Phury se quedó con la boca abierta.
– Jesús… Z. Tú no eres…
– Oh, por jodida consideración, ¿puedes dejar de dar la lata?
Z caminó rápidamente hacia su habitación y abrió la puerta.
Bella se sentó en la cama, juntando las solapas de la bata hasta el cuello. Parecía estar totalmente confusa. Y demasiado hermosa para describirlo con palabras.
Phury miró a un lado y a otro entre ella y Z. Entonces se centró en su gemelo.
– ¿Qué es esto?
Los ojos negros de Z se clavaron en el suelo.
– Vete con ella.
– ¿Perdón?
– Necesita alimentarse.
Bella hizo un ruido atragantándose, como si se hubiera quedado sin respiración.
– No, espera, Zsadist, Te quiero… a ti.
– No puedes tenerme.
– Pero quiero…
– Te aguantas. Estaré fuera.
Phury se sintió empujado a la habitación y entonces la puerta se cerró de golpe. En el silencio que siguió, no estaba seguro si quería gritar de triunfo o… simplemente gritar.
Inspiró profundamente y miró hacia la cama. Bella estaba encogida con las rodillas contra el pecho.
Buen Dios, nunca le había permitido a una mujer beber de él antes. Por su celibato, no quería arriesgarse. Con sus ansias sexuales y su sangre de guerrero, siempre había temido que si permitía que una mujer tomara su vena se quedaría confundido y querría meterse en ella. Y si era Bella, iba a ser incluso más duro permanecer quieto.
Pero ella necesitaba beber. Además, ¿qué tenía de bueno un voto si era fácil de mantener? Esto podía ser su crisol, su oportunidad de probar su disciplina bajo las más extremas circunstancias.
Se aclaró la garganta.
– Me ofrecería a ti.
Cuando los ojos de Bella se alzaron, su piel se volvió demasiado pequeña para su esqueleto. Eso era lo que un rechazo le hacía a un hombre. Justamente encogerle inmediatamente.
Apartó la mirada y pensó en Zsadist, al que podía sentir justo fuera de la habitación.
– Él quizás no sea capaz de hacerlo. Eres consciente de su… fondo, ¿verdad?
– ¿Es tan cruel de mi parte pedirlo? -Su voz estaba llena de fatiga, agravada por su lucha-. ¿Lo es?
Probablemente , pensó él.
– Sería mejor si usaras a cualquier otro. - Dios, ¿por qué no puedes tomarme? ¿Por qué no puedes necesitarme en lugar de a él ?-. No creo que fuera apropiado pedírselo a Wrath o Rhage, ellos están unidos. Quizás podría pedírselo a V…
– No… Necesito a Zsadist. -Le temblaban las manos y se las llevó a la boca-. Lo siento tanto.
Así que era él.
– Espera aquí.
Cuando salió al pasillo, se encontró a Z justo al lado de la puerta. El hombre tenía la cabeza entre las manos, con los hombros encorvados.
– ¿Acabó tan rápido? -preguntó, bajando las manos.
– No. No ocurrió.
Z frunció el ceño y lo miró de arriba a abajo.
– ¿Por qué no? Tienes que hacerlo, tío. Ya oíste a Havers…
– Te quiere a ti.
– Así que entrarás ahí y te abrirás una vena…
– Ella sólo te tendrá a ti.
– Lo necesita, así que…
Phury elevó la voz.
– ¡No quiero alimentarla!
Z frunció la boca y sus ojos negros se estrecharon.
– Jódete. Lo harás por mí.
– No, no lo haré. Porque ella no quiere permitírmelo .
Z se inclinó hacia delante, apretando como una prensa los hombros de Phury.
– Entonces lo harás por ella. Porque es lo mejor para ella, porque te enternece y porque quieres hacerlo. Hazlo por ella .
Cristo . Podría matar. Estaba muriéndose por volver a la habitación de Z. Arrancarse la ropa. Caer en el colchón. Apretar a Bella contra su pecho y sentirla hundir los dientes en su cuello y separarle las piernas, tomándolo dentro de ella entre sus labios y entre sus muslos.
Las fosas nasales de Z se dilataron.
– Dios… puedo oler lo desesperadamente que quieres hacerlo. Así que vete. Vete con ella, aliméntala.
