Benjamin Black - El lémur

Здесь есть возможность читать онлайн «Benjamin Black - El lémur» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Детектив, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

El lémur: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «El lémur»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

John Glass ha abandonado su carrera como periodista para escribir una biografía autorizada de su suegro, el magnate de la comunicación y antiguo agente de la CIA, Gran Bill Mulholland. Trabaja en un gran despacho en Manhattan y vuelve a casa (la mayoría de las noches) a los brazos de su rica y bella mujer…
Cuando decide contratar los servicios de un joven e insolente investigador, de asombroso parecido con un lémur, los turbios secretos de su familia política y, quizá, los suyos propios, amenazan con salir a la luz. Toda la cómoda existencia de Glass se tambalea, y acaba de derrumbarse con la muerte del Lémur: ¿quién lo mató?, ¿por qué?, ¿qué sabe?, ¿qué peligros acechan?

El lémur — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «El lémur», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Cuando salió del ascensor en el piso de su despacho, en la Torre Mulholland, no quiso mirar por el enorme ventanal que cerraba el pasillo por un extremo, y entró en el despacho, con su pared acristalada, donde ya no hubo forma de evitar el vértigo de la ciudad allí fuera, erizada sobre sus pilares, enjoyada con toda pulcritud en el resplandor de la oscuridad. Tampoco hubo forma de evitar a Louise, sentada en silencio, en el sillón de acero y cuero en el que se había arrellanado Dylan Riley aquella primera vez, cuando todo lo que había de ocurrir no había ocurrido aún, y el mundo era todavía distinto. Se había abstenido de encender la luz, y con el relumbre que entraba del exterior podría haber pasado por una estatua de acero, de rasgos pronunciados, bruñida, inmóvil.

– El portero de noche me ha abierto la puerta -dijo-. Espero que no te importe.

Él estaba fumando un cigarro que había encendido en el ascensor, desafiando la alarma, que de todos modos no se activó, y en ese momento buscó a tientas en la mesa un cenicero que no existía. También tuvo que localizar el interruptor de la lámpara de mesa. Proyectó un cono de luz cuya franja de penumbra iluminó de soslayo la cara de Louise, un ojo, una oreja, la comisura de la boca.

– ¿Cuánto tiempo llevas aquí? -le preguntó.

– Oh, no mucho -eran como dos viajeros varados en una sala de espera, en plena noche, lejos de casa-. Supuse que estarías aquí.

Aún llevaba el abrigo verde y el sombrero ridículo. Tenía las manos en el regazo. Miraba de frente. Glass se acercó al ventanal y miró los oscuros cañones que se abrían a sus pies, y que de noche le resultaban inexplicablemente menos alarmantes que de día.

– No sé qué decirte, Louise -dijo.

La oyó moverse a su espalda, cambiar de postura en el sillón, acomodarse mejor.

– No debes creer… -empezó a decir, y calló-. No debes creer en todo eso que crees que sabes. De verdad, te has confundido en todo -se volvió a mirarle, pese a que él estaba de espaldas, y el sillón emitió su chirrido de protesta-. Por favor te lo pido -dijo-, ven a sentarte.

A lo lejos, en las calles, allá abajo, detectó el gimoteo de una sirena de la policía, y entornando los ojos llegó a ver no el coche patrulla, sino la luz azul que destellaba intermitente, a gran velocidad, por la Calle 44. Se dio la vuelta y regresó a la mesa, ante la cual se sentó apoyándose en los codos. Había estado tirando la ceniza del cigarro en la palma de la mano, y de pronto, con impaciencia, la derramó en el suelo, junto al sillón. Louise seguía sentada de lado, mostrándole el perfil esculpido a la luz de la lámpara. Pensó en Alison O'Keeffe, la recordó sentada allí mismo: dos mujeres, dos rostros femeninos enfrentados a él.

– Hay algunas cosas que he de contarte -dijo Louise-, cosas que debería haberte contado hace mucho tiempo -bajó la mirada-. No sé por dónde empezar. Charlie… Charlie Varriker… -calló de nuevo.

– Estabas enamorada de él, ¿no es eso? -dijo Glass.

Ella asintió, apretó los labios y cerró los ojos.

