– No lo suficiente. Bailey, ¿a quién más viste mientras estabas encerrada?
– Solo a Granville y alguna vez a Mansfield. A veces a los guardias. ¿Por qué?
– Por saberlo. -Alex esperaría un poco antes de contarle a Bailey que Granville había dicho que había más, y también esperaría antes de contarle que Craig había asesinado a la hermana Anne-. Ahora duerme. Luego volveré.
– Alex, espera. No quería decirle que tú tenías la llave, y él… -Sus ojos se llenaron de lágrimas al señalar las marcas recientes del brazo producidas por la aguja-. Me pinchó.
Alex se quedó mirando las marcas de la aguja, horrorizada.
– No.
– Llevaba cinco años sin probar nada. Lo juro.
– Ya lo sé. Hablé con Desmond y con todos tus amigos.
– Ahora tengo que volver a desengancharme. -A Bailey se le quebró la voz y a Alex se le partió el corazón.
– No tendrás que hacerlo sola esta vez. -Alex besó a Bailey en la frente-. Ahora duerme. Yo tengo que hablar con la policía. Querrán que les cuentes lo de las chicas.
Bailey asintió.
– Diles que les ayudaré en todo lo que pueda.
Atlanta, sábado, 3 de febrero, 10.15 horas.
Daniel se despertó y encontró a Alex durmiendo en una silla al lado de su cama. Pronunció su nombre tres veces antes de conseguir hacerlo lo bastante alto para despertarla.
– Alex.
Ella levantó la cabeza y pestañeó para prestarle atención de inmediato.
– Daniel. -Sus hombros se hundieron y por un momento él pensó que iba a echarse a llorar. El pánico se adueñó de él.
– ¿Qué? -La mera palabra le arrancó la piel de la garganta.
– Espera. -La pastilla refrescante que ella le introdujo en la boca le sentó de maravilla-. Acaban de retirarte el tubo de respiración, así que te dolerá la garganta unas horas. Aquí tienes un cuaderno y un bolígrafo; no hables.
– ¿Qué? -repitió él, ignorando sus palabras-. ¿Estoy muy mal?
– Dentro de unos cuantos días podrás salir del hospital. Has tenido suerte, la bala no te ha afectado ningún órgano vital. -Lo besó junto a los labios-. Ni siquiera han tenido que operarte. La herida está cicatrizando sola. Dentro de unas semanas o como mucho un mes estarás recuperado del todo y podrás volver al trabajo.
Aun así, había algo que iba mal.
– ¿Qué les ha ocurrido a Mansfield y a Granville?
– Mansfield, Granville y O'Brien están muertos. Y Frank Loomis también. Lo siento, Daniel. Probablemente murió pocos minutos después de que le dispararan. Pero Bailey está viva.
– Bien -dijo con tanto entusiasmo como pudo-. ¿Qué ocurrió allí, Alex? -preguntó con voz ronca-. Luke y tú… Os oí hablar, dijisteis algo de unas chicas.
– Granville estaba metido en una historia horrenda -dijo ella en tono quedo-. Encontramos los cadáveres de cinco adolescentes. Las había tenido prisioneras. Beardsley dice que debía de haber una docena en total. Granville empezó a sacarlas de allí, pero no tenía tiempo de llevárselas a todas y mató a las que quedaron.
Daniel trató de tragar saliva, pero no pudo. Alex deslizó otra pastilla refrescante en su boca, pero esta vez no le sirvió de ayuda.
– Una de las chicas consiguió escapar con la ayuda de Bailey. Está inconsciente, así que aún no ha podido contarnos nada. Luke dice que una de las chicas muertas le suena del caso que llevaba con anterioridad. -Suspiró con aire cansino-. Supongo que no olvida sus caras, igual que tú no olvidas las caras que aparecen en las fotos de Simon. Una de las chicas que encontramos aparecía en una de las páginas de pornografía infantil que el equipo de Luke clausuró hace ocho meses.
A Daniel se le revolvió el estómago.
– Dios.
– Llegamos una hora tarde. -Alex le acarició la mano con suavidad-. Daniel, antes de morir Granville dijo que él era el maestro de Simon, pero que había más. Qué él se debía a otra persona.
– ¿Quiénes son los demás?
– No lo dijo.
