se había hecho dueño del cuadrilátero. Que cuando volviera a salir Harris, Star le aporrearía el ojo hasta hacérselo explotar.
– ¡Ven para acá, Star! -gritaban los de su rincón.
Era Browning quien le llamaba. Star siguió en el cuadrilátero, para que Harris se enterara. Ofreciéndole la prueba, exigiéndole respeto. El público montaba un ruido infernal ante el final apoteósico, y Star lo saboreaba como si fuera cerveza fresca. Era su primer combate profesional, a ocho asaltos, y estaba a punto de vencer. Una cámara de televisión le enfocó mientras los periodistas tomaban notas. Jamás se había sentido tan bien. Lástima que Anthony no estuviera aquí para verlo.
– ¡Vamos, Star! -gritó Browning-. ¡Vamos! ¡Sólo te queda un segundo, tío!
Star observó a la multitud, puesta de pie para admirarle. Los hombres aplaudían levantando los brazos, las mujeres le hacían ojitos. Tenía aquellos rostros emocionados tan cerca que casi podía decir quién era quién. Todo el gimnasio había acudido en masa. El señor Gaines, Danny Morales, y también su atractiva esposa. Todos menos Anthony. Aquello le destrozaba cuando tenía que sentirse el hombre más feliz del mundo. ¿Dónde cono estaba el chalado de pelo disparado? Star observó el público y lo descubrió. Estaba al fondo, con la cabeza vendada. Quería asegurarse de que Star no se la jugaba. Harris en el séptimo. El chalado tenía que defender lo suyo.
– ¡Star! ¡Venga, ven aquí, joder! ¡Ven de una puta vez!
Star se volvió y se acercó despreocupadamente a su rincón, el público a sus pies, volviéndose loco por él. Estaba haciendo historia y ellos lo sabían. Durante años podrían decir que habían estado en el primer combate profesional de Star Harald. No volvería a boxear en el Blue, lo haría en el Convention Center o en el Bally's. Bruce Willis se sentaría en primera fila y los canales de pago retransmitirían el combate. La bolsa de Star pasaría de veinte de los grandes a veinte millones.
– ¡Es tuyo, tío! -gritaba Browning mientras Star se sentaba en su esquina-. ¡Le has abierto en canal! Cuando empieces de nuevo, sigue arriba. Gira hacia la derecha. Atento al cross de derecha por detrás de tu izquierda!
Star dejó de escuchar a Browning. Su cabeza estaba ocupada en aquella zorra. Más le valía haber muerto. Escupió su protector de la boca sobre un guante de látex, mientras que el otro le secaba el sudor de la cara, y le echaba un chorro de agua a los labios. Un tercer par de guantes iba a aplicarle vaselina a las cejas, pero Star los apartó con un gesto. Harris no se comería un rosco en el séptimo. Star lo dejaría fuera de combate.
«¡Ring!», el timbre del asalto. Star se levantó del taburete y empezó a saltar para que le circulara la sangre, para entrar en calor. Una mano enguantada le colocó el protector de la boca.
– ¡Ya sabes qué tienes que hacer, Star! -empezó otra vez Browning-. ¡Acaba con él, tío! No puede más. No aguantará más. ¡Termina la faena de una puta vez!
Star se dispuso a la carga, los guantes en alto, los pies ligeros. Fue derecho a Harris, quien retrocedió, levantando el puño izquierdo, en un intento de protegerse el ojo. Star esperó el momento adecuado. Harris no estaba dispuesto a atacar, se limitaba a danzar retrocediendo, como un gatito, con los guantes frente al corte del ojo. Unos rojos hilillos de sangre, como lágrimas, descendían formando una línea en su mejilla.
El gentío pedía a gritos el golpe definitivo. Olían la sangre. Sabían que estaba al llegar. Star debía asestarlo. Harris parpadeó para sacudirse la sangre del ojo y se apoyó en las cuerdas. El corte era tan profundo que el árbitro daría por finalizado el combate de un momento a otro. Star empujó a Harris contra las cuerdas, pegándole con la izquierda. Tenía que mantener a Harris pendiente de la izquierda para poder rematar con la derecha en el corte. Star mantenía la calma. Aquello enloquecía a la multitud. Las cámaras de televisión filmaban.
De repente, Star encontró otro camino. Pegó a Harris con un gancho izquierdo en la barriga. Harris dejó caer el brazo derecho, cubriéndose. Mantenía el brazo izquierdo en alto, pero se encontraba al descubierto. El público chillaba mientras Star le pegaba un gancho de izquierda en la sien. Harris retrocedió un paso; luego cayó desplomado de rodillas. El árbitro indicó a Star que se situara en una esquina neutral pero éste no se movió. Le gustaba demasiado lo que estaba viendo: a Mojo Harris arrodillado, inconsciente frente a él.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Falsa identidad»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Falsa identidad» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Falsa identidad» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.