Joseph Wambaugh - Hollywood Station

Здесь есть возможность читать онлайн «Joseph Wambaugh - Hollywood Station» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Hollywood Station: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Hollywood Station»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Bajo la atenta mirada del sargento de policía apodado el Oráculo, los agentes de «la comisaría Hollywood» se enfrentan con su rutina habitual. Entre días en los coches de patrulla y noches en las entrañas de una ciudad que nunca duerme, este grupo de policías ve la urbe del glamour en su cruda realidad y, a medida que pasan por tugurios de drogas y sucias esquinas, una serie de acontecimientos sin relación aparente los lleva al caso más sorprendente sucedido en «Hollywood Station» en los últimos años, y les recuerda que en Los Ángeles el horror y el extremismo no tienen límite.

Hollywood Station — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Hollywood Station», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Ya, pero no eres escoria como Powell y Smith. No, pero sobrevives robando. Ya, pero no eres despiadado. No, pero no tienes agallas para atracar licorerías. Un peso gallo marica te hinchó a hostias.

Hora Wambaugh. Remordimientos infligidos por Wambaugh. ¿Aprendes algo? ¿Cambias el rumbo?… No, todavía no.

Salí de la cárcel. Robé una pinta de vodka, me coloqué y fui andando a Hollywood. Entré en la librería Pickwick y robé el ejemplar número 3 de El campo de cebollas. Esta vez llegué a la página 250, más o menos.

«Tunda, tunda», porrazos en las piernas.

Son dos polis nuevos, del LAPD (distrito de Wilshire). Vuelta a lo mismo, prácticamente.

Pierdo el ejemplar número 3. Voy a la comisaría de Wilshire. Voy al juzgado y veo al mismo juez. Está harto de mi teatro. Le ofende mi jeta de andrajoso. Me da a elegir: seis meses en una cárcel del condado o tres en la misión Harbor Light del Ejército de Salvación. Sopeso las opciones. Opto por los himnos en los bajos fondos.

El programa era sencillo y se cumplía con rigidez. Se toma la droga Antabuse. Se supone que impide la ingesta de alcohol. Si privas, te pones malo con todas las de la ley. Se comparte habitación con otro borracho. Se asiste a los servicios religiosos, se da de comer a los vagabundos y se reparten folletos de Jesús por todos los bajos fondos.

Lo hice. Tomé Antabuse, me aguanté el síndrome de abstinencia y no bebí. Dormía fatal. No paraba de montarme películas sobre el final de El campo de cebollas. Compartía una habitación con un ex sacerdote borrachín. Dejó la iglesia para vagabundear, beber y perseguir chuminos. Era un gran lector. Despreció mi currículo de libros policíacos en exclusiva. Lo mismo le daba Joseph Wambaugh que Jesús o Rin Tin Tin. Intenté explicarle lo que significaba Wambaugh. Los pensamientos se me desparramaron, descoyuntados. La verdad es que no me aclaraba.

El banco de sangre estaba a tres manzanas de la misión. Dos ventas de plasma me proporcionaron dinero para el libro. Fui andando a una librería del centro. Compré el ejemplar número 4 de El campo de cebollas y lo leí entero.

Ian muere. Karl sobrevive, destrozado. Jimmy y Greg se aprovechan de los vericuetos del sistema legal y se libran del justo destino de morir. Indignación de Wambaugh. Terrible compasión de Wambaugh. Su mensaje de esperanza al final claramente definido, suavemente enmudecido.

El libro me conmovió, me asustó y me recriminó la vida irresponsable que llevaba. El libro me sacó indirectamente de mí y me hizo mirar a la gente en atento silencio.

Me largué de la misión temprano. Quería vagabundear, leer y beber. Dejé el Antabuse y me reintoxiqué. Me encontré con un viejo amigo del instituto. Tenía un plan delictivo de poca monta, de los «es perfecto, no te lo pierdas».

Vivía al sur de Melrose, justo enfrente del restaurante Nickodelle. El bar estaba a rebosar de borrachos pudientes. Yo asaltaría a los borrachos en el aparcamiento y los dejaría fuera de combate. Cruzaría Melrose de una carrera y llegaría a su casa en dieciséis segundos clavados.

Me negué. No se levanta la mano a otro ser humano gratuitamente. Eso no lo aprendí de pequeño con los luteranos. Con Joseph Wambaugh, sí.

Lo mío con los libros venía de tiempo atrás. Mi viejo me enseñó a leer a los tres años y medio. Me desarrollé como autodidacta, el clásico hijo único e hijo del divorcio.

Mi primer amor fueron los cuentos de animales. Esa fase lectora se agotó pronto. Sentía por los animales un amor desgarradoramente tierno y casi obsesivo. En los libros, los animales sufrían crueldades y morían. No podía soportarlo. Me pasé a cuentos del mar. Me enrollaron la vastedad del mar y la nomenclatura especializada de los barcos. Esa fase lectora me quemó cuando me enfangué en una edición íntegra de Moby Dick.

