Jodi Compton - Indicio de culpa

Здесь есть возможность читать онлайн «Jodi Compton - Indicio de culpa» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Триллер, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Indicio de culpa: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Indicio de culpa»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

Sarah Pribek, una detective de Mineápolis especializada en desapariciones, protege la identidad de una amiga suya, Genevieve. Ambas persiguieron, encontraron y mataron a Royce Stewart, violador y asesino de la hija de Genevieve, en una trama en la que se vio involucrado el marido de Sarah, que se encuentra en la carcel. Nadie del departamento de policía entiende el extraño proceder de la detective, que está protegiendo a una criminal, y un inspector llega a la ciudad para investigarla… Una historia donde las cosas no tienen las motivaciones correctas, o al menos las que se presume que deberian ser.

Indicio de culpa — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Indicio de culpa», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Durante la primera declaración ante los detectives del condado de Faribault, me había parecido natural y correcto mentir para proteger a Genevieve. Ahora, me preguntaba si no me habría cavado una tumba más profunda de lo que había supuesto en un principio.

La puerta del dormitorio se abrió y me volví, dando la espalda a la ventana.

– Vaya -dijo Cicero desde el umbral-, lamento la interrupción.

– Es tu trabajo -respondí.

– ¿Tienes hambre?

Descubrí que sí.

– ¿Cómo lo has sabido? -exclamé.

– Cosas de la facultad. Nos enseñaron a reconocer los síntomas precoces de la desnutrición -bromeó-. ¿Qué has cenado?

– Cuatro whiskys, tres cervezas y media ración de patatas -reconocí.

– No se me podría ocurrir una dieta más equilibrada -comentó él-. Voy a ver si encuentro algo de comer mientras te preparo un café.

Torcí el gesto. Cicero no era rico; ni siquiera estaba segura de que tuviese el dinero suficiente para sobrevivir.

– No deberías malgastar tu comida conmigo -me lamenté.

– Disfrútala y no se malgastará.

Me preparó un bocadillo de tomate y aguacate con una taza de café; mientras yo daba cuenta de él, volvimos al dormitorio. Cuando casi había terminado, Cicero me preguntó:

– Y bien, ¿por qué hemos estado bebiendo esta noche?

– ¿Por qué los médicos dicen siempre «nosotros» cuando se refieren a los demás? -repliqué.

– Da confianza -fue su respuesta-. Pero no se trataba de una celebración, ¿verdad?

– No -respondí.

– ¿Algo anda mal?

– No, de verdad. -Levanté la taza de café como para que me protegiera de su curiosidad.

– Y yo voy y me lo creo. Vamos, ¿qué te ha pasado?

Lamí una gota de mayonesa manchada de tomate de la yema del índice.

– El bocadillo estaba estupendo, de verdad -declaré.

– Gracias. ¿Qué te ha pasado?

– Es complicado -respondí finalmente, con un suspiro-. Tiene que ver con la razón por la que mi marido está en la cárcel y… Creí que hacía lo acertado y ahora ya no estoy tan segura. Quizá puedas entenderlo… Pero ¿qué digo? ¡Claro que puedes! -Le dirigí una mirada perspicaz-. Fue así como perdiste la licencia, ¿verdad? Auxilio al suicidio. Ayudaste a morir a un enfermo terminal, ¿me equivoco?

Cicero levantó una ceja:

– ¿Cómo lo has sabido?

– No ha sido difícil de deducir -expliqué-. La compasión. Es tu punto débil.

– Conducta sexual inmoral -dijo él.

– ¿Qué?

– Perdí la licencia por conducta sexual inmoral con una paciente.

– Bromeas -balbucí.

– Sarah -replicó él con tono reprobatorio-› ¿por qué diablos iba a bromear con algo así?

Mortificada, volví a refugiarme en el café. Tomé un sorbo y, cuando hablé de nuevo, lo hice con más cuidado.

– Pero fue un malentendido, ¿verdad? Una acusación falsa, ¿no?

– No -respondió Cicero-. Fue conducta sexual inmoral, y punto.

«No es posible», quise decir.

– La ingresaron en urgencias una noche después de un intento de suicidio -explicó él-. Era menuda, apenas un metro y medio de altura, y tenía el cabello muy rubio y muy largo, por la cintura. Advertí que el intento de suicidio resultaba ambivalente. Se había cortado las muñecas, pero las heridas eran superficiales. Conseguí que la admitieran en la unidad de crisis y, durante el proceso, me contó su historia.

