Argumentan, no obstante, algunos escépticos que la prueba real de todas estas hipótesis, visto que de eso no pasan, se verá de aquí a unas semanas, si la península prosigue la derrota que ahora lleva y que la acabará incrustando entre Islandia y Groenlandia, tierras inhóspitas para portugueses y españoles, generalmente habituados a las suavidades y abandonos de un clima templado que tiende a caliente la mayor parte del año. Si tal acontece, la única conclusión lógica que se puede sacar de cuanto se vio hasta ahora es que, al fin, el viaje no valió la pena. Lo que, por otra parte, sería, o será, una simplificación excesiva en el planteamiento de la cuestión, pues ningún viaje es él solo, cada viaje contiene una pluralidad de viajes, y si, aparentemente, uno de ellos parece tener tan poco sentido que nos apresuramos a sentenciar, No valió la pena, mandaría el sentido común, si por prejuicio o pereza no lo obliterásemos tantas veces, que comprobáramos si los viajes de que aquél fue contenido o continente no serán lo bastante valiosos para, por fin, haber valido la pena y las penas. Todas estas consideraciones reunidas nos aconsejan suspender los juicios definitivos y otras presunciones. Los viajes se suceden y acumulan como las generaciones, entre el nieto que fuiste y el abuelo que serás, qué padre habrás sido, Pues ya ves, aunque malo, necesario.
José Anaiço hizo cuentas del viaje que nos espera, por caminos que no serán los más directos si quieren evitar las grandes laderas de los montes del Cantábrico, y comunicó los resultados, De Palas de Rei, donde más o menos ahora estamos, hasta Valladolid, serán unos cuatrocientos kilómetros, y de ahí hasta la frontera, perdón, aquí en este mapa todavía tengo una frontera, son otros cuatrocientos, en total, ochocientos kilómetros, un gran viaje a paso de caballo, De caballo, no, eso se acabó, y no va a ser al paso, sino al trote, enmendó María Guavaira. Dijo entonces Joaquim Sassa, Con dos caballos tirando, y se interrumpió en este lugar de la frase, con la expresión de quien ve una luz en el interior de su propia cabeza, y se echó a reír, Lo que son las cosas, dejamos un Dos Caballos y ahora vamos a viajar en otro, propongo que la galera se llame Dos Caballos, de facto y de jure, como parece que se diría en latín, que yo latín no aprendí, es sólo de oreja, como decía un abuelo mío que tampoco conocía la lengua de sus antepasados. Dos Caballos comió heno, en la revesa de la galera, la matadura del alazán sanó por completo, y el pigarzo, si no rejuveneció, sí mejoró de aspecto y de fuerza, levanta menos la cabeza que el otro, pero no hará mala figura en la pareja. Retornó Joaquim Sassa la pregunta después de la risa general, Decía yo, con dos caballos tirando, cuántos kilómetros de media andaremos a la hora, y María Guavaira, Unas tres leguas, Quince kilómetros en medida moderna, Exactamente, Diez horas a quince kilómetros son ciento cincuenta, en menos de tres días estamos en Valladolid, con otros tres llegarnos a los Pirineos, es rápido. María Guavaira puso gesto de consternación y respondió, No es mal programa, especialmente para reventar a los animales en un amén, Pero tú has dicho, Dije quince kilómetros, pero eso en terreno llano, y en cualquier caso los caballos nunca andarán diez horas diarias, Con descanso, Menos mal que no te has olvidado del descanso, por la ironía del tono se veía que María Guavaira estaba casi enfadándose.
En ocasiones como ésta, aunque no entren caballos en el caso, los hombres permanecen en actitud humilde, es una verdad que las mujeres generalmente ignoran, reparan sólo en lo que les parece ser despecho masculino, reacción de la autoridad contrariada, es así como surgen equívocos y malentendidos, probablemente la causa de todo esto está en la insuficiencia del aparato auditivo de los seres humanos, de las mujeres en particular, aunque presuman de finísimas oyentes, Realmente de caballos no sé nada, soy de infantería, rezongó Joaquim Sassa. Asisten los otros al duelo verbal, sonríen porque el caso no es serio, el hilo azul es la más fuerte atadura del mundo, como pronto se va a ver. María Guavaira dijo, Seis horas por día será lo máximo, pudiendo ser andaremos las tres leguas por hora, no pudiendo será lo que los caballos den, Saldremos mañana, preguntó José Anaiço, Si están todos de acuerdo, respondió María Guavaira, y con su voz de mujer, hacia Joaquim Sassa, Te parece bien, y él, súbitamente desarmado, Me parece bien, y sonrió.
