Y aún así, muchos no lo harán. La mayoría de las personas atiende el consejo estándar de "trabaja arduamente y ahorra dinero".
Por aproximadamente 30 horas de trabajo, se crearon u$s 190.000 en la columna del activo, y no se pagó ningún impuesto.
¿Qué le suena más difícil?
1. Trabajar intensamente, pagar el 50 por ciento en impuestos, y guardar lo que queda. Sus ahorros ganan entonces un 5 por ciento, sobre el cuál también se gravan impuestos.
O:
2. Tomarse el tiempo para desarrollar su inteligencia financiera y aprovechar el poder de su cerebro y la columna de las inversiones.
Agregue a eso cuánto tiempo le llevaría, siendo el tiempo uno de sus mayores activos, ahorrar u$s 190.000, si es que elige la opción Nº 1.
Usted comprenderá ahora por qué yo sacudía mi cabeza silenciosamente cuando oía a padres decir, "a mi hijo le va bien en el colegio y está recibiendo una buena educación". Es posible que sea buena, pero, ¿es adecuada?
Sé que la estrategia inversora mencionada anteriormente es un ejemplo simple. Se usó para ilustrar cómo algo pequeño puede convertirse en algo grande. Una vez más, mi éxito refleja la importancia de una fuerte base financiera, que comienza con una fuerte educación financiera. Lo he dicho antes, pero vale la pena repetirlo: la inteligencia financiera se forma con estas cuatro principales habilidades técnicas:
1. Especialización financiera. La habilidad de interpretar los números.
2. Estrategias inversoras. La ciencia del dinero generando más dinero.
3. El mercado. Oferta y demanda. Alexander Graham Bell le dio al mercado lo que éste demandaba. Así lo hizo Bill Gates. Una casa de u$s 75.000 ofrecida por u$s 60.000 que costó u$s 20.000, también fue el resultado de aprovechar una oportunidad creada por el mercado. Alguien compraba, alguien vendía.
4. La ley. El conocimiento de las normas y reglamentaciones contables, corporativas, estatales y nacionales. Yo recomiendo jugar dentro de las reglas.
Es esta base elemental, o la combinación de estas habilidades, lo que se necesita para ser exitoso en la persecución de la riqueza, ya sea a través de la compra de pequeñas o grandes propiedades, compañías, acciones, bonos, fondos comunes, metales preciosos, elementos coleccionables de valor, o lo que fuere.
Para 1996, el mercado de bienes raíces había dado un rebote y todo el mundo estaba ingresando a él. El mercado de valores explotaba, y todos entraban a él. La economía estadounidense se había recuperado. Yo comencé a vender en 1996, y me encontraba entonces viajando por Perú, Noruega, Malasia y Filipinas. Las inversiones habían cambiado. Nos salimos del mercado inmobiliario, en lo que a comprar se refiere. Ahora, simplemente observo los valores ascender dentro de la columna del activo, y probablemente comience a vender más avanzado el año. Eso depende de algunos cambios en las leyes que podrían ser promulgadas por el Congreso. Sospecho que algunas de esas seis pequeñas transacciones con casas se empezarán a vender, y que la letra por u$s 40.000 se convertirá en efectivo. Necesito llamar a mi contador para estar preparado para ese efectivo y buscar formas de preservarlo.
El punto que quiero resaltar es que las inversiones van y vienen, los mercados suben y bajan, las economías mejoran y quiebran. El mundo siempre nos acerca oportunidades, todos los días de nuestra vida, pero demasiado a menudo no logramos verlas. Pero allí están. Y cuanto más cambian el mundo y la tecnología, más oportunidades habrá para permitirle a usted y su familia estar seguros financieramente por las generaciones por venir.