»Era británica y había llegado a Nueva Cork con dieciséis años para estudiar ballet. Procedía de una familia desestructurada; la madre había muerto y apenas se trataba con su padre y con su hermana. Quería empezar una nueva vida en Estados Unidos, pero las cosas no le salieron bien. Luchó por todos los medios por mantener el peso, lo que la condujo a la anorexia y las anfetaminas, y luego al alcohol y los tranquilizantes para afrontar tanta tensión. Tuvo una serie de novios, ninguno de los cuales la trató bien, y cuando su carrera como bailarina se evaporó, se casó con el peor de todos, un hombre con un problema con las drogas más grave que el de ella. Tuvo dos hijos muy seguidos y dejó las drogas por los niños, pero su marido ni lo intentó, y tampoco le fue fiel. Un día, despertó y se dio cuenta de que estaba atrapada en una ciudad que no era la suya y en un matrimonio sin amor, con dos hijos pequeños y sin oficio ni beneficio. Y decidió que los niños estarían mejor sin ella.

»Estaba trastornada, evidentemente, pero me pareció que, con ideas suicidas o sin ellas, había algo en su interior que luchaba por sobrevivir. Tenía esperanzas de que su caso saliera adelante pero, después de conseguirle una cama en el servicio de psiquiatría, no volví a saber de ella.

»Sin embargo, ella no me olvidó. Una noche, casi seis meses después, me dejo tres mensajes en el teléfono del servicio de urgencias. La llamé y descubrí que sufría otra crisis. Su marido, que se pinchaba, le confesó que era seropositivo y que no creía que pudiera seguir manteniendo a ella y a los niños. Después, había cogido algún dinero y el coche y se había marchado. Hacía dos días que no sabía nada de él. No había podido acudir a urgencias porque no tenía coche ni a nadie que se ocupara de los críos, pero necesitaba hablar con alguien enseguida, en persona, no por un teléfono de la esperanza. Me pidió si podía ir a verla.

Cicero se frotó la sien mientras revivía la escena.

– Recuerdo perfectamente cuánto me quedaba para salir de servicio. Cuarenta y dos minutos; en el rincón había un reloj digital. Le eché una mirada y le dije que estaría allí pronto.

No me gustó que la actitud de esa mujer me indignara. Debería haber canalizado mi cólera hacia Cicero. Entendía lo que éste debía de haberle parecido: un hombre alto, competente, cariñoso, guapo y comprometido por el juramento a no causar daño. A pesar de ello, sentí un chispazo de ira contra esa desconocida necesitada y anhelante que iba a arrastrar a Cicero a una trampa que le costaría el empleo, la licencia y, finalmente, la facultad de andar.

– Por el camino -continuó Cicero-, iba pensando qué le diría: que tenía que hacerse la prueba del sida, que había sitios donde podía encontrar ayuda para cuidar de los niños. Sin embargo, cuando llegué allí, no quiso que habláramos de sus problemas. Estaba tranquila, preparando un té en la cocina con aquel camisón largo blanco. No parecía loca, ni con ánimo suicida. De haberme percatado, todo habría sido muy diferente.

Cuando Cicero pronunció la palabra «suicida», comprendí cómo podía acabar su narración y sentí un escalofrío.

– Me habló de su infancia, del ballet y de Inglaterra. En medio de aquellas evocaciones, comentó que resultaba irónico que se hubiera casado para poder quedarse en Estados Unidos al expirar el visado. En ese momento, lo único que quería era regresar a Londres y temía que ya nunca lo conseguiría. Dijo que se sentía como si su vida se hubiera acabado con veintidós años.

El aire acondicionado del edificio ronroneaba, ruidoso, llenando los silencios que dejaban sus palabras.

– Me pareció lo más natural rodearla con mis brazos y estrecharla.

No añadió más. Dejó que cayera el telón en el primer acto de una obra de dos.

– Podía ser seropositiva -le recordé, como si el riesgo no hubiera pasado hacía mucho tiempo, para bien o para mal.

– Lo sabía -dijo Cicero-, ¿Has leído Hamlet?

– Una vez.

– ¿Te fijaste en el imaginario extrañamente sexual del entierro de Ofelia, en cómo la reina compara el tálamo nupcial con la sepultura?

– ¿A qué te refieres?

– A que, a veces, la proximidad de la muerte puede resultar erótica. Para mí, ella era Ofelia. Quería acostarme en su tumba y devolverle la vida.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Indicio de culpa»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Indicio de culpa» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Ivy Compton-Burnett - The Last and the First
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - Elders and Betters
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A God and His Gifts
Ivy Compton-Burnett
Ivy Compton-Burnett - A Family and a Fortune
Ivy Compton-Burnett
Jodi Compton - Hailey's War
Jodi Compton
Jodi Compton - 37 horas
Jodi Compton
Jodi Compton - The 37th Hour
Jodi Compton
Jodi Thomas - Indigo Lake
Jodi Thomas
Отзывы о книге «Indicio de culpa»

Обсуждение, отзывы о книге «Indicio de culpa» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.