Aquella noche hicieron balance de los haberes en numerario, tantos escudos, tantas pesetas, algún dinero extranjero de Joaquim Sassa, que lo consiguió cuando salieron de Porto, hace tan pocos días y parece que hayan pasado siglos, reflexión que nada tiene de original, si alguna lo tiene, pero irresistible, como tantas otras vulgaridades. Los víveres que han traído de casa de María Guavaira están llegando a su fin, hay que reforzar la despensa, y no va a ser fácil, con todo este desconcierto de los abastecimientos, esta multitud devoradora que por donde pasa ni tallos de col deja tras de sí, sin hablar de los gallineros saqueados, consecuencia también de la indignación de los necesitados, a quienes se pedía una fortuna por un pollo en los huesos. Cuando la situación empezó a normalizarse, los precios bajaron un poco, pero no volvieron a lo que eran antes, ya se sabe, nunca vuelven. Y el problema es que ahora no hay de nada, hasta robar sería difícil, si es que quieren continuar por ese camino perverso, el caso del caballo fue especial, si no sufriese aquella matadura aún dormiría en la caballeriza y ayudaría en los trabajos de su antiguo dueño, que del destino del animal sólo se sabe que se lo llevaron dos maleantes y un perro, allá estaban las huellas. Se dice y se insiste en que hay males que vienen por bien, hay tanta gente que lo afirma, tanta lo afirmó, que bien puede ocurrir que se trate de una verdad universal, desde que nos demos el trabajo de separar cuidadosamente la parte de bien y la parte de mal que hay en las cosas, y a quién una y otra cayeron en suerte. Dijo pues Pedro Orce, Vamos a tener que trabajar para sacar algún dinero, la idea pareció lógica, pero, tras el inventario de las profesiones, se llegó a la desoladora conclusión esperada, así, Joana Carda, pese a tener licenciatura en letras, nunca ejerció su carrera, fue siempre, desde que se casó, ama de casa, y aquí en España no es tanto el interés por la literatura portuguesa, aparte de que los españoles, en estos días, tienen otra cosa en que pensar, Joaquim Sassa ya dijo irritado que es de infantería, cosa que, en su boca, significaba que pertenecía a la base de los oficinistas, preciosa actividad, nadie lo pone en duda, pero sólo en épocas de calma social y negocios prósperos, Pedro Orce se ha pasado su vida preparando remedios, cuando lo conocimos estaba preparando cápsulas de quinina, qué pena que no se le ocurriera traerse consigo la farmacia, podía ahora hacer consulta pública y ganar buen dinero, pues en estos parajes rurales quien dice boticario dice médico, José Anaiço es maestro de chiquillos, y con esto está dicho todo, sin hablar ya de que está en tierra de otra geografía y otra historia, cómo va a explicarles a los niños españoles que Aljubarrota fue una victoria cuando están acostumbrados a olvidar que fue una derrota, sólo queda por hablar de María Guavaira, es la única que puede ir a pedir trabajo por esas heredades, y hacerlo en proporción a sus fuerzas y a su sabiduría, que no llegan a todo.
Se miran unos a otros, sin saber qué vueltas darle a la vida, y Joaquim Sassa, vacilante, dice, Como tengamos que andar parándonos constantemente para sacar algún dinero, nunca vamos a llegar a los Pirineos, dinero así ganado es dinero que no dura, visto y no visto, la solución sería hacer lo que los gitanos, me refiero a los que van de tierra en tierra, de algo han de vivir, era una pregunta, una duda, tal vez les cayese el maná del cielo a los gitanos. Pedro Orce fue quien respondió, por ser de tierras del sur, donde la especie más abunda, Los hay que tratan en caballos, otros venden ropa en las ferias, otros comercian de puerta en puerta, las mujeres dicen la buenaventura, Historias de caballos no queremos más, para vergüenza bastó ésta, aparte de eso es oficio del que nada sabemos, y en cuanto a leer el futuro, ojalá el nuestro no nos traiga demasiados problemas, Sin contar con que para vender caballos es necesario comenzar por comprarlos antes, a tanto no nos llega el dinero, si hasta el caballo que llevamos tuvimos que robarlo. Se hizo un silencio, cómo consiguió hacerse, no se sabe, y cuando estuvo del todo hecho, dijo Joaquim Sassa, que se está revelando como espíritu convenientemente práctico, A esta situación sólo le veo una salida, compremos ropa en una de esas tiendas de ropavejero, seguro que las hay en la primera ciudad por donde pasemos, y luego la vendemos por las aldeas, con un lucro razonable, de la contabilidad me encargo yo. La idea les pareció buena, a falta de otra mejor se haría la experiencia, ya que no pueden ser agricultores, ni boticarios, ni maestros, ni esquiladores, serían buhoneros y ropavejeros ambulantes, venderían ropas de hombre, mujer y niño, que no es deshonra alguna, y con buena administración les dará para ir tirando.
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