– La diseñó el mismo Luca -dijo ella- y ahí se vio, o se tuvo que haber visto, que estaba en otra realidad. Gastó una fortuna pero fue una construcción extraordinaria, tan moderna que muchos años después, en medio de la decadencia y la parálisis, todavía no han logrado que pierda su fuerza. Hizo los planos, trabajó meses haciendo de nuevo parte de las ventanas y de los portones porque las bisagras no daban el ángulo. Fue la fábrica de autos más moderna de la Argentina en esos años, mucho más actualizada que las plantas de la FIAT en Córdoba, que estaba a la vanguardia de industria.
Tenían las fotos de los distintos momentos de la construcción y Renzi fue observando el proceso como quien mira la edificación de una ciudad imaginaria. Primero se veía la extensión vacía de la llanura, luego los grandes pozos, luego los cimientos, la base de concreto y de hierro, las grandes estructuras de madera, las galerías de vidrio que recorrían el subsuelo, la estructura abstracta de las vigas y las paredes, que vistas desde arriba parecían un tablero de ajedrez, y por fin el edificio amurallado, con las altas puertas corredizas y las interminables verjas de hierro.
Entre los documentos y las notas de los diarios, Renzi encontró un largo testimonio de Lucio Belladona el día de la inauguración de la planta. Habían empezado de la nada, recorriendo el campo para reparar las máquinas agrícolas durante la cosecha [23]-las primeras trilladoras mecánicas, las primeras cosechadoras a vapor-, y al final instalaron un taller en los fondos de la casa y empezaron a preparar autos de carrera, a trabajar las cupecitas livianas y resistentes que competían en las rutas abiertas y los caminos de tierra de todo el país. Era la época de esplendor de las carreras de Turismo Carretera, autos comunes, de serie, tocados por los mecánicos, con los motores de fábrica -los primeros V8, los Cadillac de 6 cilindros, las Betis- al límite de su potencia, con el tanque «esfera» de nafta que buscaba siempre el centro del auto, los guardabarros como alas, el chasis reforzado y la carrocería aerodinámica. Pronto se hicieron famosos en todo el país, y se veía a los Belladona en los diarios y en El Gráfico, con Marcos Ciani o con los hermanos Emiliozzi, siempre cerca de los autos más rápidos. Avanzaron en la línea de la mecánica nacional (copiar-adaptar-injertar-inventar) y fueron grandes innovadores. A mediados de los años sesenta firmaron el primer contrato con la Kaiser de Córdoba para hacer prototipos de coches experimentales. [24]
Renzi seguía esa historia, veía los recortes de diarios, las fotos, la sonrisa de los hermanos trabajando sobre el capó abierto de los autos. En 1965 viajaron a Norteamérica y en Cincinatti compraron una plegadora y una guillotina y los complicó una devaluación, de un día a otro el dólar pasó a valer el doble.
Desde ese momento las informaciones periodísticas y los archivos judiciales retrataban a Luca como un hombre violento, pero la violencia había estado en las circunstancias de su vida más que en su carácter. Era el único hombre que conocían en el pueblo y en el partido y en la provincia -según aclaró Rosa con cierta ironía- que se había aferrado a una ilusión, o mejor a una idea fija, y el empecinamiento lo había llevado a la catástrofe. Desconfiaban de él y consideraban que esa decisión de no vender era una actitud que explicaba todas las desgracias que le habían sucedido en la vida y explicaba también que hubiera terminado aislado y solo, como un fantasma, en la fábrica vacía, sin salir nunca y sin ver casi a nadie. Tenía una confianza ilimitada en su proyecto y cuando fracasó, o fue traicionado, se sintió vacío, como si se hubiera quedado sin alma.
