Carmen Posadas - La cinta roja

Здесь есть возможность читать онлайн «Carmen Posadas - La cinta roja» весь текст электронной книги совершенно бесплатно (целиком полную версию без сокращений). В некоторых случаях можно слушать аудио, скачать через торрент в формате fb2 и присутствует краткое содержание. Жанр: Современная проза, на испанском языке. Описание произведения, (предисловие) а так же отзывы посетителей доступны на портале библиотеки ЛибКат.

La cinta roja: краткое содержание, описание и аннотация

Предлагаем к чтению аннотацию, описание, краткое содержание или предисловие (зависит от того, что написал сам автор книги «La cinta roja»). Если вы не нашли необходимую информацию о книге — напишите в комментариях, мы постараемся отыскать её.

La cinta roja — читать онлайн бесплатно полную книгу (весь текст) целиком

Ниже представлен текст книги, разбитый по страницам. Система сохранения места последней прочитанной страницы, позволяет с удобством читать онлайн бесплатно книгу «La cinta roja», без необходимости каждый раз заново искать на чём Вы остановились. Поставьте закладку, и сможете в любой момент перейти на страницу, на которой закончили чтение.

Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Creo que comenzaré el relato donde tú lo dejaste, esto es, narrando el momento en que Teresa Cabarrús acudió al baile de los Marescalchi para entrevistarse con Napoleón Bonaparte, los dos enmascarados y con una cinta verde atada a la muñeca. Y para hacerlo me valdré de las notas que al respecto tú habías esbozado con ánimo de desarrollar más tarde la escena, pero también pienso narrarla desde el punto de vista del otro participante. Resulta muy sencillo hacerlo en este caso. Bonaparte recogió dicho encuentro en su Memorial de Santa Elena y lo hizo con mucho detalle. Hay que señalar, para beneficio del curioso lector, que dicho Memorial está escrito en tercera persona, pero no es otro que el emperador de Francia quien se esconde tras esta débil argucia.

Por su parte, las notas de mi madre sobre el baile de máscaras son muy breves, apenas hay en ellas detalles como el vestido que llevó esa noche (uno muy recatado, blanco y «mortalmente aburrido», según sus propias palabras). A continuación habla someramente de cómo se produjo el encuentro. Por lo visto, mientras tocaba la orquesta, una figura masculina en cuya muñeca podía verse una cinta verde le salió al encuentro desde detrás de una cortina. «¡Napoleón vestido de Dominó! — dicen las notas entre signos de exclamación-, he aquí todo un león con piel de cordero», añade, y ya no hay más datos salvo este corto apunte: «Durante un buen rato y mientras bailábamos, procuré recordarle al Primer Cónsul nuestro pasado común y lo mucho que habíamos disfrutado juntos, luego hablamos, reímos…».

Hasta aquí el inexplicablemente breve relato de mi madre sobre tan significativo encuentro. Veamos ahora cómo vio la escena Napoleón Bonaparte.

Según él, aquel encuentro se produjo no una sino varias veces a lo largo de años sucesivos; siempre idéntico, siempre charmant , según sus palabras. Él lo narra así:

En los bailes de máscaras a los que aceptaba ir, el emperador tenía la certeza de tener siempre un mismo encuentro. Se hallaba interpelado por una misma máscara que le recordaba pasadas intimidades al tiempo que solicitaba con ardor que tuviera a bien readmitirla en su corazón. Se trataba de una mujer muy buena, amable y también muy bella a quien él mucho debía. El emperador, que la trataba siempre con gran afecto, le respondía un año tras otro exactamente lo mismo: «No niego que sois encantadora, pero meditad un poco sobre vuestra demanda. Juzgadla vos misma y luego dictaminad: tenéis dos o tres maridos e hijos de todo el mundo. Uno podría hacerse cómplice de una primera falta; se enojaría por la segunda, pero podría también perdonarla, pero a partir de ahí y después y después… Ahora imaginad que sois el emperador y juzgad; ¿qué haríais en mi lugar? ¡Yo, que me he propuesto hacer renacer un cierto decoro!».

Entonces la bella solicitante guardaba silencio y al poco rato decía: «Dadme al menos una esperanza…». Y volvía a intentarlo el año siguiente. Y cada uno de nosotros decía lo mismo al año próximo.

Hasta ahí el testimonio de Napoleón, que sin duda parece dar a entender que hubo más intimidad entre mi madre y él de la que yo tengo noticia. ¿Pensaba ella, llegado este punto, desvelar en la redacción de sus memorias algún dato inédito sobre tan singular amistad? Yo siempre he creído que entre ellos hubo mucho más de lo que ha trascendido. Ya sabemos que Bonaparte se sintió atraído por mi madre más que por su futura esposa cuando se conocieron, pero, según todos los testimonios, nunca se atrevió a requerirla por estar ella en el cenit de su gloria mientras que él era sólo un militar sin recursos. Quizá más adelante, a medida que iba convirtiéndose en hombre de éxito, o quién sabe si incluso una vez proclamado Primer Cónsul, mientras formalmente renegaba de ella por encarnar todas las frivolidades del Directorio, tuvieron algo más que una amitié amoureuse . Eso explicaría sin duda el comentario de Napoleón en sus memorias, en el que la describe como «una persona que le recordaba pasadas intimidades». La muerte es caprichosa y se llevó a mi madre precisamente cuando se disponía a relatar este enigmático episodio de su vida. ¿Por qué el emperador apartó tan violentamente a Teresa de su lado nada más erigirse como Primer Cónsul? Existe incluso una carta, recogida en la correspondencia de Napoleón a Josefina, en la que habla de mi madre en términos muy duros. Está escrita en Berlín y dice así:

