Miguel Delibes - Diario de un cazador
Здесь есть возможность читать онлайн «Miguel Delibes - Diario de un cazador» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.
- Название:Diario de un cazador
- Автор:
- Жанр:
- Год:неизвестен
- ISBN:нет данных
- Рейтинг книги:3 / 5. Голосов: 1
-
Избранное:Добавить в избранное
- Отзывы:
-
Ваша оценка:
- 60
- 1
- 2
- 3
- 4
- 5
Diario de un cazador: краткое содержание, описание и аннотация
Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Diario de un cazador»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.
Diario de un cazador — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком
Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Diario de un cazador», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.
Интервал:
Закладка:
Anita me dijo esta tarde que le gusta que vaya bien arreglado y que ella no mira en un hombre la cara ni el tipo, sino que se presente bien y sea limpio y curioso. La verdad es que a mí siempre me dio por la ropa. No es por nada, pero sé cuidarla. La madre dice que ya de chico, al regresar de la escuela, lo primero de todo era colocarme el blusón y las alpargatas. Estas cosas, no es porque yo lo diga, no se aprenden en los libros. Se maman o no se maman. Otros defectos tendré, pero descuidado para vestir no soy.
Entre ayer y hoy me he hecho siete viajes a la tienda de don Rafael. Al séptimo me fui donde el señor Moro y le dije lealmente que, mientras no se cubra la vacante, él debe arrimar el hombro. El candongo de él todavía me gastaba guasitas y ya le dije que no lo echase a barato, que uno solo no puede atender arriba y abajo, ir cada media hora a la tienda del Secretario y, por si fuera poco, encender la calefacción. El señor Moro respondió que se ha resuelto el concurso y que viene uno de Santander y que en cuanto a lo de la calefacción, eso es otro cantar. Le dije lealmente que nadie gana pesetas más sudadas. Me salió con que en mi mano estaba el dejarlo. Estuve por darle con el cargo en la cara y lo hubiera hecho si no fuese por la madre. Es mucha esclavitud tirarse de la cama a las cinco de la mañana, y mucho peso y mucha mierda, hablando mal y pronto.
Vino un rato Melecio y estuvimos recargando. Parece que lo de la orquesta es un hecho.
Hemos hecho nueve perdices y un conejo en lo de Ubierna. Tuve un día fenómeno. Hacer nueve perdices entre dos escopetas a estas alturas es una hazaña. Melecio, cada vez que bajaba una, me decía: «Aprovecha, Lorenzo, hoy estás con la chorrina». Hice siete y él dos y el conejo. Hasta la Doly va entrando. Si machuca los pájaros no es por saña, sino por celo. A la hora de comer le di una lección. A la tarde, me cobraba una alicorta. O mucho me equivoco o tenemos perro; pero perro de verdad. Llegué a tiempo de ir con Anita a la Cerve a echar un baile. Allí estaba la Mimi con Faustino, y Anita se emperró en hacer cuarteto. Menos mal que la Mimi me dijo que bailo el tango como los ángeles. En la pista le dije lealmente a Anita que me giban las Mimis porque le doblan los años y nada bueno puede sacar ella de esta amistad. Se cabreó y me dijo que no me meta donde no me importa. Ya embalado, aproveché para soltarle que la Mimi había atrapado al panoli del fogonero sin estar ni pizca enamorada de él. Anita se subió por las nubes y me dijo que la Mimi podía haber elegido a dedo porque es una de esas mujeres que trastornan a los hombres. Callé la boca por no ponerlo peor. Camino de casa me dijo Faustino que cuando tenga la caldera a todo gas le eche polvo de carbón empapado y abra tiro por medio. Mañana ensayaré.
De casualidad oí decir esta mañana al de Historia Natural que le han nombrado jurado para los premios de San Antón. Cuando se largó don Basilio le pregunté a don Ángel qué premios eran ésos y me dijo que para los animales más limpios y mejor adornados. Le pregunté qué le parecía que presentara una perrita de caza y respondió que bien y que precisamente él está en la sección de «Canes». A Melecio y la Amparo les petó la idea. Cené con ellos y al acabar la Amparo se puso en seguida a hacerle un chaleco rojo a la perra. En el rabo se le puede colocar un lazo y al cuello un collar de cascabeles. La mala potra es que la Paula haya tenido la misma idea con el Sol. No me atreví a decirle a Tochano que yo presentaré a la Doly. La que sea sonará.