La voz de Phury se quebró.
– No me quiere a mí, Z. Lo que ella quiere…
– Ella no sabe lo que quiere. Acaba de salir de un infierno.
– Eres el único. Para ella, eres el único.
Cuando los ojos de Zsadist se deslizaron por la puerta cerrada, Phury lo empujó, aunque pensó que eso lo mataría.
– Escucha lo que te estoy diciendo, hermano. Y puedes hacer esto por ella.
– Una mierda puedo hacerlo.
– Z, hazlo.
Aquella cabeza rapada se sacudió de un lado a otro.
– Vamos, la mierda que hay en mis venas está corrupta. Lo sabes.
– No, no lo está.
Con un gruñido, Z se inclinó hacia atrás y le mostró las muñecas, brillando las bandas de esclavo de sangre tatuadas en su pulso.
– ¿Quieres que ella muerda a través de éstas? ¿Puedes soportar el imaginar su boca en ellas? Porque tan seguro como el infierno que yo no puedo.
– ¿Zsadist? -la voz de Bella se deslizó sobre ellos. Sin que lo hubieran notado, se había levantado y abierto la puerta.
Mientras Z entrecerró los ojos, Phury suspiró,
– Tú eres al único al que ella quiere.
La respuesta de Z casi no fue audible.
– Estoy contaminado. Mi sangre puede matarla.
– No. No lo puede hacer.
– Por favor… Zsadist -dijo Bella.
El tono de la humilde, suplicante petición convirtió las costillas de Phury en una caja de hielo, y observó, helado, entumecido, como Z se giraba lentamente hacia ella.
Bella dio un paso hacia atrás, manteniendo los ojos en él.
Los minutos se convirtieron en días… décadas… siglos. Y entonces Zsadist echó a andar y se metió en la habitación. La puerta se cerró.
Phury estaba cegado mientras se daba la vuelta y echaba a andar por el corredor.
¿No había ningún lugar en el que se le necesitara?
Clase. Sí, iba a ir a… a dar clases ahora.
Diez minutos pasadas las cuatro, John subió al autobús local mientras arrastraba su petate.
– ¡Hola!, señor -dijo el doggen alegremente detrás del volante-. Bienvenido.
John lo saludó con la cabeza y miró a los doce tipos sentados de a pares que lo miraban fijamente.
Whoa. Realmente el sentimiento del amor no estaba aquí, tíos, pensó.
Se sentó en un asiento vacío detrás del conductor.
Cuando el autobús comenzó a moverse, una división baja hacía que los aprendices quedaran encerrados juntos en la parte posterior y no pudieran ver el frente. John caminó arrastrando los pies de manera que se sentó de lado. Vigilar lo que estaba pasando detrás de sí parecía una buena idea.
Todas las ventanas estaban oscurecidas, pero las luces encendidas en el suelo y en el techo eran lo bastante brillantes para que pudiera dar cuenta de sus compañeros de clase. Todos eran como él, delgados y pequeños, aunque tenían el color de pelo diferente, algunos rubios, algunos oscuros. Uno era pelirrojo. Como John, todos iban vestidos con el traje blanco de artes marciales jis . Y todos tenían el mismo petate a sus pies, un Nike de nylon negro lo bastante grande para llevar una ropa de repuesto y mucha comida. Cada uno de ellos llevaba una mochila, también y especuló que contenía los mismos materiales que llevaba en la suya: un cuaderno y algunos bolígrafos, un teléfono móvil, una calculadora. Tohr había enviado una lista con las provisiones requeridas.
John apretó la mochila acercándola a su estómago y se quedó mirándola fijamente. Esto lo ayudó a pensar en todos los números del mensaje de texto, entonces los repitió muchas veces en su cabeza. El de casa. El móvil de Wellsie. El móvil de Tohr. El número de la Hermandad, el de Sarelle…
Pensar en ella lo hizo sonreír. Habían pasado horas online la pasada noche. Amigo, IM’ing una vez que le cogió la onda, era el modo perfecto de comunicarse con ella. Con ambos escribiendo las palabras, le parecía que eran iguales. Y si le había gustado cenando, realmente estaba con ella ahora.
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