Jodi Compton - Indicio de culpa

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - Indicio de culpa» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Indicio de culpa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Indicio de culpa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Sarah Pribek, una detective de Mineápolis especializada en desapariciones, protege la identidad de una amiga suya, Genevieve. Ambas persiguieron, encontraron y mataron a Royce Stewart, violador y asesino de la hija de Genevieve, en una trama en la que se vio involucrado el marido de Sarah, que se encuentra en la carcel. Nadie del departamento de policía entiende el extraño proceder de la detective, que está protegiendo a una criminal, y un inspector llega a la ciudad para investigarla… Una historia donde las cosas no tienen las motivaciones correctas, o al menos las que se presume que deberian ser.

Indicio de culpa — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Indicio de culpa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Papá estaba trabajando en una conferencia que iba a pronunciar en el Augsberg College y Marlinchen lo encontró intensamente concentrado en su redacción.

– ¿Papá?

– ¿Sí, cariño? -dijo él sin dejar de escribir.

– Creo que Aidan está muy enfermo.

– Es la gripe -replicó papá-. Lo único que debe hacer es quedarse en cama y descansar.

– Creo que necesita un médico -señaló Marlinchen-. Está a cuarenta de fiebre.

– ¿En serio? -preguntó el padre-. Dale un par de pastillas de antitérmico. Con eso, la fiebre le bajará. -Y continuó enfrascado en la máquina de escribir.

– Papá, me parece que necesita un médico -insistió Marlinchen, tragando saliva.

– ¿No me has oído? -Había dejado de teclear, pero no volvió la cabeza-. Que tome esas pastillas -añadió tajante-. Mañana tengo que dar esta conferencia, no me jodas.

– De acuerdo -dijo ella con voz débil.

Marlinchen había visto una película en que la que salvaban a un hombre que tenía una fiebre muy alta. Hizo que su hermano se tragara las pastillas con un vaso de agua helada y luego le dio de beber otro. A continuación le preparó un baño muy frío y le ordenó que se metiera en la bañera. Al cabo de dos horas, la temperatura le había bajado a treinta y ocho y Marlinchen tuvo la certeza de que su hermano se recuperaría.

Al cabo de tres horas, su padre salió del estudio y le dijo:

– Lo siento mucho, Marli.

Marlinchen se sintió aliviada.

– No tendría que haber dicho esa palabrota -añadió él-. Sé que no está bien. -Le puso un billete de veinte dólares en la mano-. ¿Qué tal si esta noche encargas una pizza? Así no tendrás que cocinar.

Marlinchen pensó que su mal humor tenía que deberse a que últimamente le dolía la espalda. Sí, debía de ser eso.

Pasó otro año, y otro, y ella cada vez asumía más responsabilidades en la casa. Pese a que no daba clases, papá parecía más ocupado que nunca. Se encerraba en el estudio muchas horas y trabajaba en su siguiente novela. En el resto de la casa, todos los demás hermanos recurrían a ella no sólo para que les cocinara, sino también para que los ayudara a hacerlos deberes. También era ella la que se encargaba de las reprimendas y de la disciplina.

Todos, salvo Aidan. Aidan la ayudaba. Vigilaba a Colm y a Donal -Liam ya había desarrollado su pasión por los libros- cuando ella tenía que estudiar, y jugaba con los pequeños al escondite o se los llevaba a pasear por la orilla del lago. Y con Aidan la unía una amistad que no tenía con los demás hermanos. Compartían bromas y secretos y, cuando papá se acostaba pronto porque le dolía la espalda, se quedaban levantados y miraban películas para mayores en la televisión por cable.

Aidan era el único de los hermanos del que podía decirse que era alto y, cuando tenían siete años, el chico dio un estirón. Un día, años después, mientras la familia se reunía a la mesa para la cena, Marlinchen reparó en Aidan, que se hallaba junto a la puerta abierta del frigorífico con su mano mutilada apoyada en el lateral del electrodoméstico mirando en su interior. De repente advirtió cuánto había crecido y cómo en sus brazos empezaban a formarse las ondulaciones de músculo propias de los hombres. Aparentaba más edad de los once años que tenía.

Y entonces Marlinchen se fijó en su padre, que también miraba a Aidan con sus ojos azules extrañamente entornados. No dijo nada. En realidad, estuvo callado durante toda la cena.

En aquella época, el padre hablaba cada vez menos y Marlinchen sospechó que la novela no iba bien y que, además, la úlcera lo mortificaba; no abría la boca más de lo necesario y perdía los estribos con facilidad. Fue entonces cuando ocurrió el incidente de la foto, un incidente que Marlinchen siempre consideró importante, un acontecimiento tan trascendental como los que aparecen con mayúsculas en los libros de texto de historia.

