Karen Rose - Grita Para Mi

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Daniel Vartarian es el agente del FBI asignado al caso del asesinato de una joven en la localidad de Dutton, pueblo donde Daniel nació. El asesinato es exactamente igual a uno que ocurrió en el mismo lugar trece años atrás. Al investigarlo, Daniel reconocerá a aquella adolescente del pasado… Ha visto su rostro en una de las fotos que pertenecían al asesino en serie más cruel que haya conocido: su propio hermano Simon. Así, Daniel tendrá que enfrentarse a sus propios vecinos, a sus fantasmas familiares y a sus conflictos de adolescencia mientras investiga los viejos y nuevos crímenes con la ayuda de Alexandra, la hermosa hermana gemela de una de las víctimas del asesino.

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– ¿Cuántas chicas han conseguido sacar de aquí? -preguntó Luke, y Alex observó en su rostro la misma cólera salvaje que observara la noche del tiro al blanco.

– Cinco o seis -respondió Beardsley-. Se las han llevado por el río.

– Avisaré a la policía local y a los patrulleros -se ofreció Luke-. Y a los guardacostas.

Por detrás de ellos pasó Daniel, tendido en la camilla.

– Ve con él -dijo Beardsley-. Yo me pondré bien.

Otra camilla entró por donde lo habían hecho ellos.

– Estos médicos vienen por usted. -Tomó la mano de Beardsley-. Gracias, me ha salvado la vida.

Él asintió; su mirada era fría e inexpresiva.

– De nada. Dile a Bailey que iré a visitarla.

– Lo haré.

Luego Alex y Luke siguieron la camilla de Daniel hasta el exterior, mirándose el uno al otro. Cinco víctimas más. A Alex le entraron ganas de gritar, pero al final se situó al lado de Daniel, le tomó la mano y se dirigió con él hacia la luz del sol.

Capítulo 26

Atlanta, viernes, 2 de febrero, 17.45 horas.

– Alex. -Meredith se puso en pie cuando Alex cruzó corriendo la puerta de la sala de urgencias-. Dios mío, Alex. -La rodeó con los brazos y ella la sostuvo con fuerza contra sí.

– Todo ha terminado -musitó-. Todos han muerto.

Meredith se retiró un poco, visiblemente temblorosa.

– Estás herida. ¿Dónde te han herido?

– La sangre no es mía. Es de Daniel, y sobre todo de Granville. ¿Han entrado a Daniel?

– El helicóptero llegó hace unos veinte minutos.

Alex se dirigió al puesto de las enfermeras y Meredith la acompañó.

– Soy Alex Fallon. ¿Podría…?

– Es por aquí -la interrumpió la enfermera mientras un numeroso grupo de periodistas se apiñaba a su alrededor. Ella los guió hasta una pequeña sala de espera-. El agente Chase Wharton nos ha dicho que iba a venir. Quiere hablar con usted.

– Yo con quien quiero hablar es con el médico de Daniel Vartanian -insistió ella-. Y con el de Bailey Crighton.

– Ahora el médico está atendiendo al señor Vartanian -explicó la enfermera con amabilidad, y miró a Alex más de cerca-. Usted estuvo aquí hace unos días, vino a visitar a la monja que murió.

– Sí. -Alex se paseó por la pequeña sala, hecha un manojo de nervios.

– Es enfermera de urgencias. -La enfermera arqueó las cejas-. Ahora lo entiendo. Menudo trabajo ha hecho con Vartanian.

Alex dejó de pasearse y miró a la mujer a los ojos.

– ¿Lo he hecho bien?

La enfermera asintió.

– Eso parece.

Alex exhaló un suspiro de alivio.

– ¿Puedo ver a Bailey?

– Venga conmigo.

Alex asió la mano de Meredith con fuerza mientras caminaban detrás de la enfermera.

– ¿Dónde está Hope?

– Con el agente Shannon y con Riley, todavía en la casa de incógnito. Hemos pensado que era mejor no traerla a ver a Bailey hasta que haya hecho limpieza. Alex, he visto a Bailey cuando ha entrado. Está muy mal.

– Pero está viva -repuso la enfermera. Señaló la sala donde tenían lugar los exámenes médicos-. Solo unos minutos.

A pesar de que la habían advertido, Alex se estremeció al ver a Bailey.

– Bailey, soy yo, Alex.

Los párpados de Bailey se levantaron y se cerraron varias veces cuando ella se esforzó por abrir los ojos.

– No te preocupes -la tranquilizó Alex-. Tienes que descansar. Estás a salvo; y Hope también.

Las lágrimas brotaron de los hinchados ojos de Bailey.