Ensayé ayer lo de Faustino, pero se pone uno perdido. ¡Al diablo con el sistema! Al fin y al cabo a mí no me dan primas por ahorro de carbón.
La plaza de San Roque estaba atestada esta mañana. A la puerta de la iglesia, don Ildefonso bendijo a los animales. Parecía aquello el Arca de Noé. Los bichos iban endomingados y andaban tan formales como si se dieran cuenta de que era la fiesta de su patrón. Tochano, al verme, me preguntó qué pintaba yo allí. El Sol iba muy majillo con un pierrot y una guirnalda de flores. Le mostré a la Doly y la Paula se guaseaba. Yo le dije entonces al Mele que teníamos que ganar. A mano derecha estaba el tablado con una bandera. Había mucho gentío incordiando porque no empezaba el concurso. El vejete de la Sociedad Protectora se subió al tablado y dijo que no quería que al concluir la fiesta nos fuésemos todos con las cabezas huecas como habíamos llegado, sino con un poco más de amor a los animalitos y las plantas, que también son criaturas de Dios. Había lo menos diez personas pisando el macizo y eran las que más aplaudieron al delegado. Luego don Ángel dijo: «Aves», y empezaron a desfilar patos, gallinas, jaulas con canarios, calandrias y jilgueros, todos emperifollados con lazos y cintas de colores. Cogí al Mele en los hombros para que lo viese y entonces se nos escabulló la perra. Bajé al Mele y empezamos a llamarla a voces. Pasé las penas del infierno. Al fin apareció, pero traía el lazo perdido. Tochano y la Paula se cachondeaban. A poco don Ángel dijo: «Canes», y yo agarré a la Doly y me fui con el Mele junto al tablado. Me brincaba el corazón como el día que amputaron la mano al padre. Don Ángel charló un rato con los del jurado y luego se fue donde el altavoz y dijo que la perrita Doly había sido premiada con veinte duros y que el perro Sol tenía un accésit. El Mele me ahogaba. A Tochano le llevaban los demonios y anduvo allí un rato pidiendo explicaciones a don Ángel. ¡Toma del frasco!
Esta tarde llegó Crescencio de Santander. Tiene mucha familia y parece buen prójimo. Mal se las va a componer el hombre. Me anduvo contando que ha pedido el traslado por la señora, que está enferma. La madre les hizo la cena porque andaban apurados y la señora llegó para meterse en cama y no levantarse en dos meses. Los chaveas pasaron la tarde alborotando en la terraza.
Fuimos Melecio y yo en la furgoneta del pescado hasta lo de la Sinoba. La carretera está llena de agujeros y el trasto botaba con ganas. En Villalvilla andaban ya podando los bacillares. Melecio armó la escopeta por si las moscas, pero no vimos nada. Han talado el monte y hay que llevar las perdices ladera arriba si se las quiere tirar. De todos modos las pocas que hay se levantan muy recias. Frente al caserío la ladera se arruga y tiene unos tomillos donde pensé que aguantarían, pero nada. El bando que levantamos de salida, como si se le hubiera tragado la tierra. Al volver por la parte alta tropecé con dos lanchas. Una de ellas tenía aprisionada una perdiz llena de gusanos. Me puse de mal café. Me giban los furtivos que ni cogen la caza ni la dejan coger. En la curva topamos con un pastor que nos dijo que acababa de levantar la liebre. Maneamos un rato los sembrados y luego nos sentamos a comer a la abrigada. Llevábamos más de diez minutos de cháchara cuando se arrancó una liebre como un burro de junto a unas jaras que teníamos al pie. Agarramos la escopeta y la tía zorra corría por el borde del arroyo, queriéndose cubrir con las pajas. Al tiro de Melecio dio un quiebro y entonces tiré yo y ella cruzaba el sembrado y tiró de nuevo Melecio y volví a tirar yo y Melecio dijo que iba muerta. La tía brincaba por el sembrado y, de repente, dio un salto mayor y quedó entre dos surcos sin mover un pelo.
De regreso, cruzamos el páramo para caer de la parte de Quintanilla. En el camino bajé una perdiz que no sé a santo de qué se había dormido. Salió a huevo de entre las piedras. En la estación encontramos una partida que llevaba dos avutardas. A Anita le dije ayer que no podríamos vernos porque tenía servicio.
Читать дальшеИнтервал:
Закладка:
Похожие книги на «Diario de un cazador»
Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Diario de un cazador» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.
Обсуждение, отзывы о книге «Diario de un cazador» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.