Lisa Scottoline - Gente Legal

Здесь есть возможность читать онлайн «Lisa Scottoline - Gente Legal» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

Gente Legal: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «Gente Legal»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

A Mark lo asesinaron alrededor de las doce de la noche, mientras trabajaba en un acuerdo, un contrato para la liquidación del bufete que había fundado con Bennie Rosato, horas después de anunciar a su socia y ex amante su determinación de constituir su propia empresa. A medianoche Bennie remaba sola en la oscuridad, en la quietud del río, tratando de recobrar la calma, ajena a cuanto sucedía en el despacho y a la sórdida trampa que le habían tendido.
«Una novela trepidante que dejará sin aliento al lector más valiente.»

Gente Legal — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «Gente Legal», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

– ¿Quién es? -pregunté.

Volvieron a llamar, esta vez con más fuerza.

– ¿Quién es? -repetí en voz más alta.

No había respuesta. ¿Qué pasaba? ¿Era la puerta de entrada a la prisión, a la que me habían traído los policías engañándome? Puse mi cara de piedra de Linda Frost y abrí la puerta.

Jamás lo hubiera imaginado. Ni en un millón de años.

30

Era más bajo de lo que recordaba, pero su rostro estaba tan arrugado como siempre tras las gafas de concha con montura transparente. La calva se le había redondeado y aparecía recubierta de pecas por el sol. Aunque era domingo, vestía la usual camisa blanca y corbata, así como traje caqui de Brooks.

El Grande y Poderoso. De pie ante la puerta de la sala D de reuniones, esperando amablemente a un lado.

– Señor Grun -dije atónita.

– ¿Qué? -exclamó llevándose una mano a la oreja.

– ¡Señor Grun!

Sonrió y la parte del labio que quedó a la vista era de un inesperado rojo humedecido.

– -Sí. ¿Me conoce?

Ay, ay.

– -He visto su foto. En el directorio.

– -Mucho gusto en conocerla. --Le flaqueaba la voz, pero aún era firme. Me tendió la mano, que me pareció frágil y reseca--. Usted debe de ser la señorita Frost.

– -Sí, señor.

Entró en la sala de reuniones propulsado por las leyes de la termodinámica y su propia voluntad, luego tomó asiento en cuanto le alcancé una silla.

– Gracias -dijo.

– De nada.

– Entonces, usted debe de ser la señorita Frost – repitió, y me estudió con la mirada. Movía la cabeza calva como la de una tortuga en su cuello duro-. Pues su cara me resulta conocida.

Me dio un vuelco el corazón.

– No, no nos han presentado.

– Su padre. ¿Lo conozco?

– No. -Ni siquiera yo lo conocía.

– ¿No estuvo en Piper, Marbury?

– No, no era abogado -dije, aunque no sabía lo quien era. Un sinvergüenza, según mi madre.

– Pues me resulta tan familiar… ¿Cómo se llamaba su padre?

– Frost, como yo.

– ¿Y su nombre de pila?

¿Jack? No. ¿David? Peor.

– -Grinnell. Grinnell Frost. Como la ciudad de Iowa -Oh, Dios, enséñame a mentir mejor.

– -Grinnell Frost. --Meneó la cabeza vagamente-. Creo que no. De modo que usted viene de nuestra oficina Nueva York. Me gusta mucho la oficina de Nueva York

– -A mí también.

– Tenemos allí muy buenos abogados.

– Así es.

– Pero no me gusta la ciudad de Nueva York.

– A mí tampoco. -Pero no tengo tiempo de hablar de eso.

– La gente no-tiene modales.

– Tiene razón. No prestan atención a nadie.

– La gente -dijo haciendo una filigrana con la mar en el aire- tiene demasiada prisa.

– Demasiada, sí.

– Y las calles están sucias.

– Mucho.

– Inmundas.

– Ruidosas. -Nunca había estado tan de acuerdo con él. Nunca estoy de acuerdo con alguien en muchas cosas, pero me dieron ganas de salir disparada. Salir del edificio.

– -Debe estar trabajando duro, señorita Frost.

– Desde luego.

– -Leí su nota sobre el caso de sistemas informáticos en el que está trabajando.

– -¿De verdad? --Mierda.

– Sí, lamento haber tardado tanto en dar con usted. No vengo a trabajar cada día y no siempre estoy al día con la correspondencia. En cuanto a la legislación, qué decir. Para mí ya es letra muerta, mucho me temo. ¿Está al día con la legislación, señorita Frost?

– Lo intento.

– Debe hacerlo. Es esencial. Es básico saber lo que están decidiendo los tribunales. Ya sabe lo que dijo el juez Cardozo.

¿Que se sobornara a la policía?

– -Por supuesto.

