Joseph Wambaugh - Hollywood Station

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Bajo la atenta mirada del sargento de policía apodado el Oráculo, los agentes de «la comisaría Hollywood» se enfrentan con su rutina habitual. Entre días en los coches de patrulla y noches en las entrañas de una ciudad que nunca duerme, este grupo de policías ve la urbe del glamour en su cruda realidad y, a medida que pasan por tugurios de drogas y sucias esquinas, una serie de acontecimientos sin relación aparente los lleva al caso más sorprendente sucedido en «Hollywood Station» en los últimos años, y les recuerda que en Los Ángeles el horror y el extremismo no tienen límite.

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Entonces, Fausto Gamboa se puso en pie; era la primera vez que lo hacía en un control de asistencia en treinta y cuatro años de carrera.

– El Oráculo no quería que se organizaran jaleos por él, cuando llegara el momento -dijo-. Lo sé de primera mano. Hablamos de ello una noche, hace muchos años, mientras tomábamos un trago en El Árbol.

– Pero algo tendrá que decir su ex mujer, ¿no? -dijo B. M. Driscoll.

– No hay ex mujer -dijo Fausto-. Era la excusa que se inventó para seguir en activo. Y si ahora estuviera aquí, habrían tenido que arrancarle la placa del pecho para deshacerse de él. Pero no le habría gustado nada. Tenía sesenta y ocho años, disfrutó de la vida, hizo algunas cosas buenas y ahora se ha ido, al final del turno.

– ¿Tenía… a alguien? -preguntó Mag.

– Claro que sí -dijo Fausto-, os tenía a vosotros. Se había casado con el trabajo y vosotros erais sus hijos. Vosotros y otros muchos, antes que vosotros.

La sala quedó en silencio hasta que intervino Hollywood Nate.

– ¿No hay… nada, por pequeño que sea, que podamos hacer por él? ¿En recuerdo suyo?

Otra pausa, hasta que habló Fausto de nuevo con voz temblorosa.

– Sí, hay una cosa. ¿Os acordáis de que decía que este trabajo era divertido? El Oráculo siempre decía que hacer bien el trabajo de policía era lo más divertido que haríais en toda la vida. Bien, pues salid ahí fuera esta noche y divertíos.

Tan pronto como la noche cayó sobre Hollywood, la unidad 6 X 76 partió en misión muy especial. Una misión secreta que nadie más conocía en la comisaría. En silencio, Budgie conducía el coche por Hollywood Hills, montaña arriba, hacia Mount Lee. Cuando llegaron al destino, se acercó a una verja cerrada y se detuvo. Fausto la abrió.

– Casi he tenido que firmar con sangre para que el cuidador del parque me dejara la llave.

Budgie siguió al volante, a la máxima velocidad que le permitía el cortafuegos, y finalmente aparcó. Fausto rebuscó en la bolsa de guerra y sacó la urna.

Budgie abría camino alumbrando con la linterna, pero casi no la necesitaban porque había luna llena. Avanzaron por el sendero hasta el pie del letrero. Tenía una altura de cuatro pisos y estaba muy iluminado.

– Ten cuidado, Fausto -dijo Budgie mirando la H gigantesca desde abajo-. ¿Por qué no me dejas a mí?

– Me toca a mí -dijo Fausto-. Hacía más de treinta años que éramos amigos.

El terreno de alrededor de la H había cedido y estaba hundido, de modo que se acercaron al centro de la Y, donde la tierra estaba intacta.

La escalera de mano se encontraba en su sitio, al lado del andamiaje; cuando Fausto había subido ya medio camino, Budgie le dijo a gritos:

– ¡No subas más, Fausto!

Pero él siguió, resoplando y jadeando; se paró dos veces hasta llegar a la cúspide. Una vez allí, levantó la tapa de la urna con cuidado y la volcó murmurando unas palabras:

– Semper policía, Merv. Hasta pronto.

Y las cenizas del Oráculo volaron por el aire en la cálida noche de verano, con el letrero de HOLLYWOOD como fondo con su altura de cuatro pisos, bajo la mágica luz blanca de la solícita luna de Hollywood.

Concluida la misión, Budgie se puso al volante y regresaron a las calles.

– Se me ha ocurrido preparar un pavo para cenar -rompió Budgie el silencio finalmente-. ¿Qué te parece venir a casa, y así conoces a Katie? Quiero una sesión de fotos contigo ayudándola a eructar. Compraré un pájaro pequeño, sólo para ti, para mí y para mi madre.

– Miraré la agenda -dijo Fausto-, a ver si tengo tiempo.

– Mi padre murió hace tres años -dijo Budgie-, pero mi madre no ha empezado a salir con nadie todavía, así que no servirá de nada que intentes ligar con ella.