Así que, ¿porqué molestarse desarrollando su inteligencia financiera? Una vez más, sólo usted puede responder a eso. Yo sé porqué yo continúo aprendiendo y desarrollándome. Lo hago porque sé que hay transformaciones por venir. Prefiero dar la bienvenida a los cambios que aferrarme al pasado. Sé que en el mercado habrá auges y quiebras. Deseo desarrollar mi inteligencia, financiera permanentemente porque cada vez que haya un cambio en el mercado, algunas personas estarán de rodillas implorando por sus empleos. Mientras tanto, otras tomarán los limones que la vida les dé y a todos nos da limones ocasionalmente- y los convertirán en millones. Eso es inteligencia financiera.
A menudo me preguntan acerca de los limones que he convertido en millones. Personalmente, dudo en utilizar muchos más ejemplos de inversiones personales. Lo dudo, porque temo que resulte jactancioso, como si hiciera sonar mi propia bocina. Esa no es mi intención. Yo utilizo los ejemplos sólo como ilustraciones numéricas y cronológicas de simples casos puntuales. Uso ejemplos porque deseo que usted sepa lo fácil que es. Y se hace más fácil, a medida que usted se familiariza con los cuatro pilares de la inteligencia financiera.
Personalmente, utilizo dos vehículos principales para lograr crecimiento financiero: bienes raíces y acciones de pequeñas empresas. Uso los bienes raíces como mi base. Cada tanto, mis propiedades me proveen de flujo de dinero en efectivo y ocasionales aceleraciones de crecimiento en el valor. Las pequeñas acciones son utilizadas para un crecimiento más rápido.
No recomiendo nada de lo que yo hago. Los ejemplos son sólo eso: ejemplos. Si la oportunidad es muy compleja y no comprendo la inversión, no la hago. Matemática simple y sentido común es todo lo que se necesita para ir bien financieramente.
Hay cinco razones por las cuales utilizar los ejemplos.
1. Inspirar a la gente a aprender más.
2. Hacer que la gente sepa que es fácil si la base es sólida.
3. Mostrar que cualquiera puede alcanzar gran riqueza.
4. Demostrar que existen millones de maneras de lograr sus metas.
5. Hacer ver que no se trata de ciencia espacial.
En 1989, yo solía salir a correr a través de un encantador vecindario en Pórtland, Oregon. Se trataba de un barrio compuesto por casitas de madera como salidas de un cuento. Eran pequeñas y adorables. Casi me hacía imaginar que aparecería Caperucita Roja dando brincos por la acera yendo a la casa de Abuelita.
Había carteles de "EN VENTA" por todas partes. El mercado de la madera estaba terrible, el mercado de acciones acababa de colapsar, y la economía se encontraba desactivada. En una calle, vi un cartel de venta que llevaba allí más tiempo que el resto. Lucía envejecido. Un día pasé haciendo jogging y tropecé con el dueño, quien se mostró preocupado.
"¿Cuánto está pidiendo por su casa?" le pregunté.
El propietario se dio vuelta y apenas sonrió. "Hágame una oferta", dijo. "Ha estado en venta por más de un año. Ni siquiera viene ya nadie a verla."
"Quiero verla", le dije, y compré la casa media hora más tarde por 20.000 dólares menos del precio que él solicitaba.
Era una linda casa de dos dormitorios, con decorados de casita de cuentos alrededor de sus ventanas. Era celeste con detalles en gris, y había sido construida en 1930. Dentro, había una hermosa chimenea de piedra, como también dos diminutos dormitorios. Era una casa perfecta para poner en alquiler.
Le di al dueño u$s 5.000 de anticipo por una casa de u$s 45.000 que realmente valía u$s 65.000, excepto que no había nadie que quisiera comprarla. El dueño se mudó en una semana, feliz de estar libre, y mi primer inquilino que se fue a vivir allí, era un profesor universitario de la localidad. Luego de pagar la cuota de la hipoteca, expensas, y gastos administrativos, me quedaban en el bolsillo menos de 40 dólares al final de cada mes. Nada excitante.
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