Hacía tiempo que papá había encargado a Marlinchen que se ocupara de las fotos familiares; a ella le gustaba mucho confeccionar los álbumes. Le había dado a Aidan un retrato de veinte por treinta que era demasiado grande para pegarlo en un álbum, en el que se veía a la madre con él en el regazo bajo el magnolio. Aidan nunca se había interesado mucho en decorar la mitad de la habitación que compartía con Liam, pero compró un marco para la foto y la colgó cerca del diploma que certificaba que era el corredor más rápido de su clase en la distancia de una milla.

Llevaba en su cuarto dos días cuando el padre, al pasar ante la habitación de los chicos mayores camino de la calle, reparó en ella.

– Esta foto no es tuya -le dijo a Aidan-, y no me gusta verla en ese marco barato de mercadillo.

– La foto es mía -insistió Aidan-. Me la dio Marlinchen.

Sin mediar palabra, el padre arrancó la foto de la pared.

– Es mía -repitió Aidan.

El padre sacó la foto del marco y se lo tendió.

– Toma, puedes quedártelo. Habrás comprado el marco, eso me lo creo -dijo-, pero la foto no es tuya.

– Sí que lo es -insistió Aidan, pero su padre no le hizo caso y se marchó.

El día siguiente era el aniversario de la muerte de la madre. Siempre iban a llevar flores a su tumba, cada año. Era una tradición familiar.

En esa ocasión, cuando Aidan fue al garaje con todos los demás y se dispuso a subir al coche, el padre sacudió la cabeza.

– Tú te quedas en casa -anunció.

– ¿Qué? -preguntó Aidan, como si no lo hubiera oído bien.

– ¿Sabes que probablemente perderás un año y tendrás que repetir quinto curso? -le dijo el padre-. Tu profesora me sugirió que te limitara las salidas y los viajes familiares hasta que tu rendimiento escolar mejore. Creo que tiene razón.

Marlinchen conocía bien las expresiones de su hermano gemelo y sabía lo mucho que significaba para él el recuerdo de la madre. Aidan esperó unos instantes para ver si su padre cambiaba de idea. Luego, con las mejillas ruborizadas, regresó a la casa.

El padre tardó dos días en descubrir lo que había hecho Aidan mientras estuvo solo en la casa. Aquella tarde, salió de su estudio y fue en busca de Aidan, que estaba haciendo los deberes.

– ¿Dónde está? -le preguntó gritando.

– ¿Dónde está, qué? -preguntó Aidan a su vez.

Aidan había cogido la foto del estudio de su padre y la había escondido. Pese a que buscó por todas partes, Hugh no logró encontrarla. Revolvió la mitad del dormitorio del chico, registró el cuarto de baño y todos los escondites habitúales del jardín, pero la foto no apareció. El padre ya no volvió a preguntarle por ella, pero su mal humor se cernió como un nubarrón sobre la casa. Impertérrito, Aidan apenas abrió la boca, pero Marlinchen se asustó muchísimo.

– ¿No puedes devolverle la foto? -lo instó.

– No -le dijo Aidan-. La foto ya no está aquí.

– Lo estás provocando.

– Me quitó una cosa que me pertenecía -replicó Aidan. Le estaba cambiando la voz y, por un momento, su hermana oyó en ella el timbre de un hombre, su futura voz.

– Si se la devuelves, todo se arreglará -dijo ella.

Marlinchen sacaba mejores notas que Aidan y lo ayudaba con los deberes, pero en aquel momento su hermano la miró como si supiera algo que ella no alcanzaba a comprender.

– No, no se arreglará nada. La foto no tiene nada que ver.

Cuando se iniciaron las palizas, Marlinchen y los hermanos pequeños las afrontaron fingiendo que no sucedían. Tampoco resultaba tan difícil, porque casi todas las hostilidades tenían lugar lejos de sus miradas. Cuando oían algo a través de las paredes, Colm subía el volumen de la tele, Liam se ponía los auriculares del walkman y se refugiaba en la lectura y Marlinchen se llevaba a Donal al jardín, a pasear por la orilla del lago. El propio Aidan nunca hablaba del asunto con los demás y ocultaba los cardenales ante ellos y ante sus maestros.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Indicio de culpa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Indicio de culpa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ivy Compton-Burnett - The Last and the First
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - Elders and Betters
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A God and His Gifts
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A Family and a Fortune
Ivy Compton-Burnett
Jodi Compton - Hailey's War
Jodi Compton
Jodi Compton - 37 horas
Jodi Compton
Jodi Compton - The 37th Hour
Jodi Compton
Jodi Thomas - Indigo Lake
Jodi Thomas
Отзывы о книге «Indicio de culpa»

Обсуждение, отзывы о книге «Indicio de culpa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.