– ¿Y Mack O'Brien?
– El equipo de Chase ha descubierto el lugar en el que vivía.
– ¿En la nave que Rob Davis construyó en las tierras de su familia?
– Has acertado a medias. Vivía en una de las naves que el editor del Review destinaba a almacén. El coche de Delia estaba equipado con GPS y los hombres de Chase siguieron la señal y dieron con los otros coches que Mack tenía guardados. Luke encontró los emails en el ordenador de Mack. Pensaba vender el Porsche de Delia, el Z4 de Janet y el Mercedes de Claudia. Y pintó de nuevo el Corvette de Gemma. Parece que ese pensaba quedárselo.
– Espera. ¿Mack vivía en el almacén donde guardaban las copias del Review ? ¿Por qué?
– El trabajaba para el Review , Daniel. Mack era el repartidor de periódicos. El martes estuve charlando con él en la puerta de casa como si tal cosa.
A Daniel se le formó un nudo en el estómago al pensar que Mack O'Brien había estado tan cerca de ella.
– Mierda. ¿Y nadie lo reconoció? -preguntó con voz áspera.
– Marianne lo contrató; se encargaba de todos los trabajos administrativos del periódico. Pero ella no lo conocía. Mack debía de ser aún pequeño cuando vosotros estudiabais en la escuela secundaria. Repartía los periódicos cuando casi todo el mundo dormía y el resto del tiempo andaba de un lado para otro con la furgoneta de Marianne, observándolo todo. Mack observaba mucho.
– ¿A quién observaba?
– A todos ellos. Tenía fotos de Garth entrando en casa de Bailey, de Mansfield llevando a las chicas al bunker de Granville, de Mansfield…
– Espera. ¿Mansfield también estaba implicado en eso?
– Sí. Todavía no sabemos hasta qué punto, pero tomaba parte en el negocio de Granville.
Daniel cerró los ojos.
– Joder. Quiero decir… Santo Dios, Alex.
– Ya lo sé -musitó ella-. Por suerte parece que Frank no tenía nada que ver con eso. Ayer recibió un mensaje de texto en el que le decían dónde encontraría a Bailey. Él creyó que era de Marianne, pero lo envió Mack desde su móvil.
– Pero Frank falsificó las pruebas en el caso del asesinato que le imputaron a Fulmore. -Su voz sonaba como un graznido, y Alex le introdujo otra pastilla refrescante en la boca con una mirada de reproche.
– Utiliza el cuaderno y el bolígrafo. Sí, entonces Frank falseó las pruebas, pero no creo que ayer quisiera traicionarte. Bailey me ha contado que Frank la ayudó a escapar.
Daniel imaginó que eso suavizaba un poco las cosas. Aun así…
– Ojalá supiera por qué. Necesito saber por qué.
– Puede que estuviera protegiendo a alguien. Puede que lo chantajearan. -Le acarició la mejilla-. Espera a volver a estar fuerte. Entonces lo investigarás y con un poco de suerte darás con algunas respuestas.
Con un poco de suerte. Daniel sabía que tal vez no llegara a conocer nunca los motivos de Frank, pero quería creer que los tenía.
– ¿Qué más?
Alex suspiró.
– Mansfield contrató a Lester Jackson, el hombre que quiso atropellarme y que mató a Sheila y al joven agente de Dutton en Presto's Pizza. Chase encontró un móvil desechable en el bolsillo de Mansfield y los números coincidían con los de las llamadas que Lester Jackson recibió en su móvil el día en que trató de atropellarme.
– ¿Y los diarios?
– Chase los encontró con las cosas de Mack. Annette tenía razón en todo lo que dijo. Mack llevaba un mes siguiendo a Garth, a Rob Davis y a Mansfield. Creo que él tampoco estaba seguro de quién era el séptimo porque al principio guardó fotos de muchos de los hombres de la ciudad. Pero entonces vio a Granville en la puerta del bunker y desde entonces todas las fotos pasaron a ser de Toby, Garth, Randy y Rob Davis. Rob estaba liado con Delia, que supongo que Mack imaginó que cargándosela mataba dos pájaros de un tiro. Por una parte se vengaba de Delia por haber hablado mal de su madre y por la otra le hacía más daño a Rob Davis.
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