– Las leyes cambian a cada momento. -Levantó un, dedo tan bronceado para esta época del año que recordé que tenía una casa de vacaciones en Baton Rouge-. Ustedes, los jóvenes, tienen ahora la firma. La firma ya funciona sin mí.

No pude ignorar la pesadumbre de su voz.

– Pero estoy segura de que no tan bien. Estoy segura

– Es usted muy amable, señorita Frost -dijo, y desvió la mirada. La fuerte luz de las ventanas se reflejaba en sus gafas haciéndole parecer ciego-. Yo levanté esta empresa, sabe. Con mi amigo, en paz descanse.

– ¿El señor Chase?

– Murió.

– No lo sabía. -Pero lo sabía. Miré la puerta abierta a sus espaldas, pero no había moros en la costa.

– -Eso sucedió hace mucho tiempo.

– -Ya veo.

Suspiró.

– De cualquier modo, usted tendrá el juicio en una semana.

Estaba en juicio ahora mismo.

– -Así es.

– Dijo que necesitaba ayuda. En su nota.

– ¿Ayuda? -¡Qué estúpida! ¡Qué imbécil! ¡Socorro!

– -Era una nota muy poco hábil, señorita Frost -dijo con un rastro de la severidad que yo le había conocida No nos conoce bien. A los de la oficina central. Aquí nadie la ayudará si no puede cobrar.

– -¿No? --Vamos, cuéntemelo.

– -Actualmente, no. En mis tiempos, nos ayudábamos todos. Ni se nos ocurría cobrar por ayudar a un colega Entonces almorzábamos juntos. Hasta tomábamos el té merendábamos juntos. Entonces éramos socios. Socios di verdad.

– ¿Meriendas? ¿En Grun?

– Pues sí. -Casi sonrió al recordarlo-. El señor Chase preparaba el té y todos tomábamos té y comíamos chocolate juntos. Un trocito, cada tarde. Chase, yo y McAlpine. Años después, Steinnman.

– ¿Chocolate? -Intrigada, casi me olvidé de la policía.

– -Sí, chocolate. A Steinnman le gustaba el chocolate más que a todos nosotros juntos. Tenía que comer chocolate cada día.

– -¿Qué clase de chocolate, señor Grun? -Dígame «con leche». ¿Así había comenzado?

– -Siempre de la misma clase. A todos nos gustaba de la misma clase.

Dígame «con leche». De modo que era así. Nada de tiranía, sino camaradería, amistad. Me sentí mal. Durante años, le había juzgado injustamente.

– ¿Le gusta el chocolate, señorita Frost?

Esta vez no tuve que pensármelo.

– -Me encanta el chocolate, señor Grun.

– -¿Qué clase de chocolate? ¿Con leche o amargo?

– -Solo con leche. --Me sentí mucho mejor.

– -El otro es demasiado amargo.

– Tiene razón.

Sonrió contento.

– El chocolate con leche es algo maravilloso.

– Lo es.

– Hay cosas en la vida que no se pueden mejorar.

– Como un buen spaniel.

Volvió a sonreír.

– ¿Le gustan los perros, señorita Frost?

– -Sí.

– -Y también me gustan los gatos.

Pensé en Jammie.

– -Están muy bien.

– -Tuve una gata una vez, Tigresa. Tenía rayas. Le encantaba comer requesón. Lo lamía de mi dedo. --Meneó la cabeza--. Entonces, todos nos ayudábamos. No importaba si se cobraba o no. En absoluto. ¿Por qué cobrar y hacer quedar mal a un amigo?

Por qué, ciertamente.

– Así es como se construye un bufete jurídico. No con casos, ni siquiera con clientes. Con amistades. Así se puede crecer en reputación, en fortaleza. Se transforma en algo… orgánico. De esa manera.

Pensé en R amp; B. Mark tenía razón. Se acabó tan pronto como nosotros empezamos a distanciarnos.

– En el fondo, el valor está en la amistad. -Respiró hondo. Pues bien, aquí estoy. Vi su nota. Sabía que hoy estaría trabajando. Pensé que podía serle útil. ¿Podría serle útil de alguna manera, señorita Frost?

Dios mío, no sabía qué decirle.

– He trabajado en muchos casos de garantías. He defendido más de veinticinco ante el Tribunal Supremo de Estados Unidos.

– -¿Veinticinco? --Yo no había defendido ninguno.

– No me importa el trabajo de documentación. Me gusta el trabajo duro.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «Gente Legal»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «Gente Legal» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Lisa Scottoline - Save Me
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Falsa identidad
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Look Again
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Think Twice
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Daddy's Girl
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Devil's corner
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Dead Ringer
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Killer Smile
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Mistaken Identity
Lisa Scottoline
Lisa Scottoline - Legal Tender
Lisa Scottoline
Отзывы о книге «Gente Legal»

Обсуждение, отзывы о книге «Gente Legal» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.