Las palabras y las expresiones me desconcertaban. El argumento era difícil de entender. Me zampé una buena parte del texto y me puse del lado de Moby. El capitán Ahab, que se jodiera. Era un soplapollas psicópata con pata de palo. Estaba fastidiando a Moby y quería clavarle arpones en el culo. La historia se hizo pesada. El viejo acabó de leerla en mi lugar. Dijo que el final era esquizo. Moby embistió contra el barco y sólo sobrevivió un tío. Moby se largó con algunos arpones clavados.

Adieu, cuentos del mar. Ahora, novelas del Oeste para críos. Transporte de reses, peleas con revólveres, emboscadas pieles rojas. Esa fase lectora coincidió con una cosecha récord de producción televisiva del Oeste. Gunsmoke, The Restless Gun, Wagon Train. Justicia fronteriza y chicas de saloon enseñando escote. Ésa fue mi fijación lectora hasta que el destino dio un redoble de tambor, el 22 de junio de 1958.

Ahora está muerta. Geneva Hilliker Ellroy, cuarenta y tres años, campesina de Wisconsin. Es mi madre. Una borracha. Enfermera titulada: el arquetipo sexy de profesión femenina. Es una pelirroja guapííísssima, tiene madera de cine noir, es el arquetipo de mujer de mi sexualidad infantil.

Ella me entregó en matrimonio al CRIMEN. Instantáneamente, mi interés lector se centró ahí. Me fui a vivir con mi viejo. Él atendía a mi nueva fase lectora trayéndome dos libros policíacos para críos a la semana. Los engullía, empecé a mangar libros para rellenar huecos de lectura y agoté enseguida el repertorio de publicaciones policíacas para críos. Me gradué en Mickey Spillane y psicosis de la Guerra Fría. El crimen era sexo, el sexo era crimen, crimen y sexo de ficción componían un diálogo sublimatorio sobre mi odiada y deseada madre. El viejo me trajo The Badge, el libro de Jack Webb. Elogiaba al LAPD y contaba con detalle los casos más notorios. Joe Wambaugh ingresó en el LAPD al año siguiente. Era un poli bisoño con título de Inglés. Faltaban diez años para su apoteosis como escritor.

El crimen. La pelirroja y yo. Faltaban años todavía para mi encuentro con Wambaugh.

La muerte de mi madre me corrompió la imaginación. Veía crímenes en todas partes. No eran incidentes sueltos predestinados a una solución y adjudicación finales. El crimen era la constante circunstancial. Era todo el día, todos los días. Las ramificaciones llegaban al día 12 del mes de nunca. Así ven el crimen los policías. Yo no lo sabía, entonces.

Mi métier era el noir para críos. Verano del cincuenta y nueve. El doctor Bernard Finch y Carole Tregoff dan una paliza a la mujer de Bernie por la pasta. Bernie tiene los cuarenta cumplidos. Carole, diecinueve, pechugona y piernas largas. Es pelirroja. ¿Pelirrojas y asesinato? En eso estoy. Mayo del sesenta. Caryl Chessman come gas en San Quintín. Se aplica la ley Little Linderbergh: secuestro con agresión sexual. La noir para críos se arrellanaba en la constelación de un mundo dual. El mundo exterior era el supuestamente real. Significaba vida hogareña y el currículo escolar obligatorio. El mundo interior era el CRIMEN. Eso significaba libros policíacos, películas policíacas y programas televisivos policíacos. Cada cápsula dramática ofrece una solución limpia. Sé que es mentira. La superabundancia de libros y películas policíacos no significa el cese del crimen en ningún caso. Joe Wambaugh ya es un poli novato. Lo sabe mejor que yo.

Abril del sesenta y uno. El violinista de country Spade Cooley está de mierda hasta el cuello. Se ha colgado de la benzedrina. Su mujer quiere entrar en el culto al amor libre. Spade la mata de una paliza. Ella-Mae Cooley prometía fama a fuego lento. Tenía la misma expresión de cordero degollado que se le ponía a mi madre con tres whiskys. Joe Wambaugh ha cumplido veinticuatro. Trabaja en el distrito universitario. Allí todo son negros y disturbios. Siempre hay agitación entre los nativos. Juegos de dados en el aparcamiento. Garitos de transformación del cabello. Aspirantes a Sonny Listón luciendo chatos sombreros pork pie. El turno de noche se mueve al ritmo del tam-tam.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Hollywood Station»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Hollywood Station» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Joseph Wambaugh - The Choirboys
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - Finnegan's week
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - Echoes in the Darkness
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - Hollywood Hills
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - Los nuevos centuriones
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - Cuervos de Hollywood
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - The Blue Knight
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - Hollywood Moon
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - Hollywood Crows
Joseph Wambaugh
Joseph Wambaugh - El caballero azul
Joseph Wambaugh
Joseph Addison - Held For Lust
Joseph Addison
Отзывы о книге «Hollywood Station»

Обсуждение, отзывы о книге «Hollywood Station» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x