– Has venido. Y has salvado a mi niña.

Alex tomó su mano con suavidad y observó los cardenales y las uñas en carne viva.

– Es una niña preciosa. Meredith se ha ocupado de ella.

Bailey se esforzó por abrir los ojos, y miró a Alex y a Meredith.

– Gracias.

A Meredith se la oyó tragar saliva.

– Hope está bien, Bailey. Te echa de menos. Y Alex no ha dejado de confiar en que seguías viva.

Bailey se pasó la lengua por los labios, resecos y cortados.

– ¿Y Beardsley? -preguntó con voz ronca.

Alex dio unos toques en la boca a Bailey con un paño húmedo.

– Está vivo. También a mí me ha salvado la vida. Me ha dicho que vendría a visitarte. Bailey, la policía ha encontrado a tu padre.

A Bailey le temblaron los labios.

– Tengo que hablar contigo. Wade… hizo cosas horribles. Y mi padre lo sabía.

– Ya lo sé. Al final me he permitido recordar. Craig mató a mi madre.

Bailey se estremeció.

– No lo sabía.

– ¿Recuerdas que ese día me tomé un bote de pastillas? ¿Me lo dio Craig?

– Creo que sí, pero no lo sé seguro. Alex… Wade… Creo que él mató a Alicia.

– No, no lo hizo. Hizo otras cosas horribles pero no la mató.

– ¿La violó?

Alex asintió.

– Sí.

– Hay más.

Alex sintió escalofríos. Granville había dicho lo mismo.

– ¿Te refieres a la carta que Wade te envió? La hemos encontrado, con ayuda de Hope.

– Eran siete. Wade y seis más.

– Ya lo sé. Excepto Garth Davis, todos están muertos, y a Garth lo han detenido.

Bailey volvió a estremecerse.

– ¿Garth? Pero él… Dios mío, qué estúpida he sido.

Alex recordó la llamada de Sissy y al hombre con quien se suponía que Bailey se había encontrado la noche anterior a su secuestro.

– ¿Teníais una aventura?

– Sí. Vino a verme después de que Wade muriera y me dio el pésame como el alcalde que era. -Cerró los ojos-. Una cosa llevó a la otra. Y mira que Wade me lo advirtió. «No te fíes de nadie.»

– ¿Te preguntó Garth por las pertenencias de Wade? -preguntó Meredith en tono quedo.

– Unas cuantas veces, pero no me planteé por qué; entonces todavía no había recibido las cartas de Wade. Estaba tan contenta de que alguna persona de la ciudad me tratara bien… Garth estaba buscando la puta llave; igual que él. Era por lo único que él me preguntaba, por la puta llave.

– ¿Quién te preguntaba por la llave? -quiso saber Alex, y Bailey se echó a temblar.

– Granville. -Lo dijo con amargura-. ¿Qué abría la llave?

– Una caja de seguridad -respondió Alex-. Pero estaba vacía.

Bailey levantó la cabeza, perpleja y desolada.

– Entonces, ¿por qué me ha hecho esto?

Alex miró a Meredith.

– Es una buena pregunta. Daniel y Luke creían que el séptimo hombre tenía un juego de llaves, pero me parece que Granville no lo tenía.

– O bien fue él quien sacó las fotos de la caja de seguridad -observó Meredith.

– Es posible -dijo Luke desde la puerta-. Puede que Granville sacara las fotos de allí hace años. Todavía no lo sabemos. Pero el hecho de que al cabo de todos esos años resultara que Simon seguía con vida los puso a todos nerviosos. Si Daniel encontraba la llave de Simon y Bailey la de Wade, habrían empezado a hacer preguntas, y Granville no quería que eso sucediera. -Se acercó a la cama de Bailey-. Chase quiere hablar contigo, Alex. ¿Cómo te encuentras, Bailey?

– Me pondré bien -dijo Bailey con denuedo-. Tengo que ponerme bien. ¿Cómo está la chica a quien encontré?

– Inconsciente -respondió Luke.

– Es posible que eso sea lo mejor -musitó Bailey-. ¿Cuándo podré ver a Hope?

– Pronto -le prometió Meredith-. Sufrió un gran trauma cuando te dieron la paliza, no quiero que vuelva a asustarse. Te lavaremos el pelo y trataremos de ocultar algunas cicatrices antes de traer a Hope a que te vea.

Bailey asintió con aire abatido.

– Alex, le conté a Granville que te había enviado la llave a ti. ¿Te hizo daño?

– No. La sangre de la blusa es casi toda suya. Está muerto.

– Bien -soltó Bailey con acritud-. ¿Ha sufrido?

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