Pero no fue un proceso, ni algo que hubiera sucedido de a poco, sino un acto de iluminación negativa, un instante que cambió todo. Una noche Luca llegó de improviso a las oficinas del centro y se encontró con su hermano negociando con unos inversores que iban a participar en la dirección de la fábrica. Habían preparado el contrato para constituir una sociedad anónima por acciones, [25]todo a espaldas de Luca, porque querían quedarse con la empresa. Hubo conflictos, enfrentamiento y luchas. Los obreros ocuparon la planta exigiendo mantener la fuente de trabajo, pero el Estado intervino en el conflicto y decretó la clausura. Fue entonces cuando Luca decidió hipotecar la planta para afrontar las deudas, dispuesto a no transigir y a seguir adelante con sus proyectos. Y desde entonces vive ahí, sin ver a nadie, peleado a muerte con su padre y con los principales del pueblo.
– Luca no quiere reconocer las cosas como son, yo lo entiendo -dijo Rosa-, pero en un momento determinado eso fue un problema para todos porque el pueblo quedó dividido y los que se aliaron con Luca se tuvieron que exiliar, digamos así, y él quedó solo, convencido de que su padre lo había querido hundir.
»Resistió y mantuvo el control de la fábrica, que ya casi había dejado de producir. Se quedó ahí en la planta medio vacía, trabajando con sus máquinas y tratando a toda costa de salvar la propiedad, que vale millones. Quieren expropiar la fábrica, lotear el predio, hay mucha plata en juego y tienen un proyecto aprobado que ya salió en los diarios. [26]Hay litigios múltiples pero Luca resiste, y a mi modo de ver -dijo Rosa- la muerte de Durán está ligada a este asunto. ¿Para qué vino con esa plata? Algunos dicen que vino a traer esos dólares para salvar la planta y otros dicen que vino para coimear funcionarios y usar esa plata para comprar la fábrica y echar a Luca. Eso dicen.
Ayudado por Rosa, anotando los datos en su libreta negra, Renzi siguió la pista del carry trade en los activos de las financieras y en los balances oficiales de las mesas de dinero. Los bonos circulaban de un lugar a otro y se negociaban en la bolsa de Wall Street. Llegaron así hasta un grupo de inversión [27]de Olavarría, uno de cuyos capitalistas principales era el doctor Felipe Alzaga, un estanciero de la zona. Por lo visto ellos habían comprado los bonos de renegociación de la hipoteca de la fábrica y tenían en su poder la decisión. No había nada ilegal, incluso Renzi pudo anotar los datos y la numeración del registro del fondo inversor en la sucursal del Banco Provincia: Alas 1212 .
Rosa le mostró otras cifras y otros datos y lo hizo entrar en los secretos del conflicto. Pero Renzi tenía la sensación de que no eran los papeles o el relato de Rosa lo que le permitía entender lo que había pasado, sino el solo hecho de estar en el pueblo. Los lugares seguían ahí, nada había cambiado, estaba como en un escenario, como si fuera una escenografía, incluso la disposición misma del pueblo parecía repetir la historia. «Aquí donde estamos ahora empezó todo», le había dicho ella haciendo un gesto que parecía incluir todo el pasado.
El edificio del archivo había sido la vieja casa del coronel Belladona cuando fundó el pueblo y construyó la estación. Los ingleses lo habían puesto ahí porque era un hombre de confianza en la zona, había venido de Italia de chico y también él tenía una historia trágica. «Como todo el mundo si uno lo mira de cerca», le dijo ella. Y le decían el Coronel porque había ido voluntario a la Gran Guerra y peleó en el ejército italiano y fue condecorado y ascendido.
Los documentos de la biblioteca eran muy completos, parecía un archivo de la historia de la fábrica desde los planos iniciales hasta el pedido de quiebra. El que se ocupó personalmente de eso fue Luca, que siempre estaba mandando circulares y documentos para que fueran conservados como si imaginara lo que iba a pasar.
– A mí me tiene confianza -dijo Rosa después- porque soy de la familia y sólo a la familia le tiene confianza a pesar de la catástrofe. Mi madre es hermana de Regina O’Connor, la madre de los varones, o sea que somos primos hermanos.
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