Amiga mía:

Te prohíbo que veas a madame X bajo ningún pretexto; no admitiré excusas sobre el particular. Si piensas en mi estimación y quieres complacerme, no infrinjas jamás la orden presente. Ella querrá ir a tus apartamentos y permanecer en ellos durante la noche: prohíbe a tus porteros que la dejen entrar. ¡Un miserable la ha desposado con ocho bastardos! ¡La desprecio mucho más que antes! Era una muchacha adorable y se ha convertido en una mujer de horror e infamia.

¿Qué pasó entre ellos para que hablara de Teresa en esos términos después de su larga amistad? Mi madre siempre apuntaba como comienzo de sus desencuentros el hecho de que a los poderosos no les gusta tener cerca incómodos testigos de sus tiempos oscuros, y mucho menos personas a las que deben favores. ¿Sería esa circunstancia u otra de tinte más íntimo la que la convirtió de la noche a la mañana de «una muchacha adorable en una mujer de horror e infamia»?…

Como ocurre a menudo en la Historia, tendrá que ser el lector quien rellene estos intrigantes puntos suspensivos.

***

Lo cierto es que ya nada sería lo mismo en la vida de mi madre una vez que Napoleón la apartó de su lado. La vida brillante y aventurera de Teresa Cabarrús acabó ahí y a partir de ese momento empezó a tener una vida mucho más privada, más tranquila también. Tal vez yo debería aprovechar que ella muriera precisamente mientras narraba la postrera escena de su vida galante para poner punto final a sus memorias, pero mi madre se propuso contarlo todo con luces y también con sombras, de modo que debo ser fiel a sus deseos y narrar ahora la última metamorfosis de Teresa Cabarrús como mejor sepa.

Ella siempre dijo que esta que viene ahora fue una etapa singularmente feliz, como la calma que se produce después de una bella tormenta. Es posible que para los amantes de las historias de lujo y romance lo que viene a continuación no sea tan singular como lo anterior. Sin embargo, yo, que soy su hija, puedo asegurar que aún falta por relatar mucho lujo y, sobre todo, una extraordinaria historia de amor. Juzgue el lector si no.

LA ÚLTIMA METAMORFOSIS

A pesar de la inquina de Bonaparte, Teresa consiguió conservar la amistad de la emperatriz Josefina, que tenía un gran corazón y nunca olvidó las muchas bondades de mi madre para con ella. A medida que Napoleón se hacía inmensamente poderoso, Josefina perdió todo su ascendiente sobre él y se convirtió en una prisionera del protocolo, pero aun así siguió entrevistándose con Teresa en secreto hasta que la noticia de estos encuentros llegó a Napoleón y él escribió a su esposa esa carta a la que acabo de hacer alusión. Por cierto, el «miserable» del que habla el emperador en su misiva es mi padre, el futuro príncipe de Caraman–Chimay, con quien ella casó en 1805. Y no tenía en ese momento ocho hijos, como sostiene Bonaparte, sino seis: mi hermano mayor, Théodore de Fontenay; la segunda, Rose Thermidor de Tallien, y luego cuatro hijos de Ouvrard: Clemence, a quien conocemos ya; luego el más célebre de mis hermanos, Édouard, que ha pasado a la historia como el doctor Cabarrús, homeópata avant la lettre , y por fin dos niñas, Clarisse y Stéphanie. El resto, hasta diez, nacerían de su relación con mi padre: dos chicos, Joseph y Alphonse; una niña, que murió antes de cumplir ocho años, y yo, Marie–Louise. ¿Pero qué pasó, se preguntará tal vez el lector, con todos los anteriores hombres que hubo en la vida de Teresa y cómo entró en escena su último y definitivo amor? Volvamos un poco atrás en el tiempo para dar a todos cumplido espacio.

Читать дальше
Тёмная тема
Сбросить

Интервал:

Закладка:

Сделать

Похожие книги на «La cinta roja»

Представляем Вашему вниманию похожие книги на «La cinta roja» списком для выбора. Мы отобрали схожую по названию и смыслу литературу в надежде предоставить читателям больше вариантов отыскать новые, интересные, ещё непрочитанные произведения.


Отзывы о книге «La cinta roja»

Обсуждение, отзывы о книге «La cinta roja» и просто собственные мнения читателей. Оставьте ваши комментарии, напишите, что Вы думаете о произведении, его смысле или главных героях. Укажите что конкретно понравилось, а что нет, и почему Вы так считаете.

x