– Sí -lo dijo en voz tan queda que más pareció un suspiro angustiado-. Era… Ay, no podría decirte cómo era. Es decir, no puedo explicártelo. Lo era… todo -volvió a bajar la mirada; se daba espasmódicos tirones en uno de los dedos, como si quisiera quitarse un anillo que no llevaba puesto-. Yo era muy joven, claro está. Dios santo, ¿qué edad tenía? ¿Veintidós años? Y Charlie… Charlie era maravilloso, así de sencillo. Era dueño de una belleza de la que no suelen estar en posesión los hombres, pero él la tenía, te lo aseguro. No es que fuera cuestión de belleza física, no es eso, sino que era algo que emanaba de dentro, algo que… algo que brillaba en su exterior, pero no estaba ahí. Además, era un hombre divertido. Es un tópico, ya lo sé; las mujeres nos enamoramos de un hombre que nos haga reír. Pero es que reír con Charlie era algo… era… Era una bendición. Eso te hará gracia, ya lo sé. Me doy perfecta cuenta de que es una ridiculez. Pero así era: una bendición. «¿Sabes una cosa, Lou?», me dijo alguna vez. «En todos los evangelios no se ve a Jesucristo reír una sola vez, y ni siquiera estamos seguros de que sonriera. ¿Quién va a creer en un Dios que no ríe?» -Glass tomó otro cigarro-. Alquiló una habitación para nosotros dos en una de esas callecitas que hay cerca de Morningside Park. ¡Vaya un barrio! Suerte tuvimos que no nos asesinasen sólo por quedarse con nuestros zapatos. Es extraño, pero aquella sordidez daba a todo lo nuestro una mayor ternura, una mayor pureza. ¿Me explico? Y entonces… -de pronto le había vencido la prisa, las palabras brotaban de sus labios atropellándose-. Entonces llegó el niño, yo no supe qué hacer, era demasiado joven, y Charlie, naturalmente, Charlie se sintió del todo incapaz, impotente, indefenso: feliz, cariñoso, desde luego, pero incapaz. Rubin llevaba un tiempo dando la lata. Rubín Sinclair, claro está. Con sus dólares amasados en la guerra, eso decía Charlie de él. Y Billones, como es lógico, insistía en que me casara con él, tanto que me parece que lo vio como un matrimonio al estilo de los Medid, la fusión de dos grandes familias, bla, bla, bla. Le dije a Charlie que era la salida más obvia que teníamos a mano, que me casaría con Rubin Sinclair, que al cabo de poco tiempo él y yo podríamos volver a estar juntos, que incluso nos quedaríamos con el niño nosotros dos. Qué sueño, qué idiotez, qué niñería. Charlie no quiso saber nada más de la idea. Ni siquiera soportaba el pensar en que yo estaría un instante con Rubin. Eso acabaría con él, dijo, eso lo mataría…

– ¿Por qué no te casaste con él? -preguntó Glass.

Louise hizo un gesto de impaciencia.

– No seas absurdo. Billones nos hubiera destruido en un abrir y cerrar de ojos. Aborrecía a Charlie porque le había sido indispensable para conservar su fortuna. ¿Qué sentimientos hubiera tenido si además se casara con su hija? -calló unos momentos, y dio sucesivos tirones de un hilo suelto en la costura del abrigo-. Le compré un billete para ir a París. Charlie adoraba París, siempre dijo que París era su patria espiritual. Ve allí, le dije, ve a París, y cuando vuelvas ya estará todo hecho. De ese modo, no te dolerá tanto. Pero él no quiso irse. Dijo que no podía vivir sin mí. Era el último de los románticos. Se apropió de la pistola de Billones y se encerró en la habitación que tenía en Morningside Avenue, y allí se pegó un tiro -hizo una pausa. Respiraba deprisa, con jadeos superficiales, sin dejar de acariciar el hilo suelto del abrigo. Un helicóptero sobrevolaba algún lugar cercano, y las aspas emitían un golpeteo sordo en el aire-. Fui yo quien lo encontró -dijo Louise-. Lo llevé a la cama y aún no entiendo cómo, porque era un hombre corpulento. Tampoco sé por qué, pero tuve que hacerlo, era importante. Estuve toda la tarde sentada con él. Nunca he conocido un silencio como aquél. Y una semana después me casé con Rubin Sinclair -alzó una mano y se cubrió los ojos, como si quisiera protegérselos de un resplandor que cayera desde lo alto-. Cuando nació David, yo creo que Rubin lo supo. Nunca dijo nada, pero creo que lo supo. No era tonto. Y fue bueno conmigo, lo fue a su manera. No reveló lo ocurrido, no me denunció ante nadie, no exigió que Billones me castigase y me fustigase en público. Siguió adelante, hasta que llegó el día en que todo se había hecho pedazos sin ningún ruido. Y fue entonces cuando te conocí a ti.

– ¿Llegó tu padre a saberlo? -dijo Glass-. Quiero decir, lo de David. ¿Supo alguna vez de quién es hijo?

– No lo sé -repuso ella-. Es probable que sí. Siempre ha sabido todo acerca de cualquier cosa. ¿Por qué no iba a saberlo todo acerca de esto?

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «El lémur»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «El lémur» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Benjamin Black - The Black-Eyed Blonde
Benjamin Black
Benjamin Black - Even the Dead
Benjamin Black
Benjamin Black - Holy Orders
Benjamin Black
Benjamin Black - Vengeance
Benjamin Black
Benjamin Black - El otro nombre de Laura
Benjamin Black
Benjamin Black - El secreto de Christine
Benjamin Black
Benjamin Black - Christine Falls
Benjamin Black
Benjamin Black - Elegy For April
Benjamin Black
Benjamin Black - The Silver Swan
Benjamin Black
Benjamin Black - A Death in Summer
Benjamin Black
Benjamin Black - The Lemur
Benjamin Black
Benjamin Blizz - Kalte Zukunft
Benjamin Blizz
Отзывы о книге «El lémur»

Обсуждение, отзывы о книге «El lémur» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x