– Ya, claro -replicó Fausto-, como si me apeteciera ligar con una señora mayor.

– Esa señora mayor -dijo Budgie mirándolo- tiene casi diez años menos que tú, compañero.

– ¿Ah, sí? -dijo Fausto enarcando la ceja derecha-. ¿Y qué tal está?

– Bien, Marty -dijo Hollywood Nate a su compañero novato-, esta noche vamos a hacer buen trabajo de policías y nos vamos a divertir. ¿Estás preparado?

– Sí, señor -contestó el joven agente.

– Maldita sea, Marty -replicó Nate-, guárdate esa mierda de «señor» para tu verdadero oficial de entrenamiento, que seguro que al final será un GI Joe-yonqui que se crió viendo películas de guerra en la tele. Yo, sin embargo, veía los musicales de Fred Astaire y Gene Kelly. Me llamo Nate, ¿te acuerdas?

– De acuerdo, Nate. Perdón.

– Por cierto, ¿te gusta el cine?

– Sí…, Nate -dijo Marty.

– Y, por casualidad, tu padre no será rico, ¿verdad?

– No, por Dios -dijo Marty.

– Lástima -dijo Nate-. Mi último compañero rico no me ayudó mucho en mi carrera.

Había bastante gente en el paseo, y el policía joven se volvió a Nate y le dijo:

– Señor, digo Nate, hay un cincuenta y uno cincuenta gritando desaforadamente allí, frente al teatro chino Grauman.

– ¿Qué está haciendo? -preguntó Nate sin mirar.

– Agita los brazos y chilla a la gente.

– En Hollywood, eso se llama simplemente «comunicación» -dijo Nate-. Hoy día, no es fácil distinguir entre lunáticos normales del boulevard y gente con cascos que va hablando por el móvil. -Pero entonces echó una mirada hacia el famoso teatro y vio de quién se trataba-. ¡Huy, huy! Ese tipo es un broncas. Será mejor que hablemos con él -dijo, y detuvo el coche en zona roja-. Marty, esta vez, tú estableces contacto y yo te cubro. Me quedo aquí, cerca del coche, y observo cómo lo haces. ¿Crees que podrás entenderte con él?

– Claro, Nate -dijo Marty con entusiasmo; salió del coche con la porra y se puso guantes de goma.

El loco que agitaba los brazos vio al agente joven que se acercaba hacia él y dejó de gritar, pero se plantó firmemente a esperar.

El joven Marty Shaw recordó la lección de la academia según la cual era preferible dirigirse a los enfermos mentales de una forma personal, de modo que dio media vuelta un momento y preguntó a Nate:

– ¿Por casualidad te acuerdas de cómo se llama?

– El nombre completo no lo sé -dijo Hollywood Nate-, pero le llaman Al, Al el Intocable.

Agradecimientos

Gracias sobre todo por las geniales anécdotas y la maravillosa jerga policial a los agentes del Departamento de Policía de Los Ángeles (en adelante, el LAPD):

Chate Asvanonda, Matt Bennyworth, Michael Berchem, Wencli Berndt, Vicki Bynum, Elizabeth Estupinian, Laura Evens, Heather Gahry, Brett Goodkin, Chuck Heniy, Craig Herrón, Jack Herrón (retirado), Brian Hospodar, Andy Hudlett, Jeff Injalls, Rick Jackson, Dermis Kilcoyne, Al López, Tim Marcia, Kathy McAnany, Roger Murphy, Bill Pack, Mike Porter, Rosie Redshaw, Tom Redshaw, Dave Sigler, Bill Sollie, Olivia Spindola, Joe Witty.

Y a los agentes del Departamento de Policía de San Diego:

Mark Amando, Pete Amando, Andra Brown, Brett Burkett, Laurie Cairncross, Blaine Ferguson, Pete Griffin (retirado), Mike Gutiérrez, Vanessa Holland, Geny Kramer, Charles Lara, Vic Morel, Tony Puente (retirado), Andy Rios, Steve Robinson, Steve Sloan, Elliott Stiasny, Alex Sviridov, Don Watkins, Joe Winney.

A los agentes del Departamento de Policía de Palm Springs: Dave Costello, Don Dougherty, Steve Douglas, Mitch Spikea los agentes especiales de la Oficina Federal de Investigación: Matt Desamo y Jack Kelly (retirado).

A James Ellroy por insistirme en recuperar las raíces del LAPD.

Joseph Wambaugh

1Contenedor de Goodwill Goodwill es una institución del estilo de - фото 2
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1Contenedor de Goodwill Goodwill es una institución del estilo de Humana o - фото 3

[1]Contenedor de Goodwill: Goodwill es una institución del estilo de Humana o Cáritas, que dispone de contenedores públicos para depositar ropa y objetos usados.

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